La obligatoriedad del bachillerato

El lunes 24 de enero la Secretaría de Educación estatal convocó a un panel con el tema “la obligatoriedad del bachillerato”, en alusión a la iniciativa que se discute en el Congreso de la Unión para hacer obligatoria la educación media superior en el país. Invitado por el secretario, Federico Rangel Lozano, acudí y expuse en forma sucinta mi posición al respecto, misma que ahora quiero compartir con la intención de aportar elementos para un debate informado y crítico entre los implicados e interesados.

1. No se puede estar en contra de la iniciativa. Un paso adelante en el camino hacia la incorporación constitucional de un derecho humano universal es apenas el comienzo de la reparación de un rezago. Ni la aplaudo como magnánima, ni la cuestiono en automático, pero de la iniciativa a su factibilidad hay una distancia con tintes de insalvable.

2. La idea de hacer obligatorio el bachillerato no es nueva. En el año 2000 el Estado de Jalisco la contempló como tal en su constitución; allí se dicta que la educación media superior es obligatoria y gratuita. Después, una iniciativa con ese propósito fue presentada, discutida y desechada en el propio Congreso de la Unión. Más antigua referencia es que la educación, hasta la superior, está contenida en la Declaración Universal de los Derechos Humanos.

3. La iniciativa tiene sus bondades, es innegable, pero no basta. La educación básica es un derecho constitucional en México, pero no es efectivo su cumplimiento para 33 millones de mexicanos mayores de 15 años que no la han culminado, según cifras oficiales. 33 millones de mexicanos es más que la población de muchos países de América Latina. 33 millones son apenas uno menos que la matrícula global del sistema educativo nacional.

De esos cantidad, 17 millones no tienen un certificado de secundaria. La cifra es enorme y atenderla un reto monumental. Aquí podemos empezar a discutir la factibilidad de universalizar la enseñanza media superior: la recuperación del diez por ciento del rezago en secundaria, o sea, 1.7 millones, equivale a poco menos de la mitad de la matrícula nacional en el nivel educativo, para los cuales hoy no hay espacio.

4. La viabilidad de la propuesta requiere análisis fríos, más allá de las buenas intenciones. Las tendencias son abrumadoras y no ofrecen alojo al optimismo. Para alcanzarla se necesitan más de diez años, un proyecto sólido y un conjunto de condiciones, entre las cuales destaco tres: una inversión descomunal en el tipo educativo que ha sido históricamente olvidado frente a los otros dos (el básico y el superior), profesores bien formados, bien pagados y bien reconocidos, y corregir procesos que no funcionan adecuadamente.

Me atrevo a afirmar que de los tres, siendo complicadísimos, el más sencillo es el financiero, porque los otros dos no se resuelven por decreto. El tema de los profesores no admite soluciones parciales ni de corto plazo. En México cualquiera puede ser profesor de bachillerato, pero no sucede así en otros países. En ese renglón, hay inercias y vicios terribles.

5. La eficiencia del sistema escolar revela problemas gravísimos. En el cuarto informe del presidente Calderón las cifras ejemplifican: la cobertura en el ciclo 2010-2011 se estima en 66 por ciento, mientras que la eficiencia terminal es de 63 por ciento, lo cual significa que de cada 100 adolescentes apenas cuarenta logran culminar el bachillerato.

De la misma fuente se pueden desprender datos aún más dramáticos: entre los ciclos escolares 1990-1991 y 2009-2010 la cobertura se elevó del 36 al 64 por ciento, es decir, 30 puntos porcentuales en una década, pero en los mismos años, la eficiencia terminal apenas pasó de 60.1 a 62.9 por ciento, menos de tres puntos porcentuales. Significa que mejorar la cobertura sin hacer lo propio con las posibilidades de tránsito y culminación sólo elevará las cifras de los triturados en la escuela.

6. El esfuerzo educativo que ha hecho el país entre los años de la Revolución y la primera década del siglo XXI produjo resultados extraordinarios. Es innegable y debe reconocerse. Sin embargo, también es inocultable que la educación sigue siendo una promesa incumplida para millones de mexicanos, como quedó reflejado arriba. Pero el problema no es sólo la escuela. La problemática del sistema escolar no puede revisarse al margen de la social.

Y no es posible, dice el profesor italiano Raffaele Simone construir una isla feliz en un archipiélago de tristeza. En México no hay un sistema que pueda mostrar una fortaleza sin par: ni el sistema de seguridad, sanitario o económico gozan de cabal salud. La escuela no es ajena.

7. El tema que analizamos debe colocarse en su justa dimensión. No es asunto de planeación estratégica, una cuestión técnica o de indicadores; es un tema de derechos humanos, un desafío ético: ¿los mexicanos deben ser educados, merecen ser educados, pueden ser educados? ¿Queremos educarlos? twitter@soyyanez

Fuente: Periódico El Comentario

Comentarios

  1. JOSE LUIS VENEGAS VILLALVAZO 2ºB dice:

    I think if it is appropriate to mandate baccalaureate education for so young have more tools to have a little more education.also is important because without it we would not have a decent job and good salary to make our own decision. which also politicians and senators should create new laws that give importance to education in mexico. besides that we should improve in the field to earn a place in the world of competition on education. have a safety study in mexico without discrimination on personality, age, sex or religion for young readers are encouraged to be competitive.

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