Historias inesperadas

Nunca imaginé que escribiría un artículo sobre un Papa o de temas que rozaran la religión, pero la doble circunstancia de encontrarme en Argentina, en el más importante enclave jesuítico (no solo para este país sino para el sur del continente), y la designación del Papa en las fechas que corren, me invitaron a escribir estas líneas, basadas en mi lectura de la prensa impresa y en varias horas de televisión viendo programas especiales, noticieros y debates sobre el impacto y las implicaciones de la designación de Jorge Mario Bergoglio para la vida política nacional.

Quizá un hecho puede ilustrar la dimensión del tema para la sociedad argentina: esta mañana, cuando fue entronizado Francisco, nueve canales de televisión transmitían el acontecimiento del que, para muchos, será el argentino más universal de la historia. Antes y después cientos de horas transcurrieron y otras tantas faltarán en las pantallas y medios.

La noticia fue una sorpresa mayúscula. Argentina es un país católico, pero con considerables poblaciones judías y musulmanas, y pocos se atrevían a pronosticar que el cardenal de Buenos Aires tenía posibilidades. ¿Y por qué no un Papa argentino? escuché preguntar a un comentarista de televisión. La respuesta fue unánime: burlas y risas en el propio estudio ¡Pero sucedió! Fue un Papa argentino, no europeo, americano, latinoamericano, de sangre italiana, como muchos en Argentina.

La noticia fue un remanso y un cañonazo en el mundo político. Son de sobra conocidas las discrepancias entre Bergoglio y los Kirchner. Anoche decía un conductor de televisión, irónico: catorce veces rechazó Cristina Fernández una petición de audiencia hecha por Bergoglio, y hoy tuvo que recorrer 14 mil kilómetros para encontrarse con él. El Papa, magnánimo, respondió con guante blanco, interpretan algunos analistas, afirmando que está alejado de las miserias políticas, y que su reino ya no es solo de este mundo pampero.

Entre los enemigos del kirchnerismo la noticia fue un bálsamo. Hasta el extremo, Jorge Rafael Videla, dictador acusado a 50 años por distintos delitos (robo de infantes, entre otros), llamó en una revista española a su compañeros de batalla, sexagenarios ya, a un golpe de Estado contra la presidenta. Su proclama no encuentra eco ni aplausos, por fortuna. En el seno del kirchnerismo no fue simpática la elección. Los enfrentamientos requerirán de toda la sagacidad política de Cristina para armonizar sus filas frente a las elecciones intermedias y los problemas financieros del país.

La reacciones siguen polarizadas y los medios, mucho más abiertos que en México, exponen las distintas posturas, en edificante muestra de pluralidad y tolerancia. Las heridas siguen abiertas. Néstor Kirchner llegó a decir que Bergoglio era la cabeza de sus opositores, y en tres años Cristina eludió el encuentro.

Bergoglio es crítico en temas sociales, como la pobreza o la explotación, pero es conservador en otros, como el matrimonio “igualitario” o el aborto, donde fue crítico contra la propia derecha que gobierna Buenos Aires. Las sombras de duda, los cuestionamientos sobre su pasado durante la dictadura allí están, inamovibles. A las acusaciones de traición a los curas y  complicidad con la dictadura respondió este día Ricardo Lorenzetti, presidente de la Corte Suprema de Justicia afirmando contundente: “Más allá de que haya personas o alguien que esté disconforme o diga que podría haber hecho esto o lo otro, lo cierto es que no hay absolutamente ninguna imputación concreta. Es un hombre que no tiene absolutamente ninguna condena y eso es suficiente”.

El tema ocupó y copa todos los medios. Hasta la poderosa prensa deportiva sucumbió a la conocida afición del Papa por el equipo San Lorenzo de Almagro, fundado por el padre Lorenzo Massa en 1907, el club donde jugará baloncesto el padre de Bergoglio, un trabajador ferroviario. Esta mañana vimos una gigantesca bandera de “el ciclón”, como apodan al equipo, seguir al Papa mientras circulaba entre la multitud en la plaza del Vaticano. El domingo, nada más, Bergoglio había pedido que su club ganara; lo hicieron apenas, milagrosamente.

El Papa de todos, el Papa de la gente, el campeón de los pobres, el Papa de la esperanza y el Papa del fin del mundo, son algunas de las expresiones corrientes para referirse al “Papa argentino”. Frei Betto, teólogo brasileño, fundador de la teología de la liberación y perseguido por la iglesia de Juan Pablo II y Benedicto XVI escribió recientemente en su blog: “Creo que el Papa tiene en mente una iglesia fuera de los palacios y de los símbolos del poder”.

Quizá la señal más venturosa para los argentinos sea el fraternal encuentro entre la presidenta y el Papa. Pero la historia apenas está en los prolegómenos.

 

 

 

Comentarios

  1. Balvanero dice:

    Hola Juan Carlos, interesante tu análisis, me viene al recuerdo el texto que nos compartiste en el face de Leonardo Boff sobre el futuro Papa; cierto es que hay varios signos alentadores para quienes esperamos una Iglesia más comprometida con el pueblo y menos con las esferas del poder, más cercana a los pueblos y menos a los palacios, más Madre y menos preocupada por el Dogma…

  2. Christian D. Renteria Garcia 2.-D dice:

    Im really amazed by our new Papa.
    Lets hope hes fine.
    Everyone just get marked by this.
    Its another step.

  3. Christian D. Renteria Garcia 2.-D dice:

    Im really amazed by our new Papa.
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  4. Edsel Barbosa 2"D" dice:

    The way people make fun of the question
    of a pope because Arquentino, show disrespect
    they have towards other religions, and to choose one of the
    more serious dictators of Argentina as pope, I do not like
    the lot, but anyway.

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