Honrados mercenarios

Aunque suelo leerlo en el periódico “Milenio”, prefiero disfrutarlo en sus libros, hechos de las colaboraciones semanales que se distribuyen en varios medios del mundo, desde hace casi dos décadas. Me refiero a Arturo Pérez-Reverte, reportero de guerra y escritor español, todavía descalificado en algunos círculos literarios, que ha logrado cuajar una trayectoria sólida en la que sobresalen las seis novelas del Capitán Alatriste. Pero no quiero hacer un panegírico del también miembro de la Real Academia Española, sino compartir el goce de haber concluido mi lectura de las 625 páginas del libro que lleva por título “Cuando éramos honrados mercenarios. Artículos 2005-2010”.

Como el título reza, se reúnen en la obra las colaboraciones que Pérez-Reverte escribió en el quinquenio anterior, sobre una gama amplia de temas, entre otros, el cine, las mujeres, el periodismo, las feministas de género y génera, los Tigres del Norte, la violencia, el mar, España, libros, ciudades, cartas náuticas, los niños, la historia –de España-, los turistas, la educación, la política y los políticos, museos, cafés, armas, bares, sus nostalgias, en fin.

Disfruto casi todas. Unas me divierten, de otras aprendo, o intento, al menos; algunas son provocadoras incitaciones a la reflexión sobre lo cotidiano que se va gastando. Otras las discuto, no me gustan y me quema su acidez, pero con el mismo talante que se escriben las leo y paso la hoja. Cada uno escribe lo que quiere, como le pega la gana, y cada cual lee lo que quiere y frente a lo leído asume la postura que le plazca. Así escribe Pérez-Reverte, así lo leo. Estamos a mano.

Como esto no es una reseña, y ya no cabe mucho más, diré que entre los folios leídos encontré muchos ya conocidos, otros aparecieron por primera vez. Pocos de ellos no volvería a leer, otros, creo, los usaré en alguna clase, un día, hoy por ejemplo, cerca de terminar el semestre. Si alguien tiene interés en reflexionar sobre nuestros maestros, le dejaré un pedazo de “Un héroe de nuestro tiempo”, página 139:

“Ahí sigue, el tío. Aún no se ha vuelto un mercenario de la tiza, de esos que entran en el aula como quien ficha donde no le va ni le viene. Tal vez porque todavía es joven, o porque es optimista, o porque tuvo un profesor que alentó su amor por las letras y la historia, cree que siempre hay justos que merecen salvarse aunque llueva pedrisco rojo sobre Sodoma. Por eso cada día, pese a todo, sigue vistiéndose para a ir a sus clases de Geografía e Historia en el instituto con la misma decisión con la que sus héroes, los que descubrió en los libros entre versos de la Ilíada, se ponían la broncínea loriga y el tremolante casco, antes de pelear por una mujer o por una ciudad bajo las murallas de Troya. Dicho en tres palabras: todavía tienen fe”.

Fuente: Periódico El Comentario

Deja tu comentario