El rumbo de la educación superior en México

La semana anterior participé en una mesa de discusión con el título de esta colaboración, dentro del Foro de investigación educativa organizado en la Universidad de Colima por su Secretaría de Investigación, la Secretaría de Educación del Gobierno del Estado, la Universidad Pedagógica Nacional unidad Colima y el Instituto Superior de Educación Normal, Isenco.

Para la ocasión expuse algunos temas críticos que definirán, a mi juicio, el rumbo de la educación superior nacional. Repaso en resumen, y advierto que en algunas de ellas he insistido en este mismo espacio.

Dividí los temas en dos bloques, el primero con las asignaturas pendientes, que podrían constituir ataduras a toda posibilidad de transformación estructural. Destaco cuatro: la distribución injusta del derecho a  la educación, con el saldo de más de 30 millones de mexicanos mayores de 15 años rezagados de la educación básica (sin referirnos al grave rezago en bachillerato); el financiamiento y administración eficiente de los recursos; la ausencia de una política de Estado en la materia, así como la desarticulación entre la educación universitaria y el resto del sistema escolar.

En un segundo bloque encuentro otro conjunto de asuntos relevantes, producto de las circunstancias del entorno internacional y los grandes vectores del cambio, como la globalización, la crisis del capitalismo y la reconfiguración geopolítica. Dichos temas pueden entenderse como escalones que nos acercarían o no, dependiendo de la rapidez y eficacia de la respuesta, a los mejores sistemas educativos o  que, por lo menos, posibilitarían emprender un nuevo andar hacia horizontes promisorios.

Entre dichas cuestiones aparece la necesidad de insertarse en el mundo global e interactuar con una estrategia intencionada. En el actual escenario las instituciones de educación superior no pueden encerrarse en sus atalayas. En segundo lugar (sin jerarquizaciones) aprecio la urgencia de regularizar la privatización de la educación superior y los servicios educativos transfronterizos; en el caso mexicano, la necesidad de una ley nacional de educación superior, justificada por una multiplicidad de razones. Después, la obligación de asumir el concepto de ciudadanía global como la brújula que dirija el rumbo educativo; esto equivale al señalamiento hecho por otros autores, como Michel Freitag, en el sentido de que las universidades tienen que ser parte de la construcción de una nueva perspectiva civilizatoria. En este recuento, evidentemente parcial, no podría dejar de mencionarse la disyuntiva –que no debiera serlo en el caso nuestro- entre la educación como una mercancía o como un derecho humano y bien público.

De cómo se decidan las disyuntivas dependerá el rostro de las instituciones educativas en las próximas décadas. Desde mi perspectiva, también compartida por expertos como Rosa María Torres, no se trata de mejorar los sistemas y las instituciones educativas, sino de transformarlas en lo sustancial. En cambio, una respuesta superficial podría postergar soluciones, disfrazar los problemas y agudizar su inevitable siguiente manifestación.

Twitter@soyyanez

Comentarios

  1. Buen post, felicidades. Pienso que hay una parte de la educación que no te has ocupado que son los Posgrados y de como estos son importantes para formación de nuestros profesionales y para nuestra sociedad.

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