Nietzsche y la universidad

Entre los incesantes montones de libros sin leer que me aguardan en casa, una mañana de vacaciones cayó a mis manos, literal y físicamente, “Sobre el porvenir de nuestras escuelas”, escrito por Friedrich Nietzsche cuando apenas cumplía 27 años.

No sé ahora dónde conseguí la joyita publicada por Tusquets, pero es irrelevante, por supuesto. Lo importante es el libro, su contenido, juzgado desde la pedagogía y no desde la filosofía. Una virtud didáctica es la ejemplar sencillez con que Nietzsche reflexiona clara y lúdicamente de temas complejos y polémicos en las cinco conferencias de la obra. El filósofo, nacido en 1844, nos recuerda que en el desarrollo del pensamiento muchas de las preguntas esenciales siguen siendo las mismas desde que surgió la filosofía.

Varias ideas podría comentar del libro, pródigo en genialidades en apenas 160 páginas, pero me circunscribiré a compartir un par de párrafos que podrían suscribirse hoy. El primero resume muchas de las críticas que demuelen el discurso dominante de las políticas educacionales.

En la conferencia inicial, Nietzsche hace decir a uno de los dos filósofos que discurren bajo la mirada curiosa de dos jóvenes practicantes de tiro: “A partir de la moral aquí triunfante, se necesita indudablemente algo opuesto, es decir, una cutura ‘rápida’, que capacite a los individuos deprisa para ganar dinero, y , aun así, suficientemente fundamentada para que puedan llegar a ser individuos que ganen muchísimo dinero.”

El segundo párrafo es de la segunda conferencia; de nuevo el diálogo entre los dos filósofos. Dice el viejo sabio: “atribuyo al instituto de bachillerato, como tú, una importancia enorme: todas las demás instituciones deben valorarse con el criterio de los fines culturales a que se aspira mediante el instituto; cuando las tendencias de éste sufren desviaciones, todas las demás instituciones sufren las consecuencias de ello, y, mediante la depuración y la renovación del instituto, se depuran y renuevan igualmente las demás instituciones educativas. Ni siquiera la universidad puede pretender ahora tener semejante importancia… La universidad, en su estructura actual, puede considerarse simplemente –al menos, en un aspecto esencial- como el remate de la tendencia existente en el instituto de bachillerato”.

Si antes de leer este segundo párrafo de Nietzsche creía en el valor del bachillerato, ahora no tengo duda que la transformación en marcha en la Universidad de Colima tiene un sitio vital en sus bachilleratos: impactar allí, en la práctica de sus profesores y en los horizontes culturales de los alumnos, sólo en eso, sería suficiente para cambiar a la universidad. En principio, ganarían los doce mil estudiantes de bachillerato que luego, en su gran mayoría, serán de la licenciatura y los posgrados. Allí está el valor del bachillerato. Aunque ello no significa que no deba modificarse el resto de la institución; quiere decir, nada más, que una transformación sin precedentes puede potenciarse desde el bachillerato.

Fuente: Periódico El Comentario

Deja tu comentario