El camino es el destino

El camino es el destino, suele decirse desde una particular perspectiva de la vida. Así lo creo.

Es el mensaje de una pequeña narración de Eduardo Galeano en su más reciente libro, “Los hijos de los días”, que comparto ahora.

Había sido copiosa la bebedera, diciendo adiós al año que pronto se iría, y andaba yo perdido en las calles de Cádiz.

Pregunté por dónde se iba al mercado. Un viejo desprendió su espalda de la pared y muy desganadamente me respondió, señalando la nada:

-Tú haz lo que la calle te diga.

La calle me dijo, y yo llegué.

Algunos miles de años antes, Noé había navegado sin brújula, ni velas, ni timón.

El arca se dejó ir, por donde el viento le dijo, y se salvó del diluvio.

Es también el mensaje del poeta griego Constantino Kavafis que Lluís Llach musicalizara e interpretara magistralmente en “Viaja a Ítaca”. Dice ese bellísimo poema:

Conserva siempre en tu alma la idea de Ítaca:

llegar allí, he aquí tu destino.

Mas no hagas con prisas tu camino;

mejor será que dure muchos años,

y que llegues, ya viejo, a la pequeña isla,

rico de cuanto habrás ganado en el camino.

No has de esperar que Ítaca te enriquezca:

Ítaca te ha concedido ya un hermoso viaje.

Sin ella, jamás habrías partido.

Ahora que termina un año este es el mismo deseo. Que 2013 sea el más pletórico; que cada una y cada uno de ustedes anden el más largo y mejor de los caminos, porque la vida es el camino, no el destino.

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