Buenas y malas prácticas académicas

El jueves pasado asistí al ISENCO para la instalación del Comité Dictaminador del Congreso Internacional de Investigación y Evaluación Educativa, que celebrarán en el marco del 179 aniversario de la escuela normal de Colima, con el respaldo del Instituto de Investigaciones sobre la Universidad y la Educación de la UNAM.

La sesión, presidida por la directora, Martina Milagros Robles, nos permitió conocer la convocatoria, objetivos y líneas temáticas del Congreso, y conocernos en la diversidad personal e institucional. Una veintena de profesores y profesoras escuchamos y expresamos deseos de colaboración.

La realización del Congreso ya es buena noticia. Habrá mucha información en los siguientes días y semanas, seguramente. Ahora quiero detenerme en el gesto de uno de los asistentes, cuyo nombre me reservo. Antes de firmar el compromiso, el profesor jubilado habló y se disculpó. Nos contó en donde se ubican ahora sus intereses profesionales y líneas de investigación; pidió, respetuosamente, que se le dispensara de participar, dada su “falta de actualización” en los temas y subtemas del congreso. Advirtió que se sentía desautorizado para juzgar a otros.

La confesión merece ovación. Si antes lo miraba con respeto, sumo admiración. La honestidad es un valor en fuga cuando la cuentofrenia se apoderó del mundo académico universitario y hay que producir, producir y producir, aunque la calidad sea precaria y nulos los lectores, así como participar en congresos, comisiones, estancias, evidencias múltiples de la “productividad”.

Las prácticas fraudulentas en universidades son comunes y me temo que crecientes, como los escándalos recientes en España, por diplomas otorgados a políticos reconocidos sin estudios que los avalen; o por documentos plagiados, como también sucede ahora en México en el indignante caso de los aspirantes a ocupar cargos en los consejos que dirigirán el organismo que sustituye al INEE.

En noviembre de 2018 la Universitat de València convocó a un congreso para discutir malas prácticas universitarias del estilo que comento. Entre las conferencias, se pueden leer títulos que podrían ser simpáticos si no fueran reflejos de realidades grotescas: Sobresaliente cum fraude, El corporativismo universitario anticompetitivo, Sistemas de gestión de riesgos de corrupción, Malas prácticas en docencia universitaria, Patologías del modelo de promoción del profesorado, Malas prácticas e innovación docente…

El virus de la chabacanería, como lo bautizara José Ortega y Gasset, se extiende peligrosamente por los campus, por eso, celebro el acto de honestidad atestiguado y me da motivos sobrados para compartirlo en estas páginas, como el ejemplo sano que debemos premiar e imitar.

Deja tu comentario