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Un marco para el regreso a clases

Fernando Reimers y Andreas Schleicher documentaron las respuestas de 98 países ante la pandemia. El reporte se llama “Un marco para guiar una respuesta educativa a la pandemia del 2020 del COVID-19”. Su lectura es insumo para tomadores de decisiones que preparan el regreso a las actividades, pero también, pero analizar las decisiones con sentido crítico y perspectiva.

La tesis principal de los autores, Reimers de Harvard y Schleicher de la OCDE, es que la pandemia interrumpirá “significativamente” las oportunidades educativas a nivel mundial, lo cual obliga a diseñar estrategias que respondan a las evidencias aportadas por la investigación educativa.

La pérdida de oportunidades tendrá efectos disímiles entre países y dentro de cada uno. En todos los casos, los estudiantes de ingresos familiares más bajos sufrirán mermas severas. A su juicio, las diferencias en los aprendizajes durante la pandemia y después, estarán condicionadas por el apoyo de los padres, el apoyo que las escuelas sean capaces de ofrecer, las diferencias entre estudiantes en su motivación, resiliencia y habilidades para aprender de forma independiente, además, por supuesto, de las condiciones del equipamiento tecnológicos en distintos contextos.

La primera parte del documento ofrece una lista de verificación con 25 temas que deben guiar el desarrollo de una estrategia en cada nivel de los sistemas, de lo federal a lo local, e incluso por escuela.

La primera tarea es el establecimiento de un grupo diverso e informado, encargado de la coordinación general. Enseguida, entre otras: definir un cronograma, los principios centrales (proteger la salud de estudiantes y personal, garantizar aprendizaje, ofrecer apoyo emocional…), identificar la viabilidad y medios.

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Fin de cursos: hora de evaluaciones

El viernes terminó el ciclo lectivo en las escuelas públicas de educación básica. Se acabó el programa “Aprende en casa” (y enseña desde casa) y viene un verano “divertido”, anunció el secretario de Educación Pública, Esteban Moctezuma.

Es hora de evaluar las estrategias usadas para continuar el año escolar trunco por la pandemia, pero no solo el trabajo de las maestras, ni el aprendizaje de los niños con respecto al currículum oficial. Si asistimos a la transformación del sistema educativo, es buen momento para ensayar la evaluación de 360 grados, para que todos los actores del proceso tengan el derecho y la libertad de opinar; de examinar y ser examinados.

Que los niños, en el momento oportuno, sean evaluados en sus aprendizajes es necesario, servirá para diagnósticos y planeaciones; pero que también los niños evalúen lo que les correspondería juzgar: a sus maestros, materiales, tareas, horarios, programas de televisión y plataformas digitales, actividades, retroalimentación recibida.

Que los maestros evalúen a sus directoras y supervisores; por ejemplo, las decisiones y sus tiempos, canales de comunicación, acompañamiento, entre otros aspectos. Que los directores y supervisores hagan lo propio. Leer más…

UNA PEDAGOGÍA CONTRA EL AISLAMIENTO

La educación es el tercer tema mundial de debate y reflexión en tiempos de pandemia, después de la salud y la economía. La profusión de seminarios web, conferencias en línea, encuentros virtuales, entrevistas con expertos, documentos de organismos nacionales e internacionales y libros vuelve imposible la intención de leerlos o presenciarlos todos.

Entre los documentos más provocadoras están las “Once tesis urgentes para una pedagogía del contra aislamiento”, redactado por “Pansophia Project”, disponible en “Panorama. Portal de política educativa en Iberoamérica” (panorama.oei.org.ar).

Sigo las actividades de Pansophia Project en redes sociales desde hace tiempo por Mariano Narodowski, uno de sus integrantes e inspiradores. Se define como “un colectivo de pensamiento, experimentación, investigación y formación dedicado a comprender los procesos de disrupción creativa que se están operando globalmente en el campo educativo. Sin ataduras ni prejuicios, asumimos la historia de lo escolar y trabajamos en el presente y en los futuros posibles de la educación, incluso los improbables”.

A su horizontalidad aunan diversidad de formaciones, posiciones políticas y ocupaciones, virtud imprescindible y escasa en momentos de intolerancia e incertidumbre. Con esa perspectiva, lo que sucede hoy en Argentina, México o el mundo es material precioso para sus actividades, que realizan suelen realizar a través de las ZIP, Zona de Intercambio Pansophiano (ZIP), “espacio de reflexión sobre temas claves de la agenda pansophiana, en los que personas de diferente formación e inquietudes dialogan simétricamente e integran perspectivas”, y del Instituto para el Futuro de la Educación.

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PANDEMIA Y UNIVERSIDADES

Muchas horas de trabajo reciente dediqué a estudiar las consecuencias de la pandemia en las instituciones de educación superior. Complemento el aprendizaje con una dotación sustanciosa de seminarios web y conferencias en línea con personas de distintos lugares del mundo, en temáticas diversas y posturas amplias.

Cuesta procesar tal profusión informativa. El cuaderno rojo que destiné para tomar notas suma sin cesar páginas en tinta negra. A veces pauso la agenda y observo otros paisajes, luego vuelvo.

En la semana leí, entre otros documentos, el libro con más de treinta capítulos breves escritos por académicos del Instituto de Investigaciones sobre la Universidad y la Educación de la UNAM, que me envió su director, Hugo Casanova, con quien tuve la fortuna de estudiar en uno de sus cursos de posgrado.

En el libro encontré algunos capítulos muy interesantes; lo mejor es la intención de contribuir a un debate que va requiriendo puntos cardinales para no sucumbir ante la infodemia.

Entre las reflexiones más interesantes que escuché están las de Boaventura de Souza Santos en su conversación con Pablo Gentili para el Ministerio de Educación argentino. Para “Boa”, las universidades antes de la pandemia ya vivían acosadas, maltratadas por el gobierno en algunos países, como Brasil; en otros, sujetas a restricciones presupuestales, México por ejemplo.

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OFICIO DOCENTE: GRATITUD SIN FRONTERAS

Hace mucho tiempo descubrí que el reconocimiento más esencial como profesor no se debe buscar como objeto perdido, tampoco como pieza de colección. Que cuando lo ganamos, normalmente llega tiempo después de habernos encontrado por última vez con los estudiantes en el salón de clases, cuando aquilatan nuestro trabajo, lo comparan con su práctica, con otros maestros que conocieron o con quienes ahora trabajan. Entonces, transcurridos los años, al dar vuelta en una esquina, en la plaza o en cualquier parte, nos reconocen, nos reconocemos y aparecen palabras que indican que no hay solo un gesto amistoso, sino gratitud genuina. También se cosechan esos frutos, cuando sembramos, repito, en algunos momentos de la vida.

Con esa idea peregrino en mi labor docente, sin pretender conquistar los premios de popularidad (a los que nunca aspiré) o buenaondez. Voy al salón de clases para dejarlo todo en cada sesión; a veces sale buena la clase, otras fatal. A veces quisiera no haber llegado, pero también escucho en otras, los “gracias” de los estudiantes al final de la sesión. Ese gracias, mientras salen huyendo con la mochila, es un pequeño dulce en la boca del niño durante el recreo.

Este sábado encontré en Facebook uno de esos regalos y me conmoví. Más que eso. Lo sentí en la piel y en el alma. Me emocioné, perdonen la fatuidad. Es un párrafo escrito desde alguna parte de España por una educadora, Marina Espada, que vino a la Universidad de Colima un año, durante el cual ella y su compañera de viaje estudiantil, Gloria Lanchas, tomaron cursos conmigo; sobre Paulo Freire, recuerdo.

Sus palabras fueron el regalo más lindo que recibí en mucho tiempo a propósito del oficio de profesor. Escribió: “uno de mis mejores maestros, si no el mejor. Gracias por enseñarme a reflexionar y a cuestionar cada pensamiento, cada idea, cada afirmación (incluidas las tuyas). Me enseñaste con tu ejemplo otra manera de estar en el aula. Hoy día, como maestra y más de 10 años después de haber sido tu alumna, a veces me pregunto: ‘¿Cómo haría esto Juan Carlos?’. Gracias por ser mi referente.” Lo releo para escribirlo y me exalto.

Marina, estupenda estudiante, de lo mejor en todos estos años, me agradece por un par de prácticas que muchas veces caen en desuso en las aulas universitarias: reflexionar y cuestionarnos, incluso al profesor, como admite. Porque hoy es usual que se confunda aprender a “hacer cosas” con responder rápido, sin profundizar, sin pensar, con el menor esfuerzo y, lo peor, con frecuencia, sin comprender la pregunta.

Para ser buen profesor no basta con querer. Se tiene que ejercer el oficio con pasión, que significa, aprender con emoción y enseñar con alegría; pero siempre necesitamos que del otro lado, enfrente, esté alguien dispuesto a aprender, a preguntarse y preguntar, a reflexionar, a superarse. Sin esos alumnos, como Marina, los maestros no somos. ¡Gracias, Marina!