Por qué cambiar la Universidad

La invitación para una conferencia en Manzanillo, en el marco de las VI jornadas de internacionalización, me dio la oportunidad de reflexionar en torno al proceso de transformación en marcha en la Universidad de Colima, particularmente en las razones del cambio.

Con frecuencia he escuchado opiniones distintas pero que convergen en un mismo argumento: por qué cambiar si la Universidad es una de las mejores del país. En efecto, con base en los indicadores de la Secretaría de Educación Pública la máxima casa de estudios colimense se ubica entre las primeras, por sus buenos resultados durante un lapso ya largo. Si es así, dicen, para qué la queremos cambiar.

En las preguntas y críticas que algunos formulan anida una apreciación errónea: para cambiar, supondrían, hay que estar mal, tener problemas o una obligación externa. No. El cambio no debe ser una respuesta reactiva, que va después del problema o de un estallido. El cambio es una constante en la sociedad de nuestro tiempo, que se debe traducir en un proyecto sistemático para ordenar los factores que afectan el desempeño de un sistema o una institución y construir las condiciones para optimizarla. Eso es lo que se hace ahora en la Universidad.

Por qué cambiar, dirán otros, cuando el rector está en su segundo periodo rectoral. Un cuestionamiento que deriva de la tradicional forma de ejercicio político en el país. Los gobernadores, los políticos, los rectores, como ahora hace el doctor Aguayo, no deben pensar en hacer un trabajo de lucimiento personal y válido durante los cuatro, seis u ocho años que duren frente a un cargo público. Voy a explicarlo de otra forma, con el apoyo de Hugo Casanova, uno de los expertos de la educación superior en México, quien hablando de la UNAM nos dice: “La universidad de 2010 no la construimos nosotros; la hicieron quienes nos precedieron. Nuestro papel es construir la de las próximas tres, cuatro o cinco generaciones.”

Eso, justamente es lo que explica la actitud del rector Aguayo: el reconocimiento de que la Universidad de Colima hoy es la universidad edificada por el esfuerzo y el talento de mucha gente a lo largo del tiempo, destacadamente de sus últimos tres rectores. Y ahora a él, a nosotros nos toca construir la Universidad para el 2030.

Finalmente, a mi juicio, tres razones sintetizan por qué transformar la Universidad de Colima. Las explico en forma sucinta. Primera: la universidad debe evitar la autocomplacencia, conformarse con lo alcanzado, siempre imperfecto y siempre perfectible; quienes en ella trabajamos tenemos la obligación de la reflexión crítica y la autocrítica. Tenemos la obligación de construir visiones más ambiciosas. Segunda: no se requiere estar en crisis para cambiar; incluso, el cambio puede ser más complicado en situaciones convulsas. Tercera: la universidad debe aprovechar su estabilidad laboral, la conjunción de objetivos (con las diferencias propias de una entidad donde se piensa) y fortalecer un proceso de cambio incluyente.

Las comunidades universitarias tienen la obligación, decía Derrida, de discutirlo todo, pero cuando se ha discutido tienen la obligación de hacerlo todo, lo que acordaron y conviene para cumplir sus misiones. Esa es la responsabilidad histórica que tenemos. Es hora de dar un paso adelante, porque es nuestra tarea, por las generaciones que vendrán a educarse a las aulas universitarias.

Fuente: Periódico El Comentario

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