El recorte a las universidades estatales

El impacto del recorte a las universidades públicas estatales será paralizante en muchas áreas y actividades centrales.

El 2 de noviembre un grupo de rectores, mediante desplegado en medios, reclamaron dos reducciones anunciadas: una ya aplicada del 30% en el Fondo para Elevar la Calidad de la Educación Superior, y otro, por lo menos del 66%, en el Programa de Fortalecimiento de la Calidad en las Instituciones Educativas (Profocie), popularmente conocido desde su origen como PIFI.

El recorte se había previsto desde agosto, según puede constatarse en medios periodísticos. La postura de la Asociación Nacional de Universidades e Instituciones de Educación Superior (ANUIES) en voz del secretario general fue inmediata ante el anuncio: rechazo y petición de incremento.

La respuesta del secretario de Educación en septiembre y hace cinco semanas había sido negativa: no habrá reducciones. El 25 de noviembre pasado pidió acatar el “inevitable recorte”.

El financiamiento que las universidades reciben para desarrollar sus proyectos con el fondo extraordinario del Profocie podía representar el cinco por ciento de su presupuesto. Parece marginal, pero habida cuenta de la forma como la maquinaria universitaria consume el presupuesto en salarios y prestaciones, ese porcentaje dedicado a actividades académicas, como la movilidad de profesores y estudiantes, la publicación de libros o la realización de cursos para maestros, el apoyo en la reestructuración de planes de estudio, conformará un escenario adverso.

Frente al hecho advierto dos posibles salidas en las siguientes semanas: una es la protesta social y universitaria, que ya comenzó a principios de noviembre por lo menos en una universidad. La otra, es la respuesta activa o pasiva al interior de las casas de estudio.

No sé si podría hablarse de crisis financiera en las instituciones, aunque hay casos en donde es inocultable, como la Universidad Veracruzana, pero estamos frente a un desafío colosal ante comunidades que se acostumbraron a planear, recibir recursos e invertirlos (la calidad de todo ello o su pertinencia, es harina de otros panes) sin más dilación que las propias estructuras burocráticas.

El riesgo de parálisis es inminente. Desafío financiero, sin duda, pero también a la imaginación universitaria. Dramático en sus probables efectos, pero oportunidad de examen minucioso en busca de alternativas novedosas.

 

 

Comentarios

  1. arthur edwards dice:

    Desafortunadament, la educación en México es solamente un gasto- no una inversión. Y peor, la ignorancia parece favorecer la clase política, y por tanto, no es una prioridad.

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