¿Para qué queremos educar?

En un libro que se ha convertido en clásico, los profesores Jan Masschelein y Maarten Simons, escribieron un pasaje provocador sobre el significado de la educación:

Educar a un niño tiene que ver con algo fundamentalmente diferente. Tiene que ver con abrir el mundo y con traer el mundo a la vida (las palabras, las cosas y las prácticas que lo configuran)… Tiene que ver con transformar el mundo en algo que le hable.

Me extiendo en la cita porque vale la pena:

Educar… Tiene que ver con encontrar un camino para hacer que la matemática, el inglés, la cocina y la carpintería sean importantes en y por sí mismas.

En efecto, educar es implicarse en el mundo, descubrirlo, aprenderlo. Paulo Freire afirmaba: la lectura de la palabra es la lectura de la realidad.

Pasemos del libro citado, Defensa de la escuela, a la realidad que viven la mayor parte, la grandísima parte de los niños mexicanos que experimentan el confinamiento pedagógico por la pandemia.

¿Ellos logran implicarse en el mundo desde el programa Aprende en casa? ¿Se puede traer el mundo a la vida a través de las pantallas? ¿Pueden las pantallas lograr que aparezcan palabras, cosas y prácticas que conduzcan a los niños a encontrar, descubrir y aprender el mundo?

¿Lo estamos consiguiendo? ¿Estamos educando o sólo escolarizando? ¿Generamos procesos formativos profundos o sólo consagramos rituales?

Habrá quienes sí, pero, me temo, habrá muchos que no. Para ellos, las matemáticas, la historia o la lengua serán materias que deben aprobarse o enseñarse, que deben sortearse para pasar al siguiente año, y no serán ámbitos de formación importante por sí mismos.

Entre muchas cosas que aprendimos con la pandemia es que al currículum, es decir, a los planes de estudio, les sobran contenidos y les falta vida. Esa es una de las tareas pendientes en el regreso a las escuelas.

Volver a las aulas en estos días es una tarea muy importante, pero siguen quedando en el aire las preguntas cruciales: ¿a qué regresarán?, ¿cómo volverán?, ¿a qué escuelas? y ¿para qué prácticas pedagógicas? O más trascendente: ¿para qué queremos educar a nuestros niños? ¿Qué sociedad queremos edificar?

 

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