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¿Qué hacemos para mejorar la educación?

El 7 de mayo la Junta de Gobierno del Instituto Nacional para la Evaluación de la Educación (INEE) presentó en conferencia de prensa Educación para la democracia y el desarrollo de México, “un conjunto de reflexiones… cuyo propósito es contribuir al fortalecimiento del Sistema Educativo Nacional”. Responde a la pregunta que titula esta colaboración, desde una perspectiva fundada en las capacidades personales de los consejeros y el trabajo del Instituto durante los años recientes.

La pregunta es sencilla y urgente; la respuesta, compleja, se sintetiza con claridad en 32 y 74 cuartillas, extensión de las versiones disponibles en www.inee.edu.mx. La iniciativa es animada por las tareas centrales del INEE, especialmente la que indica, según el propio documento: “Crear una sociedad informada en materia educativa y estimular con ello la participación social en el debate educativo”.

El título es toma de posición: el Estado educa para la democracia y para el desarrollo integral de los individuos y la nación. La definición podría parecer inocua, pero es relevante, porque deriva procesos, mecanismos y criterios para evaluar avances.  Si el sentido de la educación es promover la ciudadanía, por ejemplo, los procesos que desarrolla el sistema escolar deben colocarlo en el centro; implica la asunción del hecho educativo como bien público y función social (por tanto, política), más allá de la alfabetización o certificación para la escolaridad.

El documento se compone de varios apartados de lectura ágil: principios de la política educativa, objetivos de la política educativa, problemas del sistema, actores principales, temas estratégicos, el INEE en la política educativa y diez propuestas.

La Introducción reconoce la centralidad de la educación para el país, a partir del condicionamiento que experimenta por el contexto económico y social. Recupera evidencia incontrovertible: “es difícil esperar que reformas internas del sistema educativo tengan el éxito deseado si no se remueven de manera simultánea circunstancias del contexto que colocan a muchos mexicanos en situación de extrema adversidad”.

Los resultados del Plan Nacional de Evaluación de los Aprendizajes en 2017, en secundaria y media superior, demuestran de manera rotunda el peso de las variables del entorno en el logro de aprendizajes en las áreas que miden las pruebas.

Cinco principios de la política educativa privilegia la Junta de Gobierno: la rectoría que el Estado debe ejercer en educación; el derecho a la educación, que no puede reducirse nunca más solo al acceso a la escuela; la educación con justicia, anhelo que tuercen las desigualdades sociales, y colocan en riesgo permanente a la escuela como reproductora de desigualdades entre regiones, grupos e individuos; atención a la diversidad, para combatir todas las caras discriminatorias que refleja el sistema educativo, como el abandono en secundaria y media superior, de cuyas filas son expulsados cada año más de un millón de estudiantes. Finalmente, el principio de la evaluación como pilar para la mejora, que no es suficiente en sí mismo, si no está ligado a la toma de decisiones y a la deliberación inteligente, plural y comprometida de los implicados en la gestión educativa y pedagógica. Leer más…

Candidatos presidenciales en las universidades

En días recientes hemos leído, visto o escuchado que los candidatos presidenciales tienen encuentros con estudiantes de universidades privadas. Ahora toca el turno al Tec de Monterrey en la ciudad norteña. Por allá desfilaron varios candidatos. Me abstengo de nombrarlos; a juzgar por las notas periodísticas, unos con más fortuna que otros.

Que los candidatos desfilen por las universidades privada es una práctica sana, necesaria de cara a la juventud, tan golpeada en los años recientes por desapariciones como las de Ayotzinapa o Tonalá, por la precariedad laboral o los oscuros horizontes laborales que les acechan, en México y otros países.

Nadie puede estar en contra de que las juventudes habitualmente privilegiadas que asisten a las instituciones educativas más elitistas, como el Tec o el ITAM, tengan diálogos con las prominentes figuras de la política en momentos coyunturales. Lo que extraño es que los candidatos rehúyan, no sean invitados o no acepten acudir a las universidades públicas. Ignoro las razones, y tal vez peco de ingenuo, pero sigo sosteniendo que las universidades públicas son los espacios naturales para el ejercicio del pensamiento y la pluralidad, de las razones y las ilusiones, de las rebeldías y las voluntades inquebrantables que inciten a replantearse marcos instituidos. Es cierto, la experiencia o la realidad a veces contradicen mi optimismo.

Los candidatos no podrían estar en todas, pero me parecería un gesto de coherencia que pasaran por la UNAM, la Universidad de Guadalajara, la Autónoma de Nuevo León, de Yucatán o Colima. Que en las universidades públicas, sin boato, les recibieran los estudiantes y conversaran de frente sobre sus problemas, inquietudes y convicciones. O ante las comunidades de académicos, donde expusieran sus ideas educativas, sobre la ciencia y la cultura.

Los problemas nacionales no se resuelven en las universidades, pero es de allí, de sus egresados, estudiantes y profesores, de donde dimana una de las más poderosos fuerzas transformadoras de la sociedad.

Ojalá el lunes, el martes o cualquier día de las próximas semanas me despierte con las noticias escuchando que el candidato tal o cual conversó o discutió con los estudiantes de cualquier universidad pública del país. Ojalá.

Manuel Velasco Murguía: constructor de la cultura en Colima[1]

El Seminario de Cultura Mexicana nació en una época singular de la historia nacional y mundial: el país había acogido la diáspora española, luego de la derrota de la República y el triunfo franquista; Europa se desangraba con la soberbia nazi, trituradora del patrimonio milenario y aspiraciones humanas. La conflagración bélica cambió sentidos y dividió bipolarmente al orbe.

Esas circunstancias temporales desembocaron en la renovación de la perspectiva cultural de las instituciones educativas de nuestro país, pues muchos de los exiliados ibéricos se incorporaron al naciente Colegio de México, a la Universidad Nacional y al Fondo de Cultura Económica, enclaves que recibieron sus aportes en varias parcelas del conocimiento.

El Seminario, fundado en febrero de 1942 por el presidente Manuel Ávila Camacho, tuvo honda influencia de José Vasconcelos quien, a pesar de que ya vivía otro horizonte cultural y político, aún era recordado en su mística revolucionaria, cuando fundó la Secretaría de Educación Pública, editó los clásicos griegos y con las misiones culturales extendió por la nación los efectos formativos para millones de mexicanos.

A esta generación constructora perteneció el maestro Manuel Velasco Murguía, uno de los fundadores de la Corresponsalía Colima del Seminario de Cultura Mexicana. Su legado persevera en quienes la integramos. Honrarlo es revitalizarnos, recordarnos, esto es, volver a pasar su huella por el corazón y la memoria.

El propio José Vasconcelos, hace casi un siglo, expresó que un sentido de la palabra revolucionario aplica para quien construye más y mejor. Esa impronta es fiel para la vida caleidoscópica de Manuel Velasco Murguía.

Gran parte de su trayectoria profesional estuvo ligada a la educación en dos instituciones: la Normal de Maestros y en la Universidad de Colima, como coautor del proyecto que la parió en 1940, en este mismo edificio, durante el gobierno de Pedro Torres Ortiz, al lado de otro gran docente, Rubén Vizcarra Campos.

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Trabajo adolescente y escuela en América Latina

El Sistema de Información y Tendencias Educativas en América Latina (SITEAL) es una plataforma de estadísticas, documentos, informes, debates y publicaciones para el «seguimiento de la situación educativa de niños, adolescentes, jóvenes y adultos en la región latinoamericana», en la búsqueda de asegurar el derecho a la educación.

Inspirado en ese ideal, en agosto de 2016 publicó un cuaderno sobre la situación de adolescentes trabajadores y los obstáculos para ingresar y permanecer en la escuela: “El trabajo de mercado como obstáculo a la escolarización de los adolescentes” (http://www.siteal.iipe.unesco.org). Sus autoras, Vanessa D’Alessandre, Yamila Sánchez y Ximena Hernández, trazan una cartografía de las dificultades para cumplir convenciones internacionales y leyes locales. Además, revisan algunos planes nacionales para la erradicación del trabajo infantil, elaborados entre 2000 y 2015, lo cual permite contrastar datos e intenciones gubernamentales.

Es verdad que en las décadas recientes los progresos en el acceso a la escuela son inocultables; prácticamente todos los niños de entre 6 y 11 años están en ella, ocho de cada diez de entre 15 y 17 años están escolarizados, y las leyes nacionales se extendieron hacia abajo y adelante; México y Ecuador son los más avanzados, al ofrecer educación a partir de los 3 y hasta los 17 años.

La expansión es innegable, pero también los problemas, en un mapa de desigualdades sociales que se reproducen cruelmente en el territorio de la institución escolar: niños y adolescentes que cumplen un doble papel, como estudiantes y trabajadores en la familia o fuera de ella, asalariados o no; niños y adolescentes que abandonan la escuela o nunca pisaron las aulas.

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Explorando zonas inéditas: el ingreso a la universidad

I. En el sistema educativo mexicano nos hemos acostumbrado a un extraño fenómeno que parece normal: que no todos los niños puedan ingresar a la escuela, que se rezaguen, que los que ingresan no terminen en tiempo y satisfactoriamente, que los afortunados que logran la meta final, con frecuencia lo hagan con déficit en la calidad de sus aprendizajes.

Pero este fenómeno, llamado trayectorias estudiantiles, abandono, rezago, deserción, no es normal, inevitable, mucho menos sano. Que no todos los niños y jóvenes vayan a la escuela que les corresponde, que no terminen todos y que muchos abandonen, es un problema severo que impide el derecho humano y constitucional a la educación.

El desafío es especialmente dramático entre las poblaciones marginales. Mujer indígena pobre es el último eslabón de la cadena de desgracias. De distintas maneras pero también preocupantes se experimenta (y sufre) el problema en educación media superior y superior.

Los datos del estudio coordinado por Mireya Abarca y Rubén González constituyen una ineludible llamada a profundizar en la comprensión y promover estrategias de mejora frente al abandono de la escuela y la incorporación de los estudiantes a la universidad.

Según lo reportado, una cuarta parte de los estudiantes de la muestra trabajan, lo que obliga a preguntarnos si el currículum y la práctica docente observan esa realidad. Pues ese grupo constituye, a decir de los autores: “una población particularmente vulnerable, que requiere –si se quiere evitar el abandono- que la institución realice acciones que permitan brindar una atención y seguimiento particular.” Pero ese nada más es un hallazgo de otros que revela la investigación.

El libro termina con una invitación perentoria: elaborar un plan de transición e integración al ambiente universitario para que los estudiantes desarrollen un recorrido escolar pleno. La agenda que proponen insinúa lo que el trabajo colegiado y en cada una de las escuelas debemos hacer.

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