PANDEMIA Y UNIVERSIDADES

Muchas horas de trabajo reciente dediqué a estudiar las consecuencias de la pandemia en las instituciones de educación superior. Complemento el aprendizaje con una dotación sustanciosa de seminarios web y conferencias en línea con personas de distintos lugares del mundo, en temáticas diversas y posturas amplias.

Cuesta procesar tal profusión informativa. El cuaderno rojo que destiné para tomar notas suma sin cesar páginas en tinta negra. A veces pauso la agenda y observo otros paisajes, luego vuelvo.

En la semana leí, entre otros documentos, el libro con más de treinta capítulos breves escritos por académicos del Instituto de Investigaciones sobre la Universidad y la Educación de la UNAM, que me envió su director, Hugo Casanova, con quien tuve la fortuna de estudiar en uno de sus cursos de posgrado.

En el libro encontré algunos capítulos muy interesantes; lo mejor es la intención de contribuir a un debate que va requiriendo puntos cardinales para no sucumbir ante la infodemia.

Entre las reflexiones más interesantes que escuché están las de Boaventura de Souza Santos en su conversación con Pablo Gentili para el Ministerio de Educación argentino. Para “Boa”, las universidades antes de la pandemia ya vivían acosadas, maltratadas por el gobierno en algunos países, como Brasil; en otros, sujetas a restricciones presupuestales, México por ejemplo.

El peligro que esboza el sociólogo portugués es inminente: demostrada una supuesta eficacia de la “enseñanza remota en situación de emergencia” (distinta a un modelo de educación a distancia o virtual), podrían justificarse más recortes presupuestales para reducir número de cursos y, por tanto, de aglomeraciones en aulas públicas, con el efecto inmediato sobre las contrataciones docentes y la precarización del profesorado, como sucede en España desde hace tiempo.

Hay también quienes apuestan a construir nuevos esquemas, como Cristobal Cobo y Hugo Pardo Kuklinski, con un “modelo híbrido post-pandemia”, con base en ideas que ya se ensayaban tiempo atrás o emergen ante la crisis mundial que vivimos.

Fernando Reimers, por otro lado, en un seminario web organizado por la Universidad de Guadalajara lanzó un reto que no ha tenido eco, creo: que las mejores 50 universidades mexicanas (de las 3,762 instituciones de educación superior que contabilizó la OCDE en su reciente informe sobre el país) trabajen con la Secretaría de Educación Pública para construir una plataforma de cara al presente y futuro del sistema escolar después de la pandemia. Aseguró que en esas universidades habría más capacidad que en la SEP. ¿Quién puede dudarlo?

Finalmente, percibo en este vistazo que hay universidades e instituciones muy preocupadas por salvar el ciclo escolar en curso, angustiadas por controlar a estudiantes y maestros, sin profundizar siquiera en las preguntas, mientras, en distintas partes del mundo y aquí, otras están buscando las lecciones para construir nuevos entramado y ofreciendo respuestas originales ante preguntas que no tenían tan claras o apremiantes. Vendrán momentos de errores y fracasos, sin duda, pero así avanzaron las ciencias y la propia humanidad.

 

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