Puntos neurálgicos

No bien amaina una tempestad ya se ciernen nuevas sobre la educación pública mexicana. Una vez son los resultados de los profesores en el concurso de plazas, casi siempre los estudiantes en las pruebas estandarizadas a que tan afectos son los gobiernos de las últimas dos décadas, a veces aparecen otras circunstancias coyunturales, como la deducibilidad de las colegiaturas. Otros motivos aparecen y desaparecen cíclicamente, como el presupuesto para educación o los “rechazados” de las universidades públicas.

La educación pública es, casi siempre, una mala noticia. Y no faltan razón a los críticos cuando diagnostican los síntomas, aunque en las causas sus juicios no son tan lúcidos. Y si los buenos diagnósticos no garantizan la resolución de los males, malos diagnósticos se alejan de los problemas. Por eso la relevancia de hurgar y no quedarse en la superficie.

Mientras escribo estas líneas una idea leída en las horas previas me bulle. Alude al caso español pero, con leves matices, aplica al nuestro. La escribe Jurjo Torres y dice: “no deja de resultar significativo que la persona que se dedica a cuidar la salud de un gato o un perro se vea obligada a cursar una carrera universitaria de 5 años de duración, la licenciatura de veterinaria, mientras que quienes tienen encomendado la educación de la infancia hasta los 12 años precisen sólo de una diplomatura.”

En México, como se sabe, para ser profesor de preescolar y primaria se requiere una licenciatura cursada en escuelas normales, aunque los casos de profesionistas que ejercen en esos niveles educativos sin dicho título no son raros, sobre todo en planteles privados. Que suceda tendrá ventajas y desventajas, pero eso no es tema ahora.

En educación secundaria la exigencia de un título de profesor se reblandece y en media superior no existe. Sólo recientemente, en el marco de la Reforma Integral para la Educación Media Superior (RIEMS), se ofrece una preparación formal para adquirir elementos conceptuales y metodológicos que contribuyan a los objetivos de la RIEMS. No tengo elementos para juzgar si las primeras generaciones que egresaron ya tienen dicha formación, pero no está siquiera cercana a los niveles de rigor que se plantean en otros países, para los cuales la docencia se convierte en una segunda profesión y, por tanto, demanda una formación especializada en programas sistemáticos de posgrado o de otro tipo.

Es difícil afirmar cuáles son las claves para la transformación de un sistema educativo. Depende de los contextos, las tradiciones, los proyectos, la inversión, las estrategias, el manejo político, pero está claro que no hay posibilidad alguna de éxito en un cambio educativo si no está acompañado por el profesorado.

Siguiendo a Jurjo Torres podríamos afirmar que cuando en México la enseñanza media superior demande una preparación como la que se exige a los médicos veterinarios (ya no digamos a los especialistas de la medicina humana), entonces habremos dado pasos en serio hacia una reforma profunda, con intenciones de mejorar causas y no sólo elevar indicadores. twitter@soyyanez

Fuente: Periódico El Comentario

Comentarios

  1. profiled dice:

    I generally don’t comment in Blogs but your article forced me to, amazing work.

Deja tu comentario