EL DÍA DESPUÉS DE 2 AÑOS

Se insiste que las crisis son oportunidades, momentos para transformaciones y brincos de progreso. Y puede ser, pero no es el caso de México; no todavía. La profunda crisis en que está sumido el país, la presidencia de la república, su gobierno, los partidos políticos, está siendo aprovechada por distintos sectores, entre otros, grupos violentos que pretenden cambiar por la vía del desorden y con rumbo incierto.

El hartazgo y la rebeldía son inocultables, y no los callan los silencios de medios complacientes con una fuerte estrategia publicitaria oficial. El gobierno da tumbos y cada decisión parece agrandar el alud que lo está aplastando de a poco. Los anuncios, como el decálogo de la semana anterior, no los creen millones dentro del país y fuera de las fronteras el descrédito pulveriza imágenes ficticias.

Peña Nieto comenzó su tercer año de gobierno en el peor escenario que pudo imaginar en la más despiadada de sus pesadillas. El buque presidencial hace agua por todas partes y casi cada movimiento parece un bumerán. Los asesores no aciertan una solución, mientras la ineficacia policiaca parece una expresión brutal del subdesarrollo más vergonzoso. Las innumerables fosas repletas de cuerpos humanos son un soplo mortal en el corazón de un sistema caduco y corrupto.

Luego de aprobadas las llamadas reformas estructurales con los aplausos de la comunidad financiera internacional, el gobierno caminaba hacia una construcción hegemónica sin paralelo. Pocos meses después, desde las antípodas, aquellos logros reformistas han sido opacados y costará revivirlos.

La política es de momentos, de coyunturas, se dice también, y aunque en unos meses el escenario podría modificarse, el saldo de esta tragedia de errores, horrores y perversiones acompañará al gabinete presidencial per saecula saeculorum. ¿Cómo podrá quitarse de encima Murillo Karam el “Ya me cansé”, pronunciado en uno de los peores momentos de su vida (y de la nuestra)?

Las movilizaciones mundiales provocadas para exigir que aparezcan los 43 no ameritan una palabra más. La crisis no está siendo, todavía, oportunidad. No se ve una salida ni cercana ni afortunada. La pregunta es cuándo podrá serlo y cuál será el costo.

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