Balance de la educación en el 2020

El inédito año que termina nos deja una estela de lecciones y retos. Lo ocurrido formará uno de los capítulos más complejos para estudiar la historia de la educación y la gestión gubernamental.

En mi balance hay logros y desaciertos, partiendo de reconocer la dificultad de detener un sistema educativo tan grande como el mexicano, diseñar una estrategia frente al escenario convulso e impredecible y luego reactivar los servicios educativos en modalidades remotas de inciertos resultados.

La tarea gana en complejidad si faltan claridad y sentido de proyecto. Es el caso del gobierno federal, aunque los estatales deben asumir responsabilidades. Debemos admitir que México no ostenta el monopolio del desatino. Para Alejandro Morduchowicz los ministerios de educación en la región, en general, fueron superados por las circunstancias de la pandemia.

La prueba definitiva de este recuento gris de la Secretaría de Educación Pública es el anuncio de que Esteban Moctezuma, todavía secretario, tiene pasaporte a la embajada de Estados Unidos. No es un premio, ni una medalla por servicios prestados a la excelencia educativa.

En el año pandémico los desaciertos tienen un peso abultado: deficiencias constantes en la comunicación social, en la relación con el magisterio y los padres de familia; respuestas tardías, como se hizo evidente en la presentación de los lineamientos para la evaluación apenas unos días antes de realizarse la del primer trimestre.

Aprende en casa 1 y Aprende en casa 2 todavía deben ser evaluados de forma más consistente, pero es evidente la brecha entre los juicios autoelogiosos del secretario Moctezuma y lo que obtuvimos en otro tipo de estudios, sondeos e investigaciones.

Tengo por grave la ausencia de consultas a maestros, padres y madres de familia y estudiantes, para el diseño de las estrategias, con el resultado de ofrecer un planteamiento uniformizante que sólo podía dejar como consecuencia la reproducción legitimada de las desigualdades.
También hay aspectos positivos, por supuesto: el esfuerzo responsable de miles de maestros y maestras, acompañado de la voluntad de las familias, en especial, de las madres, que soportaron en gran medida la tarea.

Frente a la adversidad, el magisterio debió encarar las dificultades con los recursos a la mano, destinando de su dinero, porque tampoco el gobierno federal acompañó como era debido. En ese sentido, es un año de aprendizajes que merecerían reconocerse y convertirse en parte de la prometida Nueva Escuela Mexicana, que sólo podrá construirse con la adhesión crítica de las maestras y maestros, y observarse en los salones de clases, no en los discursos oficiales para los cuales, México ya avanzó en este año de pandemia.

Un poco de menos grandilocuencia y mucho más coherencia, un poco de menos incomprensión y más imaginación ayudarían a salvar el 2020 sin un déficit impagable para millones de estudiantes y miles de maestros.

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