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Aprende en casa 3

Esteban Moctezuma Barragán, secretario de Educación Pública, anunció que ya preparan la nueva versión de la estrategia nacional frente a la pandemia de COVID-19: Aprende en casa 3. Era una decisión predecible, como prolongar la no vuelta a clases, ante el alud de infecciones que recrudecieron las críticas cifras de la pandemia.

Alejandro Morduchowicz, experto argentino radicado en México, ha dicho que, en general, los ministerios de educación han sido rebasados e incapaces de enfrentarse a la emergencia.

México, la SEP, no escapa al juicio, aunque el secretario presuma que hemos ingresado a otra era de la educación digital, en declaración que mezcla cinismo y demagogia.

Asumirse como excepcionales, para bien o desgracias, parece un rasgo del ser latinoamericano. Exhibe ignorancia o cinismo, o ambas cosas y algo más.

Con los estudiantes del curso que imparto en Pedagogía de la Universidad de Colima, hicimos un estudio comparativo de los sistemas educativos frente a la pandemia en la primera etapa del confinamiento. En conjunto, habremos estudiado unos 35 o 40 países y encontramos diferencias con el caso mexicano, como similitudes, pero entre los sistemas universalmente reconocidos como extraordinarios, no estará el mexicano.

Estamos a tiempo, muy a tiempo de planear el inicio del 2021 y aprovechar las lecciones que ya nos dejó la pandemia. Eso o seguir la lamentable estela de improvisaciones. Aplica para los sistemas educativos, pero también para las instituciones, como las universidades. La exigencia es la misma: evaluar para comprender, planear las estrategias más adecuadas, después evaluar, corregir y así. Eso, o la improvisación, como ha sido.

La pandemia es, también, la oportunidad para demostrar las lecciones aprendidas. Veremos si lo aprueban los responsables. Por ahora, están suspendidos.

 

35 años de Pedagogía. Balances y perspectivas

El lunes 30 de noviembre presentaremos ante la comunidad de la Facultad de Pedagogía, en la Universidad de Colima, el libro conmemorativo con el título de esta columna. La tarea de coordinación fue de su director, Francisco Montes de Oca, y de quien escribe. A continuación, les comparto el texto introductorio.

Presentación
En 2015 la Facultad de Pedagogía cumplió 30 años. La primera escuela superior que fundó la Universidad de Colima fue Derecho, pero la primera con el rango de facultad es la nuestra, al ofrecer estudios de posgrado en educación. Conmemorar el acontecimiento ameritaba un ejercicio colectivo de reflexión. Así lo hicimos en el libro Memoria y presente. Tres décadas de Pedagogía en Colima, en el cual varios profesores escribimos capítulos desde diversos ángulos. Por su naturaleza no cabían todos los temas, pero dejamos constancia de progresos y desafíos.

En 2020 la Facultad sigue madurando: la licenciatura permanece como programa acreditado por su calidad; los resultados de los egresados en el examen general de egreso la mantienen en el padrón del Centro Nacional para la Evaluación de la Educación Superior, y a la oferta se sumó la Maestría en Innovación Educativa, incorporada recientemente al Padrón del Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología.

Los avances son notables, pero los desafíos también crecieron, especialmente en este año en que el mundo se sacudió y sigue perplejo ante los efectos devastadores de la pandemia provocada por el COVID-19, cuyo saldo en infecciones y muertes en el país desbordó todas las predicciones, incluso, las más catastróficas que suponía el Gobierno Federal.

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El Diego es eterno

Primer tiempo
Hace algunos meses, cuando la pandemia nos había robado el futbol en vivo, la televisión, pródiga en satisfacer deseos e inventarnos otros, repitió partidos de todas las calidades y para variados gustos. Sólo uno vi completo. Fue por azar dominical. En el calor del mediodía, harto del trabajo semanal, me planté frente al aparato, encendí el ventilador y puse los pies sobre otra silla. Busqué y busqué, hasta encontrar la voz de uno de esos viejos narradores que fueron habituales en la televisión pública de otras décadas. En la primera impresión creí que la imagen fallaba, por la nitidez de la transmisión. Miré el control y luego froté los ojos. No mejoraba la señal. Enseguida, fui reconociendo de a poco a los futbolistas, el público, los equipos, el sonido ambiental. Era la final del México 86, el trepidante Alemania contra Argentina, jugado a las 12 del día en la altura del entonces llamado Distrito Federal.

¡Este es, este quiero! Apenas habían sonado los himnos y comenzaban a rodar las emociones de dos naciones futboleras en el mítico estadio Azteca, el único escenario donde ganaron una copa del mundo los reyes del fútbol: Pelé, en 1970, colocándose solo la corona mientras levantaba la Jules Rimet, y Diego Armando Maradona, el Diego, 16 años después, echándose encima al equipo y a un país incrédulo.

Busqué a Juan Carlos, de 10 años, en el improvisado salón del quinto grado grupo B, en el huequito de la escalera. Ahí estaba, infaltable, con los pies encima de la mesa blanca, sus audífonos y jugando en la tableta. Le llamé de inmediato. No escuchó. Repetí. ¡Ven, por favor! De mala gana se sentó a mi izquierda. Con emoción le conté qué partido era y que ahí estaba el Diego. Me hizo tres preguntas casi de golpe: ¿y cómo quedaron? No te diré, le contesté. Velo conmigo. Hizo un gesto de resignación y luego le pedí que observara el partido. ¡Ahí está, ahí está, ese es Diego! ¿Maradona, ese es Maradona? Sí, ese es. Su gesto fue de sorpresa; remachó: ¿y qué le pasó? Seguramente había visto las imágenes más recientes del Diego, en las condiciones tan lastimosas que aparecía ya desde su paso por Dorados de Sinaloa. Así era Diego, hijo, así era cuando Dios bajó a la cancha para hacernos felices.

Segundo tiempo
Leo Messi, poco afecto a gastar palabras, escribió una despedida a Diego y su mensaje en Instagram se replicó por todas partes: Nos deja, pero no se va, porque el Diego es eterno.

Leo es argentino, pero no porteño; es rosarino, como el Che Guevara, Roberto Fontanarrosa y Fito Paez. Diego, de barrio pobre bonaerense, verbo prolijo, ingenioso dentro y fuera de la cancha, generoso hasta el exceso; por eso vivió al límite la fiesta y el fútbol, la política y sus convicciones. Pero Diego es ya universal.

La frase de Leo, genio definiendo la inmortalidad del genio que tuvo como ídolo, es una de las que quedarán para siempre en esta canchita de la vida, el futbol, que parece menor, pero conmociona y atrapa sin igual la atención mundial, como constatamos ahora.

Por eso, el presidente de Francia, Emmanuel Macron, escribió un texto impecable por la partida del Diego, que la Casa Rosada tiene en su portal. Por eso, los textos bellísimos que hemos leído en estas horas, de Juan Villoro, por ejemplo; y las palabras que le dirigieron algunos de los personajes mayúsculos del fútbol, como su compatriotas Diego Simeone y Jorge Valdano, Pep Guardiola y Zinedine Zidane, o el mensaje de Pelé, quien lo despidió con el deseo de encontrarse en el cielo para jugar al balón. O el papa Francisco.

Diego, ave tempestuosa, vivió entre el Olimpo de la victoria y el lodo de los escándalos por drogas o sus relaciones sentimentales, pero en estas horas la unanimidad se centra en su legado al futbol de cancha y contra los poderes que lo gobiernan. De lo otro, ¿quién tiene la autoridad moral para juzgar al prójimo?

Quizá la mejor despedida para el Diego, además de lo dicho por Leo Messi, es una pancarta que encontró Pep Guardiola en Buenos Aires el año pasado y lo contó ayer: “No importa lo que hayas hecho con tu vida, Diego, lo que importa es lo que has hecho por las nuestras”. Ese es el Diego, el Diego de la gente, como titula a su autobiografía.

¡Gracias, Diego!

Volver a las escuelas: cómo y cuándo

El debate por la vuelta a las escuelas en estos tiempos de pandemia tiene dos posturas firmes: no a la presencialidad, hasta que haya condiciones sanitarias y laborales o vacuna; la otra, prolongar la modalidad remota de educación perjudicará más las posibilidades de los que menos tienen, es preciso, por lo tanto, volver a las aulas, pues distintas evidencias muestran que los niños no son el foco de propagación supuesto.

Se discute el tema en distintas latitudes; en México menos, pero ocurrirá en algún momento con fuerza.

Esta mañana leí el pronunciamiento de un grupo diverso de educadores argentinos; proponen un “acuerdo de concertación educativa” para que el 2021 sea mejor que 2019 y logremos el retorno seguro y con los aprendizajes adquiridos de estos meses.

Mariano Narodowski, uno de los promotores de la iniciativa, en su cuenta de Twitter plantea una idea sugerente para invitar a la lectura: proponer la vuelta a clases sin ideas y criterios concretos, para funcionarios concretos y escuelas concretas, no parece muy productivo. Así lo creo. El debate debe superar la grieta o fractura entre posiciones políticas y pedagógicas e instalarse en otra perspectiva. En México también aplica.

A continuación, por su valía para un debate con ideas, comparto en forma breve los 12 puntos de la iniciativa suscrita por un abanico creciente de personas con posturas divergentes, pero que suman a la necesidad de superar la situación que enfrentan Argentina y otros países del continente.

1. Todos queremos que las escuelas reabran y así regresar a la educación presencial.
2. La educación debe ser prioridad real, no una mera declaración.
3. La vuelta a clases requiere un consenso que incluya a todos los actores de la educación.
4. No queda margen para seguir descuidando la infraestructura sanitaria básica en las escuelas.
5. Es urgente garantizar las condiciones de conectividad y equipamiento para los sectores que no cuentan con ellas.
6. Es preciso mapear y movilizar todos los recursos para garantizar el derecho a la educación, priorizando a los sectores desfavorecidos.
7. La vuelta a la escuela no puede ser improvisada.
8. Los docentes conocen como nadie el territorio real. Es imprescindible que las decisiones incluyan también a directivos y docentes en los ámbitos de gestión y decisión, dado que las respuestas deberán ser diversas, según las características de cada institución.
9. El peor escenario es la autonomía escolar perversa, en la que cada institución y cada docente resuelven los problemas aisladamente y con muy escasos apoyos y acompañamiento
10. La escuela es también ese lugar en el que se detecta y actúa ante la vulneración de derechos.
11. Los problemas socio-pedagógicos emergentes requieren un abordaje que articule macro y micro políticas educativas.

La número doce la copio completa por su valor y convocatoria: “2021 tiene que ser mejor que 2019. No hay certezas; hay desigualdades y problemas socioeducativos que se arrastran desde hace mucho tiempo. Pero contamos, por un lado, con una enorme experiencia pedagógica y didáctica acumulada gracias al gran esfuerzo que realizaron los docentes este año en todas las escuelas del país, y por el otro con investigación en territorio desde universidades públicas, privadas e institutos de formación docente. Con esa materia prima se pueden dar respuestas nuevas para los desafíos que se nos imponen, esperando que la política educativa las promueva, las apoye, las acompañe y las potencie”.

Un debate educativo razonable, informado y al margen de las posturas pro o contra el gobierno federal (para salvar la “grieta”, dicen los colegas argentinos), es indispensable para que en el regreso a las escuelas aprobemos el examen de las lecciones que no está dejando, a manos llenas, la pandemia.

La necesidad del encuentro pedagógico

Hace un mes comenzamos la agenda de presentaciones del libro Cuando enseñamos y aprendimos en casa. La pandemia en las escuelas de Colima, registro de múltiples voces de distintas procedencias y funciones diversas al interior del sistema educativo local.

A la fecha, acumulamos ocho eventos en instituciones educativas, el portal periodístico Educación Futura y en la Secretaría de Educación, donde arrancamos el periplo. Las satisfacciones son inmensas, aunque también hemos tenido penas en el viaje.

Cada una de las sesiones en pantalla, con sus diferencias, por naturaleza de auditorio y comentaristas, estuvo llena de buenos momentos. La última presentación, el sábado anterior, tuvo otras particularidades: fue presencial en el Seminario Diocesano de Colima, ese pequeño oasis al norte del estado, con una asistencia reducida pero muy receptiva y con formato más dialógico.

Comenzamos la mañana con la participación de tres estudiantes, Oscar, Heliodoro y Aldo, quienes leyeron sus opiniones en tonos distintos pero muy interesantes. Luego vino el diálogo con un puñado de preguntas de los estudiantes y del rector, el presbítero José Luis Torres Govea, atento con cuaderno y pluma a la mano.

La jornada, bien planeada por Juan Carlos Meza Romero, fue un encuentro pedagógico espléndido. Reencuentro con los otros, en torno a un fenómeno mundial que interpela de raíz la vocación magisterial y el sacerdocio de los ahí actuantes, pues ambos sufrimos los efectos que nos obligan a cuestionarnos por el sentido de nuestras labores.

Los meses de confinamiento pedagógico han dejado una estela de efectos negativos, unos temporales y otros que podrían ser estructurales, pero también nos han ofrecido posibilidades nuevas, que eludíamos o no habíamos visto, entre otras, para la valoración del diálogo frontal, de mirarnos a la cara al mismo tiempo y encontrarnos con diferencias, pero atados por las misiones, para reconocer que en el acto educativo, sin emoción, la posibilidad del aprendizaje y la buena educación se difuminan.