Blog

Maestros de primera y de segunda

Seguí con atención el debate por los servicios médicos de los maestros de la Sección 39 del Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación. Leí argumentos de ambas partes, y de terceros. Entiendo algo de las razones y motivaciones. Una de las declaraciones se me quedó dando vueltas: no puede haber maestros de primera y de segunda, argumentaron para sustentar la propuesta de quitarle los servicios médicos particulares a los agremiados. Quién lo dijo es irrelevante para esta reflexión; importa el problema que revela: la condición de los maestros.

Creo que todos estamos de acuerdo: no puede haber unos maestros en mejores condiciones y otros en el inframundo. El piso mínimo de los docentes (no entro en otras profesiones) debe ser parejo; pero me rebullen las dudas: si unos tienen una posición conquistada, ¿deben perderla para descenderlos dos pisos? La buena salud no es privilegio, es acto de justicia, sobre todo en una profesión tan desgastante física y emocionalmente.

Afirmar desde la comodidad o la ignorancia que no puede haber maestros de primera y de segunda parece una posición muy “progre”, pero destila ignorancia. Explico. En el país, en Colima, hay maestros de primera, de segunda, de tercera… No por su valía, o por sus empeños cotidianos, sino por las condiciones en que laboran unos y otros, por el trato que reciben, por la situación en que se los coloca. Si se trata de cambiar el estado de cosas para bien, ¿hay que mirar hacia adelante o al pasado? ¿Para arriba o para abajo? ¿Progresar o retroceder?

Ahondo. La docencia es una profesión precaria para miles y miles de profesores en México. No estoy descubriendo nada, ni soy pionero en el tema. Abundan ejemplos. Ahora mismo los profesores de inglés están denunciando en redes sociales las condiciones en que trabajan: sin seguro médico, sin prestaciones, sin aguinaldo. ¿Esos maestros de inglés son de segunda o de tercera? ¿Es admisible el trato que reciben?

La existencia histórica de maestros laborando sin plaza o base, “por contrato”, divide, precariza y estigmatiza. Si se piensa que tener servicios médicos particulares para los maestros es un privilegio (que paga parcialmente el propio trabajador), habría que pugnar, especialmente quienes toman decisiones, porque todos tengan la atención médica digna que hoy está lejos de la gran mayoría de los mexicanos. La salud es un derecho, y estar registrados en una institución pública no garantiza buena atención, como estar inscrito en una escuela no garantiza buena educación.

Ojalá las soluciones del nuevo gobierno atiendan las raíces de los problemas y no algunas de las consecuencias. La primera prueba desacredita: el presupuesto para 2019 no vislumbra la eliminación de terribles desigualdades y puede acentuarlas.

Ojalá no haya maestros de segunda, ni de tercera o cuarta, esa tendría que ser la genuina preocupación y una de las batallas más importantes. Deseo que pronto conozcamos el proyecto para que todos los maestros en México, paulatinamente y con transparencia sean de primera. Eso sería en verdad transformador.

Evaluación docente: sí o no. Los maestros de Colima

La reforma educativa de Enrique Peña Nieto fue reducida a la evaluación docente, y más puntualmente, a la evaluación para la permanencia. No fue accidental. La creación del Servicio Profesional Docente atentaba contra intereses y prácticas rancias, contra redes de complicidad noqueadas con el encarcelamiento de la poderosa jefa vitalicia del Sindicato. La intención era aceptable, las formas de implementación fracasaron. La condena gubernamental juzgó, sin derecho a defensa, que el Instituto Nacional para la Evaluación de la Educación (INEE) era el culpable y por eso, explicó el secretario de Educación, se le pretende eliminar. La historia es compleja y no se puede contar en 800 palabras.

La puesta en marcha de la evaluación docente fue desafortunada y dejó secuelas. Se suavizaron las formas, pero prevalecieron inconformidades. Las críticas expertas y las resistencias magisteriales, acentuadas en algunas entidades, anidaron cuestionamientos severos que nunca desaparecieron y fueron aprovechados en la campaña presidencial. El nuevo gobierno propone exterminar con la varita mágica de los 30 millones de votos y el control del Congreso de la Unión el sistema para evaluar docentes. Su alternativa todavía no se esboza: solo se anuncia una evaluación ligada a la formación. La intención por sí sola no basta, por su nivel de vaguedad. Veremos qué propone.

Entre los consensos en los expertos aprecio uno: que el ingreso a la carrera magisterial sea por concurso. Es decir, que desapareciendo el entramado creado con la reforma educativa, persista el examen de ingreso en una versión revisada y probablemente mejorada.

Una de las funciones que desempeñó el INEE en los procesos de evaluación de maestros fue la supervisión en algunas de las sedes de todas las entidades, así como la aplicación de una encuesta de satisfacción anónima y voluntaria. Explora aspectos como la convocatoria y el registro, la atención de las autoridades, la aclaración de dudas, la utilidad de las guías de estudio, la relación entre las guías y los exámenes, los contenidos del examen (claridad de preguntas, aspectos, extensión contextualización), las condiciones de las sedes, el funcionamiento de los equipos y el apoyo de los aplicadores.

Leer más…

Tarjetas navideñas 2018

En los años infantiles las tarjetas navideñas eran usuales en mi pueblo; casi una obligación que sellaba amistades. En octubre o principios de noviembre los vendedores llegaban a casa con sus catálogos del año en turno, 1976, 1977, 1978, y así. Los papás, las mamás, sobre todo, elegían entre aquellas coloridas páginas las imágenes y mensajes; las primeras, incluían paisajes remotos, nevados, pinos de otras latitudes, personajes distintos, o los pesebres, el Niño Dios y los Reyes Magos. Seleccionadas, había que decidir el número y pagar anticipo. Llegarían semanas después; bienvenidas con algarabía. El de mejor letra, los papás o los hijos, escribían los destinatarios, o en máquina de escribir, cuando había. Luego el reparto al nacer diciembre.

Los árboles navideños artificiales no existían en el pueblo. Había que hacerlos con las manos y la imaginación, con los recursos disponibles. En mi caso, con papá o el abuelo Antonio salíamos a los campos cercanos que rodeaban el pueblo, guadaña en mano, a cortar la rama apropiada, para secarla al sol, pintarla de blanco o plateado, y adornarla con esferas que fácilmente se rompían, rodearlas con los lazos que también trenzábamos en casa; por último, los foquitos, que usábamos una y otra vez, solo cambiando los desperfectos del año previo. Y encima, entre las ramas, las tarjetas navideñas, como adorno orgulloso, pues entre más tarjetas, más amistades gozaba la familia. ¡Qué tiempos! Tan lejos de la mercadotecnia, tan cerca de la maravillosa sencillez.

El país de los 30 millones

Treinta millones de votos son el caudal que recogió el presidente en su campaña. Mucho más de treinta millones, si sumamos los que abonó a los candidatos de su movimiento y le permitieron la mayoría en las Cámaras de Diputados y Senadores, congresos locales y ayuntamientos. Treinta millones de votos pueden usarse como aval para cualquier reforma, para cualquier decisión; justifican cualquier dislate.

Más de treinta millones de estudiantes tiene el sistema educativo de preescolar a las universidades e instituciones de enseñanza superior. Plagado de problemas que no se resuelven de la mañana a la noche, que no se solucionan por decretos ni en el Congreso de la República, lejos de los salones de clase. La reforma moribunda es ejemplo.

Leer más…

La formación que nos falta

La discusión por la Ley de remuneraciones profundiza la brecha entre seguidores y adversarios del presidente. La diferencia no es irrelevante y sigue creciendo. Varios capítulos se escribieron antes del 1 de diciembre: la lluvia de iniciativas en el Congreso, sin consensos entre los legisladores y los hoy secretarios, sin comunicación; las desafortunadas declaraciones de Paco Ignacio Taibo II, que disgustaron en los mismos sectores del movimiento gobernante; además de las consultas impulsadas por el presidente con decisiones previamente anunciadas.

Leo hoy a un tuitero más o menos popular comparando los sueldos de los jueces en varios países; afirma, sin pudor, que los mexicanos son los de más altos salarios y “los más corruptos”, contrastando con Brasil, España o Estados Unidos. No sé si hay un índice oficial que mida el indicador de corruptelas, o las evidencias que sustentan el dicho, pero la ligereza me asombra, solamente por recordar el escandaloso caso de la justicia brasileña que descalificó a Lula para contender por la presidencia.

Lo inquietante es la facilidad con que se califica y descalifica a unos u otros. Intolerancia, se llama la actitud. Y la descripción es fácil: quien no piensa como yo o nosotros, está en mi contra, o es francamente tonto o corrupto. De un lado y de otro se advierten juicios de ese tipo. En una batalla electoral puedo encontrarle sentido, justificación, pero después dudo que ayude mucho a la construcción social, a partir de remarcar las diferencias hasta volverlas irreconciliables, porque de un lado están los salvadores de la patria y del otro todos los que querían hundirla o se sirvieron de ella, sin medias tintas, sin matices, irracionales.

Seguramente la cosa no es tan simple como yo la veo, pero tampoco es tan barata la organización de las ideas entre el blanco impoluto y el negro podrido. Entre el régimen funesto y la operación renacimiento.

La intolerancia germina otros monstruos, como la irracionalidad, el odio, la violencia en distintas manifestaciones, el deseo destructor. Faltan equilibrios, que deriven de la necesidad de reconocer que la vida tiene límites y precisa acuerdos, consensos, equilibrios; que la política sirve si es capaz de escuchar a todos, especialmente a quienes piensan distinto.

Una lección magistral aprendí hace muchos años del maestro Pablo Latapí: el que no piensa como yo, me ayuda. Lo que vemos ahora en declaraciones y posturas es exactamente lo contrario. El peligro es que pensar distinto sea censurado, y descalificada la persona, no sus ideas, adorando el monólogo.

En política, como en educación, pensar distinto es condición para avanzar cualitativamente, porque sometemos al juicio de la razón las ideas y elegimos lo más adecuado. Pensar distinto es, además, expresión de la diversa, compleja y potente inteligencia humana. Inteligencia que hoy, en momentos y personas, parece un bien escaso o en proceso de disolución. Es la formación que nos falta.

Retos educativos para el nuevo gobierno

La expectativa sobre la gran transformación del país produce un efecto doble, por lo menos: entusiasmo ante la posibilidad de cambios sustanciales, de lo cual pueden derivarse adhesiones y actitudes positivas; pero, en esa medida, el reclamo por resultados instantáneos, y el educativo es territorio agreste para cambios inmediatos.

A riesgo de simplificar, la raíz de muchos de los problemas educativos se hunde en la historia, con sus tendencias, costumbres, prácticas y vicios. Las dificultades que estallan en la escuela suelen engendrarse o exacerbarse por el contexto sociocultural y económico. Además, los cambios requieren diagnósticos precisos y alternativas pedagógicas plausibles, bien comunicadas, mejor soportadas y acompañadas con sensibilidad.

Los diagnósticos del nuevo gobierno federal todavía no los conocemos, porque apenas se instala, aunque ya se han hecho públicas buena cantidad de ideas e iniciativas, unas más o menos sustentadas; otras, insolventes.

En los diagnósticos de la educación en México hay desafíos inapelables. Sylvia Schmelkes, consejera del Instituto Nacional para la Evaluación de la Educación (INEE), expuso una parte de ellos durante su participación en el panel “Los retos de la educación frente al nuevo acuerdo educativo”, realizado en el arranque de la Feria Internacional del Libro de Guadalajara. En su conjunto, podrían agruparse en torno al derecho a la educación: el primero o uno de los primeros grandes pilares para cualquier transformación estructural del sistema educativo.

El siglo transcurrido a partir de la fundación de la Secretaría de Educación Pública, en 1921, atestiguó progresos extraordinarios en el sistema educativo nacional, cuyo tamaño lo convierte en el tercero más grande de América, después de Estados Unidos y Brasil. De una población abrumadoramente analfabeta, transitamos a más de 35 millones de alumnos de preescolar a la universidad, aunque prevalecen enormes zonas oscuras.

Leer más…