El SNTE y los padres de familia

Hace un par de semanas recibí de la Sección VI un paquete de libros publicados por el Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación (SNTE). Poco antes había tenido oportunidad de hojearlos en reunión con el director de la Universidad Pedagógica Nacional en la Unidad 061; ahora empiezo a leerlos con tranquilidad.

La colección está dirigida a padres de familia y maestros. Se llama, justamente, Escuela de padres. La componen 13 títulos, algunos, abordados ya con cierta profusión, por analizar temas vigentes, como el bullying y acoso escolar, el problema de las drogas o las nuevas tecnologías, pero otros, novedosos, por lo menos desde el ámbito de la escuela que conozco, entre ellos, niños y abuelos, cómo tratar los celos entre hermanos o el divorcio de los padres.

El formato es accesible porque están concebidos como guías pedagógicas, con textos en lenguaje accesible, espaciados adecuadamente, ilustrados y con casos prácticos.

No soy experto en los temas que comprende la colección, así que me abstengo de juzgar la calidad informativa o la pertinencia de los consejos o recomendaciones, además, no los leí todos aún, sin embargo, es un esfuerzo encomiable por varias razones: visibiliza problemas o ámbitos potencialmente conflictivos que parecen zonas privadas, pero pueden obstaculizar la vida social o complejizarla, como la autoestima o la separación de los padres; por otro lado, constituyen la afirmación abierta de que la educación es una tarea social que trasciende la escuela o no puede reducirse a lo que sucede en horarios escolares y delimita el currículum, que deben formarse alianzas con límites y responsabilidades precisas entre la casa y los maestros; que reconoce las posibles carencias de paterfamilias y maestros en el tratamiento de conflictos o asuntos para los cuales no siempre alcanza la buena voluntad.

Más motivos podrían esgrimirse, pero esos bastan para aplaudir la iniciativa que firman el SNTE, el Colegiado Nacional de Profesionalización Docente, Desarrollo Educativo y Fomento Cultural, así como el Sistema Nacional de Desarrollo Profesional Docente, SINADEP.

Dos años atrás conocí otra de sus buenas colecciones: El elogio de la educación. Consejo de mentes brillantes, magistral serie de 15 libros breves con títulos y autores muy sugerentes, como Mario Vargas Llosa, quien aborda el tema de la lectura; Victoria Camps, la ciudadanía; Giovanni Sartori escribe sobre la democracia; Inger Enkvist imparte lección sobre la pedagogía, y Martha Nussbaum, de ética, entre otros notables pensadores. Cada uno, y en conjunto, son una magnífica biblioteca que los maestros podrían leer en lo individual, en círculos de estudio o en sesiones de consejos técnicos escolares. Como podrían hacerlo ahora con Escuela de padres.

Un viejo proverbio africano asegura que es necesaria la tribu entera para educar a un niño. Hoy, en una sociedad volátil, informatizada, fragmentada, a veces violenta, se vuelve más imperativo que no sean las educadores y maestros quienes carguen a cuestas, solos, la misión pedagógica. La casa, la ciudad, la política y los políticos, los medios informativos, los gobernantes, las iglesias, las organizaciones sociales tienen todos responsabilidad. Promoverla, reconocerla o advertirla puede ser parte de la tarea de los maestros.

Con la nueva colección del SNTE hay buenos pretextos y lecturas para acercar a los padres y madres a las escuelas; son documentos que pueden ser insumo valioso para alimentar el diálogo en casa y encauzar de mejor manera la complicada y apasionante tarea de educar a los hijos y alumnos. No es fácil, pero es necesario y urge.

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