Regreso a clases

En otra de sus osadas declaraciones el presidente de la República aseguró que niños y maestros del país regresarán a las aulas antes del fin del ciclo escolar.

En la tribuna se desgranan los aplausos de la hinchada fervorosa que pide la vuelta a la escuela. Hay razones. Académicos y organismos advierten pérdidas significativas en los aprendizajes, en especial, de los niños y adolescentes de sectores más pobres.

Para el presidente, optimista, es posible vacunar a los maestros y trabajadores de la educación en las próximas semanas, a pesar del arribo lento de las dosis y la dilación en sus aplicaciones.

Mientras tanto, el mundo tiene otros datos. En Europa, por ejemplo, se preparan para una tercera gran ola de contagios como consecuencia de las vacaciones por las semanas Santa y de Pascua. Respiro en el trajín, siempre bienvenido, que podría reventar de nuevo las cifras de contagios y fallecimientos, como sufre Brasil en estos momentos.

Pero las vacunas no son todo para un regreso seguro, paulatino y voluntario.

Conviene preguntarle a la Secretaría de Educación Pública a qué volverán los estudiantes y maestros a las escuelas. No es una pregunta intrascendente. ¿Volverán para seguir con los planes, como si no hubiera pasado nada? ¿Volverán para reforzar temas? ¿Evaluarán con instrumentos confiables los aprendizajes? ¿Regresarán para planear la articulación del ciclo escolar con el próximo? ¿Cada uno hará lo que buenamente considere oportuno?

Por otro lado, sigue vigente la pregunta por las escuelas a que volverían los niños, entre otras cosas, por las condiciones materiales, sanitarias y pedagógicas.

Si los niños regresaran de forma escalonada, ¿cuánto se duplicará el trabajo de los maestros? Un maestro de primaria con 24 estudiantes, por ejemplo, tendría que organizar 3 subgrupos; en bachillerato, con 40 alumnos, el profesor tendría que dividirlos en 4. ¿Cómo lo harán?

La decisión que se tome en este sentido, tendría que ser comunicada de forma clara, unívoca y oportuna, y capacitados los maestros para que el regreso no sea una tortura.

También, la Secretaría de Educación Pública, y en los estados, tendrían que saber ya, y estar trabajando en ello, cuántos maestros contratarán para sustituir a aquellos con salud de riesgo alto. Y cuánto personal se precisa para apoyar las tareas higiénicas en las escuelas que no lo tienen para cumplir las instrucciones difundidas.

Falta explicarnos si otra vez, de nuevo, la base de todo será, únicamente, la pura voluntad de los maestros.

 

 

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