Lecciones de dignidad

Terminaba de leer las últimas páginas de la más reciente andanza del capitán Alatriste, personaje del escritor español Arturo Pérez-Reverte (autor de “La reina del sur”), cuando me enteré del ataque contra Michel Ventura, Mitch, británico de nacimiento, mexicano por decisión propia.

Imposible no ser conmovido por su historia final. Imposible no dolerse por la muerte ajena cuando se trata de un hombre así, a quien lo definen sus hechos postreros.

No tuve la suerte de conocerle, mirar sus ojos o estrechar sus manos; de cruzar palabras con él, pero para admirarle, no me hizo falta. Lamento su muerte y me duele por él, por su esposa y por sus hijos.

Dentro de la terrible tragedia del sábado por la noche, hay lecciones imborrables de las que pocos hombres y mujeres pueden ser ejemplo tan contundente.  Y por eso, sólo por eso merecen ser recordados por familiares y la sociedad. Gestos valientes como el suyo confirman que, por fortuna, hay quienes siguen creyendo y practicando valores a veces perdidos, a veces despreciados, como la palabra de honor o la generosidad.

La partida de Mitch suscita interpretaciones diversas; algunas escuché: que una camioneta no vale una vida, que debió mantenerse al margen… pero estoy cierto que para un bravo como él, que pudo elegir entre meterse en su vehículo o enfrentarse, no era disyuntiva. Lo mismo habrá hecho muchas veces antes como bombero, arriesgando su vida por otras desconocidas.

Hombres dispuestos a dignificar el pedazo de tierra que pisan saben que cada día es una oportunidad para actuar o no. En su genética y en su biografía estaba hacer lo que hizo. En la nuestra, por lo menos, agradecerle y, en la medida de cada uno, enaltecerle.

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Comentarios

  1. Yensuni López dice:

    Hola maestro, yo puedo decirme afortunada porque sí conocí a Mitch, fue mi jefe, pero sobre todo fue un gran amigo, lo vi por primera vez a mis 16 años, cuando me entrevistó para mi primer trabajo, cuando pensaba abandonar la escuela de letras… me recomendó en el trabajo, y también influyó para que no dejara mi preparación, durante más de 15 años fuimos buenos amigos, y me dolió muchisimo su partida, como dice en su texto, fue un hombre que no pensaba si actuar en favor de otros o no, era su naturaleza.. Gracias por tan buen texto.

  2. Laura Cruz dice:

    Así era Mitch, «Pictsi sociedad» decía. Seguramente a parte de su valentía de siempre, la decisión de enfrentar a esos pedazos de personas (si es que lo son) Mitch concluyó sin detenerse a pensarlo algunos segundos, porque días antes le habían robado su computadora, estaba molesto por eso y por otras tantas cosas.
    El periódico dice que es de origen norteamericano, cosa que no le gustaba que le preguntaran ni se lo mencionaran. Ciertamente Maestro, Mitch era y sigue siendo mexicano. Un bombero de guerra mexicano que estuvo en Irak defendiendo y rescatando a soldados ingleses y yo pienso que a los que pudo y se le atravesaron en el camino.
    La última vez que hablamos, lo hicimos a cerca de los hombres, del género masculino. Me dijo «tu ocupas un hombre como yo» «pero de tu edad». Ése Mitch intransigente pero buen tipo, excelente persona.

    Cobarde el que te quitó la vida, con un arma ja! Que cobarde! Pobre de ti.

    Me doy cuenta que muchos extrañaremos a Mitch igual que yo. Descansa en paz

  3. Claudia Razo dice:

    Efectivamente, Mitch Ventura era un extraodinario hombre que más allá de pensar en servir era parte de su naturaleza y de una manera muy cotidiana de vivir. Lo conocí en el grupo de los voladores de la cumbre, hicimos una gran amistad. Y cuando mi esposo se accidento, sin esperar que este nuevo amigo me dijera que nos apoyaria cuidando a Salvador en Guadalajara, día y noche estaba con el, acompañado de su computadora transcribiendo canciones en hebreo. Apoyando al Sr. de 70 años que se encontraba en la cama siguiente junto a mi esposo y que no contaba con ningun familiar que lo cuidara. Mitch todos los días le compraba sus galletas, lo ayudaba a mover. Recorria los pisos del hospital, conocio a una mujer mayor que se encontraba en el piso 10 que tenia cancér y todos los días iba a visitarla. Mi querido amigo Mitch, cuando mi esposo partio, siempre nos hablaba a mis niños y a mí, siempre tan pendiente, venía a visitarnos desde Colima en su bicicleta. Sonreia, siempre había personas nuevas en su vida que conocía y ayudaba. Y él, tan solo trabajaba en su proyecto de criadero de conejos. El iba más allá de una cuestión de defensa, él amaba la vida, su planeta, amaba a la gente. Pero también no le gustaba la injusticia. Y tampoco le temia a la muerte. El fue un extraodinario se humano y amigo.
    Gracias por estas lindas palabras para Mitch Dr. Juan Carlos

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