Lecturas sobre la universidad

En las más recientes semanas, previas al final del ciclo escolar, he releído varios textos sobre la problemática universitaria para el seminario que coordino en la Facultad de Pedagogía. Tres me resultan interesantes para comentar ahora. Dos desde Europa y uno de México: “La universidad en la encrucijada”, de Ignacio Sotelo, publicado en “Claves de la razón práctica”, prestigiada revista española; “Detrás de la autonomía universitaria. La lógica bursátil”, de Christophe Charle, incluido en un número de “Le Monde”, edición en español, y “Claroscuros del financiamiento de la educación superior: para salir de la modernización irreflexiva”, presentado por Rollin Kent en un foro (2005) sobre financiamiento y gestión educativa, organizado por la Asociación Nacional de Universidades e Instituciones de Educación Superior en la Universidad de Guadalajara.

Son tres miradas lúcidas, inquisitivas y provocadoras sobre el presente de la institución universitaria y sus peligros. Cada uno, tan interesante que serviría para escribir varias colaboraciones. Cada uno, en su tema, con su peculiar enfoque, fuente de análisis profundos e invitación a pensar una institución casi milenaria que experimenta, como en casi toda su historia, un porvenir plagado de dificultades, tensionada entre el pasado y el futuro, acosada por problemas estructurales en un contexto inédito.

Pocos dudan del valor de la universidad, y entre los escépticos hay razones plausibles; pero pocos también pueden defenderla y pedir que se quede tal cual. Que tiene fortalezas es innegable; es responsable de generar ilusiones, de construir proyectos de transformación universitaria y social, por eso lo que en ella ocurre no puede ser ajeno a la sociedad en su conjunto, pero hemos de tener algunas precauciones.

Una institución fincada en el conocimiento, como la universidad, no puede analizarse fuera del conocimiento, es decir, desde la ignorancia. Todas las opiniones sobre la universidad son válidas, dirán, con la condición de que se acompañen de dosis razonables de ideas para comprenderla y transformarla, que ayuden a construir una institución distinta para una sociedad menos injusta.

Entre los documentos arriba citados encontré un pasaje con el cual me gustaría cerrar esta colaboración. Es de Ignacio Sotelo; dice: “mejorar la universidad no es sólo, ni principalmente, una cuestión de dinero, como la comunidad académica repite sin parar. Cierto que siempre se necesita mucho más dinero del que se dispone, pero lo decisivo es saber en qué hay que emplearlo, como ha puesto de relieve el que no haya correspondencia entre lo que se recibe y la calidad que se ofrece.”

Esa, justamente, es una de las conclusiones que deduzco de los tres textos: que el financiamiento es un problema grave, pero no el obstáculo insalvable para su transformación; que ampararse en dicho factor es una buena manera de apostar a su parálisis, mientras el mundo cambia y nos rezagamos. Más que del financiamiento, hoy la suerte de las universidades depende de quienes allí estamos, de nuestra capacidad y compromiso. De ello escribiré en próxima colaboración. Twitter@soyyanez

Fuente: Periódico El Comentario

Comentarios

  1. Arthur Edwards dice:

    Viva Humboldt! La finalidad de la universidad para los jóvenes es de saborear la ciencia, no ser científicos! Nuestro propósito, más bien, según él, es forjar una mente crítica que cuestiona. Un jóven propositivo que contribuye al cambio. El conocimiento es solamente, para mi, un vehículo para exigir hábitos, consciencia, disciplina académica y un amor para el conocimiento. Yo cuestiono y reclamo que la universidad moderna no cumple cabalmente con sus compromisos sociales. La Universidad de Colima no puede realizar mucha investigación ni publicar mucho de valor en las condiciones actuales…pero si puede concentrarse en la formación de los jóvenes…yo creo que la universidad es SU espacio…..

    • Estoy de acuerdo en parte. No todos los jóvenes podrán ser científicos, pero muchos sí podrían serlo, algunos podrían ser excelente. La mente crítica es indispensable en una universidad pública, más en un país como el nuestro. Cierto, a la universidad en general le falta cumplir compromisos sociales; la UNESCO ha sido clara en señalarlo.

      También creo que sí se podría hacer buena investigación, no en todas las áreas, pero podrían construirse condiciones diferenciales ad hoc.

      Un abrazo y gracias por tus comentarios tan inteligentesl

  2. Arthur Edwards dice:

    Nada más te quiero recordar que al “saborear la ciencia” y “forjar una mente crítica” te va a producir los cientificos entre los que desearn seguir ese camino! Mis comentarios de ninguna manera son excluyentes…mas bien son incluyentes.

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