Otra vez “maestros reprobados”

Con un titular de esos que gustan a la prensa en busca de escarnio, leí en “La Jornada” (04.12.12) el siguiente: “Reprueban alumnos de tercer año de primaria a maestros”. Así tal cual. La nota alude a una “encuesta de contexto” de la prueba Excale (Exámenes para la Calidad y el Logro Educativos) que aplica el Instituto Nacional para la Evaluación de la Educación (INEE).

La encuesta recoge las opiniones de los niños acerca de un conjunto de temas que deben ser usados en las escuelas, por los maestros y directivos, y por los expertos en el tema docente y la educación básica, para profundizar reflexiones sobre el significado de las percepciones estudiantiles.

Por principio hay que decir que no ayudan afirmaciones como las de la nota, de que los niños reprobaron a los maestros, porque una encuesta de contexto no está hecha para aprobar o reprobar, y porque su sentido es proponer elementos para la comprensión. Entonces, es comprensión y no mofa lo que debemos promover en los medios. El CENEVAL dice, por ejemplo, que en sus cuestionarios de contexto no existen respuestas correctas e incorrectas, y sirven para  distintos propósitos: describir características de los sustentantes de una prueba (contexto familiar y económico); conocer características de docentes, directores y escuelas; identificar factores que afectan el aprendizaje; detectar prácticas de alumnos, docentes y directores; proponer modelos explicativos sobre rendimiento escolar, entre otros.

El cuestionario de contexto que responde una muestra de los alumnos sustentantes de la prueba ENLACE, por su parte, tiene el propósito de recoger información sobre “el clima escolar y aspectos socioculturales”. No se trata, pues, de aprobar o reprobar dichos cuestionarios. Su propósito es otro y no se debe perder de vista.

Según la nota firmada por Karina Avilés en “La Jornada”, las percepciones de los niños no son favorables, esa es la conclusión en blanco y negro, contundente. Esas opiniones constituyen, a mi juicio, un reflejo de lo que sucede en la escuela y fuera de la escuela, porque la escuela no es independiente del entorno. No voy a repetir los resultados, solo algunos a partir de los cuales reflexionaré; invito, en todo caso, a leer la nota o buscar más información en el propio sitio del INEE.

50% de los niños afirma que los maestros “casi nunca” o “a veces” se preocupan por lo que les pasa. Uf, habría que preguntar en cada caso qué significa “casi nunca” y “a veces”; cuando suman frecuencias, la cosa se complica. Mucho más enredado aún cuando la pregunta es “por lo que les pasa”.

Otros datos interesantes: 44% de los encuestados respondió que sus maestros “invariablemente” o en ocasiones faltan o llegan tarde. De nuevo, las imprecisiones saltan: la más palmaria, es que no es igual llegar tarde que no llegar. Seis de cada diez niños aseguran que sus profesores “casi nunca” o “de vez en cuando” les resuelven dudas; proporción semejante a la que se aburre en clase porque no tienen actividad. Los últimos: 36.6% de los niños afirma que sus maestros los dejan hacer lo que quieran en el aula, sin embargo, 77.3% dice que los maestros sí explican bien y a un porcentaje mayor (82.3%) le gusta su escuela.

Los análisis más fundamentados deberían ser precedidos por la tarea no menor de “limpiar” los datos, de revisar los significados de las respuestas y fijar precisiones, pero ahora ya se pueden elaborar algunos juicios preliminares que, por mi parte, resumo a continuación: los problemas de la educación también son responsabilidad del profesor de carne y hueso, de los maestros y maestras “de a pie” que en sus salones de clase admiten la violencia, la irresponsabilidad, que no planean ni organizan actividades, que no asisten a la escuela, que transmiten los peores ejemplos, aquellos con los cuales van a educarse los estudiantes, esto es, que la escuela no es tan importante, y la educación menos, que se puede faltar, que es obligado asistir pero no a trabajar, que se pueden interrumpir las sesiones en cualquier momento por visitas al aula.

Esta es la peor conclusión y el escenario quizá más crítico, porque esos problemas, los de la actitud de un profesor no se van a corregir si Elba Esther Gordillo dirige o no el Sindicato, si el secretario de Educación es capaz o no, o si tenemos una reforma magistral de la ley educativa. Si los datos de la encuesta del INEE revelan lo que sucede (son las percepciones y ello en buena medida es lo que sucede) en las aulas, tenemos un tremendo problema, que es estructural y que tiene muchas aristas: cómo se aceptan los estudiantes en las escuelas normales, cómo se consiguen y distribuyen las plazas, cómo se supervisa a los maestros y cómo se evalúa la educación en el país, y digo la evaluación, no digo exámenes ENLACE, Excale ni PISA. Pero hay un problema igualmente estructural a escala micro: la calidad y calidez de los maestros, la sensibilidad y rigurosidad de la vida en las aulas. Ese es un problema, apuesto, mucho más silencioso y difícil de resolver que aquellos; y sin solucionarlo, no hay mejora posible.

Twitter@soyyanez

 

 

Comentarios

  1. arthur edwards dice:

    Gracias por tus aportaciones. En fin, el pastel del “maestro” tiene ingredientes. El primero es vocación…sin vocación, es dificil cumplir con la encomienda de ser maestro. Desafortunadamente, vocación no se compra o regala. Nace de uno porque está convencido que así debe ser.

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