Sobre la vida y la muerte

La mejor definición que encontré sobre la muerte es la más corta y parece muy simple: así es. Su autor es un pensador rumano heterodoxo, corrosivo y provocador: Emil Michel Cioran. Tiene razón. La muerte es así. Nada hay contra la muerte, y la única condición para que aparezca, el único requisito es estar vivo. Solo lo inanimado escapa a ese destino.

Frente a la inevitabilidad de la muerte hay distintas opciones. Una es cuidarse en extremo hasta la huida, que Joaquín Sabina caricaturiza magistralmente en “Pastillas para no soñar”.

Otra es la actitud de los niños pequeños que no tienen clara consciencia del riesgo y de la propia muerte; que juegan y su vida toda parece un juego. Bueno, me refiero a los niños que tienen papá y mamá, casa y comida caliente, no a los que viven en las calles pegados a la espalda de la madre o durmiendo en los camellones mientras ellas ganan unos pesos, por ejemplo.

Una tercera actitud es la de asumir, como el filósofo francés André Comte-Sponville, que la vida es riesgo y, por tanto, oportunidad, que debemos vivir sin dejarnos paralizar por el miedo, sin correr hacia el precipicio pero tampoco acostarnos a esperar la muerte.

Vivir así es una aventura cotidiana, una experiencia vital, y se vive igual el lunes o el miércoles que el sábado o domingo. La muerte nos encontrará siempre, más tarde o más temprano, y cuando llegue mejor haber vivido que haber huido; creo.

Pasen felices fiestas decembrinas: disfrútenlas y cuídense lo necesario.

¡Hasta pronto!

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