CARTA A LAS MAESTRAS Y MAESTROS

Es posible educar en cuarentena. Pero un peligro acecha: la pretensión de trasladar la rutina del aula al hogar. La casa no es el aula, y la experiencia del aprendizaje en casa no puede equipararse a la escolarización.

Educar en contingencia sanitaria es un desafío pedagógico inédito.

La pandemia y sus repercusiones son campo para aprendizajes de otra naturaleza, esos que llamaríamos “para la vida”, que es así como tendría que ser toda la educación. Porque siempre tendría que prepararnos para la vida, porque las matemáticas, la historia, la literatura, la educación física o las ciencias tienen ese sentido como parte del proyecto educativo.

Quisiera pensar que cuando pase la cuarentena, que pasará algún día, el campo pedagógico no quedará como las playas después del tsunami; o las casas, luego del terremoto.

Quiero imaginar que la pandemia desafió lo mejor de las maestras y maestros; que no lo vieron como más trabajo, sino como oportunidad para aprender enseñando, y mientras enseñaban, dándose cuenta de su ignorancia, trataron de remediarla.

Imagino, deseo que las maestras y maestros que habían perdido la ilusión que los llevó a una

escuela por primera vez, la recuperen ante la necesidad de lograr que sus estudiantes, en otro lugar, sin muchos recursos, puedan aprender de forma significativa.

Me gustaría que los maestros en secundaria o bachillerato descubrieran que estudiar biología, química o ciencias puede despertar más interés ahora, para entender el funcionamiento del cuerpo humano, las enfermedades, vacunas, el trabajo científico.

Que es un buen momento para entender la geografía, la historia de China y universal, o las disparidades en el país más poderoso del mundo, cuyo centro financiero, Nueva York, se derrumba por un bicho invisible.

Que es el mejor momento para desarrollar las emociones y valores como la solidaridad, la generosidad, el cuidado del otro, responsabilidad por lo colectivo, alegría, resiliencia, el amor.

El reto más trascendente, para mí, no es concluir el ciclo escolar. Es más profundo: aprendamos de las circunstancias, trabajemos juntos, aprovechemos recursos y valoremos el privilegio de la vida.

La cuarentena no debe ser pretexto para que profesores y directores llenen reportes y evidencias para informes inútiles. O para recargar de tareas y tareas a los estudiantes. ¡Evitemos esa bulimia!

Hoy más que nunca resuenan potentes aquellas palabras de Paulo Freire: la educación tiene que ser una aventura no una canción de cuna, ni la tortura que perjudicará a los que menos tienen y más necesitan.

 

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