Reformas pendientes

Muchas reformas pendientes tiene el próximo presidente de la república, y no me refiero a la energética o fiscal. Hay otras, más radicales y urgentes, que permitan que la economía se supedite a la política, y la política a las necesidades sociales; que los mercados valgan menos que los valores humanos, que los pobres cuenten tanto o igual que las personas que más ganan. No es sencillo, lo confieso, pero sin esas transformaciones, este país seguirá lacerado por terribles asimetrías, injustas y peligrosas. Sin esas transformaciones, este país será una eterna promesa, permanentemente subdesarrollada, pese a su potencial.

Voy a decir una verdad repetida: este país necesita ser reinventado, y los jóvenes serán un buen punto de partida, no porque la juventud posea un certificado de pureza moral o infalibilidad intelectual, pero sí, porque los jóvenes sufren como nadie la falta de oportunidades de empleo, cuando nunca hubo tanta gente escolarizada.

El país tiene que construir cimientos sólido para el futuro. Los que ahora tenemos no observan un horizonte promisorio. Falta una idea también poderosa de nación, y en ello, la juventud es vital.

Es imposible no pensar en los llamados “ninis”, los jóvenes que no estudian ni trabajan, porque no quieren pero, sobre todo, porque no encuentran un empleo o sitio en las escuelas. El nuevo presidente de la república podría empezar en su estado, que hoy ocupa el primer sitio por el número de ninis.

Un país distinto, es decir, una sociedad más educada, sana, justa, próspera, democrática, no se construirá con discursos de campaña ni espectaculares en las calles. No será fácil la tarea y requerirá más de un sexenio, pero seis años bastan para trazar el rumbo, construir consensos y enfilarnos. O empezamos ya, o perdemos la mitad del siglo XXI.

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