Festejos apagados

Cuando la Universidad de Colima cumplió 70 años festejamos de formas ahora imposibles. En febrero de 2010 nos visitó Fernando Savater, el filósofo español de talla internacional, para una conferencia memorable que tuve la fortuna de editar en un libro de bella manufactura. No pudimos tener comienzo más excepcional. Al acontecimiento le faltó un auditorio más grande que el Teatro Universitario, porque la demanda de entradas superó el aforo.

En septiembre, fecha del aniversario, una ceremonia magna en el Consejo Universitario invistió a cuatro doctorados honoris causa de distintas áreas. De la propuesta que me encargué salió otro libro, de Ángel Díaz-Barriga, tercero de una colección inaugurada con el discurso como honoris causa de Pablo Latapí Sarre.

Diez años después la situación es distinta e inédita. Cuando planeamos una fiesta prolongada en la Facultad de Pedagogía por sus 35 años, honrando a Paulo Freire, el más universal de los educadores latinoamericanos, interrumpimos la agenda por la pandemia. Sólo en febrero tuvimos la presencia virtual de tres eximios freireanos, los tres con discursos desde Europa: Juan Miguel Batalloso, en Sevilla; Pep Aparicio, desde Valencia, y Miguel Escobar en París, discípulo de Freire en África.

Más actividades habíamos ideado pero debimos suspenderlas o dejarlas en espera. Lo que haremos, más tarde de lo previsto, es un libro conmemorativo por los 35 años de la primera facultad universitaria en Colima.

El fin de semana lo pasé corrigiendo la versión que pronto enviaremos a la editorial para tenerlo impreso antes de terminar el año. Un año que, por la contingencia mundial, ensombrece nuestros festejos pero no las ganas de celebrar, de recordarnos pasado y presente, para aventurarnos a imaginar futuros promisorios, por los que se fueron con la tarea cumplida y los que llegan a la profesión, y por la educación en Colima.

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