DISQUISICIONES SOBRE EL DERECHO A LA EDUCACIÓN

El artículo 26 de la Declaración Universal de los Derechos Humanos dice: “Toda persona tiene derecho a la educación. La educación debe ser gratuita, al menos en lo concerniente a la instrucción elemental y fundamental. La instrucción elemental será obligatoria. La instrucción técnica y profesional habrá de ser generalizada; el acceso a los estudios superiores será igual para todos, en función de los méritos respectivos”.

De lo declarado a los resultados hay un abismo. Varios temas del contenido ameritan también una profunda discusión. No tiene caso abundar en las cifras mundiales o nacionales, pues de eso hay palmaria constatación. Quizá, para apuntalar la mediana obsolescencia de lo dispuesto en esa fracción del artículo 26, valdrían la pena dos ejemplos: el primero, derivado del principio de obligatoriedad en el caso mexicano. Si la educación elemental es obligatoria, como la básica y la media superior, entonces, ¿ambas deben ser gratuitas? ¿Si no son gratuitas, cómo puede establecerse la obligatoriedad de un derecho? ¿Obligatoriedad para los ciudadanos o para el Estado en sus tres niveles?

Las preguntas anteriores no son un cuestionamiento a la enseñanza privada; eso está claro: la enseñanza privada debe ser una opción para los padres y estudiantes, tal como lo define la propia Declaración Universal (“Los padres tendrán derecho preferente a escoger el tipo de educación que habrá de darse a sus hijos)”. No ocurre así en México, en donde la enseñanza privada –en su gran mayoría de dudosa calidad-, alentada por el Estado, es la única vía para muchos de los rechazados de las universidades públicas.

El segundo ejemplo lo extraigo a partir del eufemismo que encierra la expresión “el acceso a los estudios superiores será igual para todos, en función de los méritos”, especialmente cuando hay investigaciones que demuestran una correlación entre las calificaciones escolares (“los méritos”) y las condiciones socioeconómicas y culturales de los estudiantes que producen dichos resultados. No es que los estudiantes pobres estén condenados a producir pobres calificaciones, pero sus adversidades obligarían al Estado a diseñar políticas compensatorias que redujeran progresiva pero efectivamente las brechas.

Al repasar las políticas compensatorias ensayadas se hace evidente que sus resultados han sido más bien pobres, y que el sistema escolar sigue reproduciendo, ahora en su interior, las injustas condiciones que excluyen a enormes contingentes sociales. En ese terreno, México, como muchos países en Latinoamérica, es fiel testimonio de un sistema escolar que a pesar de su crecimiento, desarrollo y la cuantiosa inversión sigue expandiéndose de manera amorfa, más como una malformación.

Si queda clara la ineficacia política de los sistemas escolares, y de los gobiernos como el mexicano, hay un ángulo en el que todavía debe ponerse máxima atención: la suposición de que el Estado ha sido garante del derecho a la educación no pocas veces ha resultado una probada falacia. Al respecto, Pablo Gentili nos recuerda con Norberto Bobbio que es urgente proteger el derecho a la educación contra los embates de los propios Estados, “a partir del momento en que el Estado falle en sus obligaciones constitucionales para con sus sujetos”.

La expresión de Bobbio es justa para explicar lo sucedido en México con la educación superior. El Estado no solo ha sido incapaz de mejorar cualitativamente las probabilidades de ingresar y egresar de las instituciones superiores, sino que ha impedido dicha expansión mediante un retraimiento de los presupuestos y favoreciendo mecanismos de privatización, entre otros, una floja regulación, inadmisible en cualquier país que se precie de un sistema educativo superior serio. Es verdad, el derecho a la enseñanza superior en México siempre estuvo regateado; el Estado nacional históricamente fue incapaz de una promoción efectiva por lo menos semejante al promedio de América Latina, pero las políticas neoliberales, a partir del gobierno de Carlos Salinas de Gortari y hoy, bajo nuevos ropajes discursivos, han exacerbado dicha contención.

Al asumir el papado, Francisco habría dicho a sus millones de fieles: “recen por mí”. Un columnista de Le Monde Diplomatique, cuyo nombre no viene al caso, escribió a propósito: “si el Papa pide a su pueblo que rece por él, quién entonces rezará por la gente”. Parafraseando podríamos decir: si el Estado no garantiza el derecho a la educación superior, y ha sido uno de los factores contra su efectivo cumplimiento, quién entonces será el garante del derecho humano que abre las puertas de los otros derechos.

Comentarios

  1. 2B Celso Alejandro Maldonado Mendoza dice:

    I think that the government don’t meets,the education in mexico is very bad in comparation whit others country’s like south corea,we earn $8 pesos per hour and the internet per mouth cost around $389 pesos only for 3mb and in south corea earn more that $5 dollars per hour, and the internet is the best in the world, and they don’t pay’s too much comparate whit they salary.

    maybe some years more and the state sell the air and you have to pay’s else you go to the jail. :/

  2. Ivett Ortiz Perez dice:

    Comparto la idea del articulo, como sabemos en el aspecto educativo hay muchos facfores que influyen. Pero si nuestros principales representantes es gente ignorante en cuanto a todo lo que ella contextualiza, estamos perdidos….cada representantante Que llega trae demasiadas buenas intenciones, pero como es sabido las buenas intenciones no bastan si principalmente ignoran la escencia de sus principales obligaciones o hacen uso de discursos sin sentido, disfrasados donde no aclaran la especificacion de dichos derechos…usando su “no es colegiatura, es cooperacion voluntaria” y peor aun que dejando de lado el costo o no costo, sigue sin garantizarse la calidad de educacion que se ofrece, me atreveria a mencionar q se vive mas preocupado por movimientos burocraticos en la educacion que en el proposito principal de ella…
    Este tema considero es una de las mas grandes paradojas a las q la educacion se enfrenta….¡¡conoscamos nuestros derechos y todo lo que en ello va inmerso, para poder defenderlos!!

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