Escándalos y promesas

Hace algunos años Juan Fidel Zorrilla, entonces asesor de la Secretaría de Educación Pública, nos decía a los integrantes de una red que aglutinaba a los bachilleratos de las universidades públicas mexicanas, que la deserción en educación media superior alcanzaba la cifra de 500 mil jóvenes cada ciclo escolar. En aquel momento la matrícula en ese tipo educativo rondaba los tres millones, es decir, que una sexta parte de la población escolar se desgranaba al año para, probablemente, nunca regresar a la escuela e ingresar a circuitos formales e informales del empleo, cuando no al franco desempleo.

Días atrás, durante la presentación de un programa (“Síguele, caminemos juntos”) para prevenir ese fenómeno de terribles implicaciones sociales y personales, el secretario de Educación, Alonso Lujambio, y el subsecretario de Educación Media Superior, Miguel Ángel Martínez, informaron que son 600 mil los jóvenes que cada año son expulsados de las escuelas de ese nivel educativo.

Si entonces la cifra era escandalosa, cuando el país tenía la promesa política de un cambio de raíz, hoy lo es mucho más, porque presumiblemente las condiciones han mejorado y se apunta a resolver rezagos atávicos en el bachillerato, primero con las reformas en el sexenio de Vicente Fox, y ahora con la reforma integral en marcha.

Los datos son crudos y no dejan gran espacio al optimismo. La eficiencia del sistema escolar revela debilidades históricas, como expuso el presidente Calderón en su cuarto informe de gobierno: la cobertura en el ciclo 2010-2011 se estimó en 66 por ciento, mientras que la eficiencia terminal en 63 por ciento, lo cual significa que de cada cien adolescentes en edad de cursar el nivel educativo apenas cuarenta logran culminarlo.

De la misma fuente se pueden desprender estadísticas más dramáticas: entre los ciclos escolares 1990-1991 y 2009-2010 la cobertura se elevó del 36 al 64 por ciento, es decir, 30 puntos porcentuales en dos décadas, y en los mismos años la eficiencia terminal sólo pasó de 60.1 a 62.9 por ciento: aumentó la probabilidad de ingreso, pero no de permanencia.

Ojalá el programa presentado ayer, luego de un pilotaje probado por la Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales (FLACSO), tenga los resultados que nos permitan avanzar en la solución de un problema complicado y extendido en buena parte de la geografía latina. Desconozco pormenores pero deseo que esta vez domine la coherencia entre los académicos de FLACSO, que supongo serios y responsables, y los encargados de tomar las decisiones conducentes, que quiero suponer serios y responsables. Ojalá el tal programa sea un remedio que vaya al fondo y no sólo un placebo. Twitter@soyyanez

AFMedios / Periódico el Comentario

Comentarios

  1. Arthur Edwards dice:

    Según las estadísticas más reciente del mismo gobierno, la pobreza alimenticia ha incrementado de 21 a 25 millones y el 80% de la población tiene alguna vulnerabilidad (acceso a educación, servicios de salud, etc. Los programas y leyes nacen de diario sin pensar a fondo primero y sin implementar después. Más de lo mismo temo yo.Cuando llegué a México hace 26 años, presumía que México era del «segundo mundo». Es decir, no era México tan pobre y tenía la perspectiva de mejorar. Ahora, definitivamente, México es tercer mundialista. No sabes come me lástima dejar este México a mis dos hijos. Pero me alienta que haya personas todavía optimistas y deseosas de entregar un mejor México a sus hijos. Les hecho porras!

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