La UdeC y los rankings universitarios

Consigue_UdeC_recurso_para_infraestructura_webDistintos medios locales recuperaron la noticia sobre la publicación del Ranking Nacional de Universidades Mexicanas, que ubica a la Universidad de Colima en el lugar 23. Las opiniones son contrastantes: al obtener 29 de 100 puntos, unos la reprueban; otros ponderan su ubicación en un conjunto donde existen cientos de universidades e instituciones de educación superior públicas y privadas. Qué si es buena la posición o no, que si avanzó o no, dependerá de los argumentos que se sostengan, de la intención, de la información procesada y claridad analítica, entre otros factores.

El tímido debate es buen pretexto para recordar la relatividad de los rankings, los cuestionamiento sobre su uso y ocasión propicia para recordatorios básicos.

En 2013 se publicó un libro llamado Rostros de la Universidad de Colima. Sus indicadores institucionales en PIFI, CUMex y rankings internacionales, que coordiné con un equipo de colaboradores. El último capítulo justamente se dedica al tema. Lo llamamos: “La Universidad de Colima en el contexto internacional. Los rankings mundiales”.

El capítulo expone la posición de la UdeC en cuatro de las más importantes clasificaciones internacionales (Ranking mundial de universidades en la web, QS World University Ranking, The Times Higher Education World University Ranking y el Academic Ranking World University). Antes, advertimos algunas ideas comunes en el medio. A continuación, un repaso.

El uso de los rankings es objeto de severos cuestionamientos. En mayo de 2012 se reunieron en la UNAM un grupo de rectores mexicanos y latinoamericanos en el encuentro “Las universidades latinoamericanas ante los rankings internacionales: impactos, alcances y límites”. De acuerdo con el documento que contiene la declaración final, el objeto del encuentro fue “abrir un espacio para el diálogo y debate sobre las clasificaciones internacionales de universidades”. Los rectores reconocieron, como en la Conferencia Mundial sobre la Educación superior (París, julio de 2009), que es necesario disponer de más y mejor información, apertura y transparencia de las misiones y actuaciones de las instituciones educativas, así como desarrollar procesos de evaluación y elevar la calidad de las instituciones.

Advirtieron, sin embargo, que es preciso construir sistemas de información nacionales y regionales, para conocerlos en su conjunto y en cada caso, como una alternativa frente a los rankings y su uso discriminatorio; también señalaron las limitaciones de usar rankings como elementos de evaluación y diseño de políticas públicas.

En distintos pasajes de la declaración final, los rectores citan desventajas de los rankings para aplicarse en nuestros contextos: la confusión reinante que supone que los rankings son fuentes de información para la comparación y evaluación de las instituciones y los sistemas; pues son, dicen, “sistemas de clasificación jerárquica y no sistemas de información, por lo que no proporcionan elementos de juicio válidos sobre el desempeño de las universidades, incluso en los rubros e indicadores que los componen, y menos aun permiten comparaciones longitudinales sobre avances y retrocesos a lo largo del tiempo”.

Además, ahondan, los rankings son comparaciones basadas en sumas ponderadas de un conjunto limitado de indicadores, ligados más a la circulación internacional de los productos de investigación, principalmente en dos áreas (ciencias de la salud e ingenierías), lo cual favorece a los modelos anglosajones y universidades orientadas a la investigación, distintas a la mayoría de las universidades de la región. Otra gran desventaja es que no ponderan las enormes diferencias de inversión en educación superior, ciencia y tecnología entre países desarrollados y latinoamericanos.

De poco sirven los análisis simples o juicios condenatorios. La educación no es un torneo y las universidades no son equipos de fútbol que se clasifican en una tabla de puntuación para ver quién es el campeón. Para valoraciones serias que contribuyan al debate y solución de problemas, hace falta más que repetir cifras entresacadas de contexto y genuino ánimo de reflexión. A las universidades las mejorarán los debates inteligentes, el examen abierto de las ideas, la participación democrática y la calidad de prácticas en su interior, no los francotiradores embozados o descubiertos.

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