Dos años del INEE en Colima

En julio de 2016 el Instituto Nacional para la Evaluación de la Educación abrió su casa en Colima. En estos días celebramos los primeros dos años, con ánimo renovado y proyectos en construcción, con equipo integrado y entusiasta.

La historia es corta y puede resumirse en un tuit: en abril de 2016 asumí el cargo de director general adjunto, en junio del mismo año seleccionamos el equipo de trabajo, en julio abrimos el edificio y la maestra Sylvia Schmelkes inauguró en enero de 2017.

Los 24 meses han sido intensos; unos más que otros, sin tregua. En momentos el desafío fue extremo: como personas y como equipo, por fortuna, los sorteamos y crecemos en ambas dimensiones. Somos un grupo en aprendizaje perpetuo, en movimiento incesante, como la vida del Instituto.

Cuando se hizo público mi nombramiento, muchos amigos en el ámbito educativo me felicitaron. Algunos de ellos, con buena o insana intención, me preguntaron por qué trabajaría con el secretario de Educación estatal; algunos aludían a la delegación federal de la SEP. Ese elemento es constante todavía: se conoce poco al Instituto, o no tanto como sería deseable. Es común empezar las conversaciones informales o charlas aludiendo a la condición legal del INEE, a la Junta de Gobierno o su estructura orgánica. La sorpresa de sus rostros dibuja una de las zonas urgidas de aceleración: la comunicación social. La autonomía es una de las víctimas principales.

Comunicar mejor, más ampliamente, a nuevas audiencias, con mayor impacto y reinventando la interlocución permitirá que los reportes, informes, estudios y documentos que genera el Instituto se conviertan en herramienta útiles y apreciadas por los actores principales del sistema escolar. La tarea es colectiva, no de una oficina; el desafío, global.

En un contexto complejo como el educativo y en una era que revoluciona las tecnologías comunicacionales, el desafío de conectarse internamente y con la sociedad coloca el dilema de sobrevivir pasivamente u ocupar un espacio protagónico en la transformación social, especialmente en la razón de ser del INEE: contribuir a garantizar el derecho a una educación de calidad para todos.

Los anhelos de arraigarse en todos los rincones del país son palpables. Explican la apertura de las direcciones generales adjuntas en los estados, las llamadas DINEE. Sus directores, como los equipos, somos diversos, heterogéneos en todos los sentidos, por trayectorias vitales y perspectivas profesionales, por posiciones sociales y convicciones personales, pero convergemos en los ejes que articulan el quehacer.

Somos diversos y discrepantes, pero eso no debilita; nos fortalece y reflejamos, en pequeña escala, la propia heterogeneidad nacional. Esta es la dimensión en la cual la Coordinación de Direcciones del INEE (CDINEE) realiza su función principal: el fomento y cohesión de la presencia nacional, para llevar a cabo los mandatos constitucionales del Instituto en cada una de las entidades federativas.

En la medida que anudemos más fino el tejido institucional, las unidades centrales nos concebirán como interlocutores estratégicos y no solo como operadores. Al mismo tiempo, esa confianza se traducirá en fortalecimiento del trabajo de las DINEE, por la creatividad y diversidad que las caracteriza.

Somos una institución joven y única. Nuestros equipos encaran los retos a veces desde la incertidumbre, pero la unidad responsable de propósitos garantiza al cumplimiento. La etapa que vivimos es desafiante, porque a la presencia local debemos aunar el panorama político inédito del país.

Seguiremos consolidándonos si somos capaces de preservar pilares que cohesionen funciones, en oficinas centrales y en los estados. Me refiero a las aspiraciones que concedieron la autonomía al Instituto, su razón de ser, a la comunión de principios y el respeto al código ético, la unidad en la diversidad y la capacidad de aprendizaje colectivo. Todos tienen valor inestimable, pero resalto el último: la capacidad de aprendizaje en red por la reserva de talento en todas las áreas.

Las reuniones nacionales de la CDINEE, como la quinta en Puebla (julio 2018), constataron la capacidad de organización y liderazgo. Dichos encuentros son, al mismo tiempo, oportunidades para el aprendizaje entre pares y mostrar progresos.

Desde Colima seguiremos orientando la brújula por las prioridades institucionales, comprometidos con la misión que da sentido y con la visión deseada. Cada uno, en las entidades, haremos posible que la etapa autónoma del INEE nos deslice, inexorablemente, al corazón de las transformaciones más sustanciales que definen a los países democráticos y justos en el siglo XXI.

*Publicado en la revista SOMOS INEE, del Instituto Nacional para la Evaluación de la Educación en agosto de 2018.

Deja tu comentario