Cambio en la SEP

¿Cómo interpretar la salida de Esteban Moctezuma de la Secretaría de Educación Pública?

No soy analista político, así que me alejo de esa cancha. Pero es inevitable referirse al cambio en una columna dedicada a temas educativos.

Esteban Moctezuma nunca me pareció el más preparado para dirigir la oficina que hace 99 años creo José Vasconcelos. Además de comunicador mediano, sus luces en materia pedagógica no iluminan un radio amplio. Más bien, lo contrario.

En sus discursos nunca encontré una idea brillante, un juicio sólido, un razonamiento que revelara conocimiento profundo de la materia. Alguna vez escribí, con evidente mala leche, que no aprobaría un examen de historia de la educación mexicana.

Soso, de repeticiones y formas edulcoradas, hoy paga una factura alta. Una embajada, así sea la de Estados Unidos, puede ser un premio de consolación para su salida del círculo más cercano del presidente.

¿Algo hizo mal Esteban Moctezuma? No lo sé. Su salida contradice el discurso de que vamos muy bien, de que la pandemia nos empujó a otra etapa de la educación nacional y nos brincamos a la educación digital. Que no hay problemas con el sindicato magisterial, ni huelgas. Que todo mundo trabaja satisfecho.

No sé si su cabeza fuera de la SEP es un pago a favores y alianzas, o un cobro por errores, sé, sin dudarlo, que su capítulo no será recordado por la brillantez de proyectos.

Los discursos principales de Moctezuma se caen a pedazos. No hay revalorización del magisterio, a menos que signifique aplausos virtuales y discursos amables. No hay más presupuesto para las escuelas que en los gobiernos neoliberales; por ejemplo, los presupuestos para escuelas normales y formación de maestros en servicio sufrieron reducciones notorias.

La red de universidades es una entelequia. Los programas de becas, salvo que se corrija la historia, serán ineficientes para producir resultados socialmente relevantes. El próximo año entrará en marcha el proyecto de la Nueva Escuela Mexicana, con un conjunto de ideas que no son originales ni en el nombre.

A pesar de todo esto, de mis reservas con Moctezuma, no me alegra la sustitución. ¿Quién vendrá? ¿Quién y qué hará? ¿Cuáles serán las prioridades del nuevo secretario?

Este es un momento trascendente. Quizá la mejor de todas las oportunidades para emprender la más profunda transformación del sistema educativo.

Pronto tendremos una prueba: con la designación sabremos si al presidente le importa la educación; si quiere restaurar lo que teníamos antes de la pandemia o una transformación como la prometida.

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