Periodismo y educación

La educación como oficio, disciplina y pasión ha sido la compañía y sostén de mi vida laboral. A través del ejercicio pedagógico cumplo una tarea que concibo como privilegio, actitud vital y compromiso social.

Probablemente por eso también he vivido cerca de los medios periodísticos desde el comienzo de la útima década del siglo 20. Porque el periodismo es un vehículo que circula en las vías públicas y se desarrolla en los espacios colectivos para informar, analizar, registrar, denunciar y convocar a la reflexión y el debate; permite concretar el compromiso de trabajar en una universidad pública y darle un sentido social a la academia.

La educación tiene una naturaleza esencialmente política y adjetivamente pedagógica, decía Paulo Freire. Por eso tituló uno de sus libros como La naturaleza política de la educación. Escribir en medios es entenderla y practicarla así, apostar por un tipo de sociedad u otra.

Disfruto la docencia o la investigación académica, como la escritura que sale de mi teclado a distintos medios que acogen mis columnas y colaboraciones. Lo segundo es un componente de mi concepción del ser universitario, que no se restringe al claustro y aborda asuntos de la plaza pública. Ser universitario es asumirse ciudadano, implicado en la vida de la ciudad y los otros.

A lo largo de estos años he tenido la suerte de colaborar en varios medios de Colima y otros lugares. Desde hace un tiempo, fuera de México; hoy, para El Diario de la Educación, en España. No tengo la lista de todos los que me han acogido, ni viene al caso, pero entre ellos, El Comentario, el periódico de la Universidad de Colima, es la casa de mayor permanencia.

Escribo en sus páginas desde los años de 1990, y solo por lapsos me retiré, cuando la agenda lo impedía o alguna circunstancia extraordinaria lo complicó. La estancia vale la pena, sin duda. El primer libro lo preparé y fui publicando en El Comentario, luego lo firmé como Figuras y paisajes de la educación en 2011.

Este fin de semana El Comentario cumplió 46 años de vida. Es joven todavía, un joven maduro del cual cabe esperar resultados todavía más promisorios en las tareas de informar el acontecer colimense, de la vida universitaria y en la, quizá, más relevante de todas: la formación de nuevos periodistas, más inquisitivos, mejores en la escritura y el razonamiento, apasionados del oficio que, siendo dignos, dignifican su profesión.

¡Felicidades a El Comentario, a su dirección y equipo de colaboradores!

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