El tema de hoy

Los datos publicados por la Universidad de Colima en estos días muestran una rama del frondoso problema de la falta de acceso a la educación superior. Me refiero al cuadro con información sobre el ingreso de nuevos estudiantes en un grupo de universidades públicas mexicanas, de distintos tamaños y contextos. La recopilación hecha por la Coordinación General de Comunicación Social -esfuerzo nada sencillo por falta de una fuente única- expone la incapacidad de las universidades por atender a más estudiantes de los que tocan sus puertas y el esfuerzo de la Universidad de Colima por absorber a la mayor cantidad. Luces y sombras en el paisaje. Hay que decirlo también: la reducida capacidad de atención de las universidades públicas es comprensible; a la UNAM, por ejemplo, ingresan más estudiantes cada año, que la población total de varias universidades públicas estatales.

Pero además, expone la incapacidad y, en no pocos momentos, la falta de voluntad en las cumbres políticas del país para satisfacer a quienes demandan oportunidades educativas. Los responsables tienen nombres y dependencias concretas, ayer y hoy. La historia no miente. No es preciso abundar en detalles.

En la conjunción de problemas estructurales e instituciones el escenario es poco halagüeño. La ineficiencia de nuestro sistema educativo es vergonzosa. El país no educa a millones de sus jóvenes y el indicador llamado cobertura lo refleja. Cobertura es, como se sabe, la proporción resultante del total de los inscritos en un nivel escolar contra el número global de habitantes con edades de cursar dicho nivel. La cobertura mide realidades, es contundente y, a veces, desnuda discursos.

El año pasado, para ilustrar, países como Corea (95%), Finlandia (94%) y Estados Unidos (82%) tenían más de 50 puntos porcentuales de diferencia con México, que no ha dado enseñanza superior a un tercio de la población. Con respecto a nuestros semejantes, tampoco somos modelo. El promedio de cobertura en América Latina es de 34%, pero  Argentina tenía 67% y Venezuela 52%.

Con esos datos las preguntas, entre muchas, son fáciles y cortas: ¿Hasta cuándo? ¿Hasta cuándo emprenderemos, como país, la gran cruzada? ¿Hasta cuándo, por el país, por el presente y, en especial, por el futuro de los niños?

Fuente: El Comentario y AFmedios

Comentarios

  1. Oscar Virgen dice:

    Es preocupante el hecho de que las instituciones de educación en el País aun no tomen cartas en el asunto (¿es tiempo de que la ciudadanía actúe por cuenta propia?). Si tanto nos hemos entretenido en copiar -o parafrasear según sea el caso- proyectos de otros países, ¿por qué no enfocarnos en los planes de los sistemas de educativos de quienes se encuentran más avanzados?, Europa, por ejemplo.

    En México nos preocupamos por días festivos, puentes, y vacaciones de no se qué… ah sin mencionar que tenemos también uno que otro tope disfrazado de dirigente político preocupado por la sociedad y que lo único que quiere es poder.

    La educación no es algo que sea propio de la escuela ( llámese lugar para tomar clases o intentos de esto), viene de casa, de lo que uno ve en el hogar, pero qué se puede esperar cuando más de la mitad de la población de este País vive de lo que gana al día, trabaja toda la jornada y de lo último que le quedarían ganas sería llegar a sentarse con el pequeño a leer un poco. Es cuestión de cultura, sí, pero dicen por ahi algo como que las letras no entran con el estómago vacío, ¿Qué esperar?

    Quedan muchas preguntas por responder, pero aún hay más que hacer.

    Maestro, gracias por la reflexión y un gran saludo desde DF

  2. Oscar Virgen dice:

    Gracias, Claro que si, me dará gusto seguir sus publicaciones. Soy egresado de la Universidad de Colima y me gusta tener contacto y poder conversar con personalidades respetables de mi querida UDC.

    Saludos!

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