Messi y las alegrías del fútbol

Lionel-Messi-destacado-IILas fechas de abundante fútbol que observamos en Europa y América, de calidades disímiles, han dejado momentos gratos y un gran hueco en el estómago con el anuncio de que el mejor jugador del mundo abandona la selección de su país. En principio, quise escribir del tema en el Cuaderno (blog) dedicado a reflexiones personalísimas. Lo impidió la desazón emocional y el exceso de trabajo. Sin embargo, revisando las páginas en mi Diario 2015 encontré una dedicada a celebrar el significado que a veces tiene ese deporte, y algunos jugadores, que nos reivindican y producen alegrías desmesuradas o nudos tristes. Aquí la comparto.

El fútbol no goza de buena reputación en el mundo intelectual. Por lo menos en una parte de ese planeta que prioriza la racionalidad.

A quien se atreve, confesar afición puede acarrearle oleadas de indignación y el desprecio de los vigilantes del orden y las buenas costumbres.

Pero está claro: uno no puede ir por la vida contra los prejuicios; menos, pretender la complacencia de quienes piensan y sienten distinto. Cada cual con sus vicios y virtudes, con sus santos y demonios.

Hombres extraordinarios que disfrutaron ese deporte, de la talla de Albert Camus y Eduardo Galeano (por citar dos nombres mayúsculos), nos purifican del pecado de la pasión por el buen fútbol; o por lo menos un poquito.

Pero ese deporte, que ha servido y sirve para tantos y tan antagónicos fines, también regala ejemplos revitalizantes, que reconcilian con la vida, aunque no nos olvidemos de la mafia que lo gerencia. Una situación así leo en CNN. Anfal Amar, una niña de 15 años, presenció la muerte de su padre una década atrás: “Cuando las tropas estadounidenses mataron a mi padre delante de mis ojos entré en un estado de conmoción, no salía de casa y no quería vivir.”

Su cariño por el Fútbol Club Barcelona, inculcado gracias a su hermano, le regresó la alegría. La madre contó: “la creciente atracción de su hija por el Barcelona la ayudó a olvidarse gradualmente del fallecimiento de su padre y recuperar la alegría; por lo que se animó y ahorró para comprar todo tipo de objetos relacionados con ese equipo, dispuesta a hacerle olvidar el dolor y la pérdida”.

Ahora, sueña con ver un día al Barça en Camp Nou y conocer a su ídolo, Lio Messi.

Cuando suceden hechos así, uno sólo puede sentirse agradecido con el balompié. Con un caso como el de la niña iraquí sería suficiente para firmar la pipa de la paz y pedirle al árbitro que suene el silbato para que la pelota ruede; y a Messi, que no se canse de brindarnos su magia en las canchas del deporte más hermoso del mundo.

Deja tu comentario