SACCO, VANZETTI Y AYOTZINAPA

protestProbablemente la historia de la humanidad en la tradición cristiana arranca con una injusticia, cuando Eva y Adán fueron condenados y expulsados del paraíso sin oportunidad de resarcir el pecado y purgarlo de otra forma. Quizá por esa marca congénita nos acompañan por los siglos de los siglos las injusticias, unas mayores, otras menores, y no pocas atrocidades que laceran a pueblos enteros y al propio ser humano.

En estos infaustos días que vivimos con la zozobra inverosímil de lo sucedido en Ayotzinapa, he realizado en distintos momentos una asociación entre ese hecho cuyo desenlace cobra tintes inenarrables y la ejecución de los anarquistas italianos Ferdinando Nicola Sacco y Bartolomeo Vanzetti, electrocutados en los Estados Unidos, a donde habían emigrado como tantos y tantos que huían de la pobreza europea y la primera guerra mundial.

El caso de Sacco y Vanzetti conmocionó al orbe de aquel tiempo y despertó los sentimientos de solidaridad en distintos lugares de Europa, Estados Unidos, Sudamérica, Japón y Sudáfrica. Ese es, creo, el único rasgo común más específico que une la situación de Ayotzinapa y el de los anarquistas inmigrantes italianos. Además de la injustica que rebosa en ambos casos, por supuesto.

Sin comprobarse fidedignamente la culpabilidad de Nicola e Bart en la muerte de dos hombres, y con un cuestionado juicio en que se cruzaron argumentos que demostraban sentimientos antiinmigrantes y antiextranjeros, se negaron sus apelaciones. Sin contemplaciones fueron ejecutados el 27 de agosto en la silla eléctrica. Las imágenes de aquellos días resultan premonitoriamente reveladoras del espíritu global de fraternidad que hoy explota con el caso de los estudiantes normalistas.

El último discurso de Vanzetti ante el juez Webster Thayer es una pieza oratoria impresionante: “Creemos hoy más que nunca que esa guerra fue un trágico engaño y yo voy a subir con alegría al cadalso si puedo decir a la humanidad: Cuidado, los llevan a una nueva hecatombe. ¿Para qué? Todo lo que les dicen, todo lo que les han prometido, todas son mentiras, trampas, engaños. Fue un crimen. Prometieron libertad. ¿Dónde está la libertad? Prometieron prosperidad. ¿Dónde está la prosperidad? Prometieron elevación y dignificación moral. ¿Donde están?”

“Desde el día que ingresé a la prisión de Charlestown, la población de la cárcel se ha duplicado. ¿Dónde está la nueva moral que la guerra ha traído al mundo? ¿Dónde está el progreso espiritual que hemos alcanzado a través de la guerra? ¿Dónde está la seguridad de nuestra vida, la seguridad de obtener el mínimo de cosas que necesitamos? ¿Dónde está el respeto por la vida humana? ¿Dónde están el respeto y la admiración por las características nobles y sanas del alma humana? Nunca antes de la guerra hubo tantos crímenes como ahora, tanta corrupción, tanta degeneración como la que hoy reina.”

Confiesa entonces sus culpas: “Bueno, ya he dicho que no sólo no soy culpable de estos crímenes sino que nunca he cometido un crimen en mi vida; nunca he robado, ni matado, ni derramado sangre, y en cambio siempre he luchado contra el crimen. He luchado y me he sacrificado para borrar de la Tierra incluso aquellos crímenes que la ley y la iglesia legitiman y santifican. Quiero decir esto: que no le deseo a un perro ni a una serpiente, al ser más bajo y despreciable de la Tierra, no le deseo lo que yo he tenido que sufrir por crímenes de los que no soy culpable. Pero mi convicción más profunda es de que yo he sufrido por otros crímenes, de los que sí soy culpable.”

“Yo he sufrido y sufro porque soy un militante anarquista, y es cierto, lo soy. Porque soy italiano. Y es cierto, lo soy. He sufrido más por lo que creo que por lo que soy; pero estoy tan convencido de estar en lo cierto, que si ustedes pudieran matarme dos veces, y yo pudiera renacer otras dos, volvería a vivir como lo he hecho hasta ahora.”

La historia de Sacco y Vanzetti no tuvo desenlace feliz. Convertida en marcha musical y película permanece viva, y el debate sobre su inocencia o culpabilidad no está cerrado.

Los 43 normalistas de Ayotzinapa cruentamente desaparecidos, y toda la tragicomedia política y policiaca a que dio lugar difícilmente tendrá un final con sonrisas en los labios. ¿Será otro ejemplo bárbaro de que la justicia se burla, y en nuestras sociedades sigue siendo patrimonio (monopolio) de unos cuantos?

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