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EL VALOR DE LA ESCUELA Y LA MAESTRA

Nunca tantas personas hablaron o escribieron al mismo tiempos, tantas veces, en tantos medios distintos, de todos los confines, sobre educación, escuela, maestros y niños. Y de las mamás de los infantes. Nunca tantos opinamos, bien y mal, sobre el sistema escolar en tan poco tiempo.

Después del tema sanitario y económico, el educativo es el tercero que más inquieta en la agenda nacional y mundial. En los tres, las sociedades se juegan su sobrevivencia, el presente y su futuro.

La estrategia de trasladar la obligación de cumplir los programas educativos a las casas de personas que no están preparadas, no siempre disponen de condiciones materiales adecuadas y tienen otras preocupaciones, en muchos casos, más vitales, como la salud y el sustento cotidiano, despertó una polémica que puede servirnos para comprender algunos de los significados de la escuela y atisbar pistas por donde introducir modificaciones a los sistemas educativos nacional y estatales, cuando pase la pandemia.

Para nadie en un juicio más o menos sensato quedarán dudas de la centralidad de la escuela como ordenadora de la vida social, porque no solamente las vidas de estudiantes, maestros, mamás y papás gira todos los días en torno a la escuela. Ella es la institución especializada en un rol estratégico que ni la familia ni Google ni YouTube, en estas condiciones, pueden cumplir en la transmisión y recreación de valores y conocimientos más valiosos para las personas y sociedades.

Además, la escuela se ha vuelto madre nutricia para millones de estudiantes que reciben cada mañana un desayuno y una comida caliente, que en casa muchas no veces no existe, pero que ahora no la tienen ya con el confinamiento.

La tecnología es un medio que soluciona problemas, pero su concepción mítica conduce al embrutecimiento, afirma Pansophia Project, un colectivo argentino de pensamiento, experimentación, investigación y formación dedicado a comprender los procesos de disrupción creativa en el campo educativo global. Estoy de acuerdo. El embrutecimiento tecnológico supone que basta con instalar los medios y se reproducirá la realidad deseada con los resultados buscados.

La tecnología sin la pedagogía, en casa y en la escuela, puede instruir, aleccionar, entretener, divertir, pero faltará el componente más esencial, el pedagógico, es decir, el humano, que no brinda una computadora.

Con la pandemia el sistema educativo queda exbibido en muchas falencias, pero también afloran algunas de sus más poderosas virtudes, como la socialización, el encuentro, la interacción que se ha vuelto un lujo, nos recuerda con nostalgia Nuccio Ordine.

¿Cómo enseñar a los estudiantes grabándoles un mensaje por video o un audio de WhastApp? Cuesta imaginarme, confiesa Ordine, que volveré a la universidad para leerles a mis estudiantes sin mirarles a los ojos. ¡Cuesta imaginarlo!

La primera de todas las tareas que tenemos los educadores es comprender la situación, lo que estamos viviendo en el espacio pedagógico y luego, juntos, precisar lo deseable y definir lo posible en las condiciones existentes.

LECCIONES DE LA CONTINGENCIA

Observo la contingencia pedagógica desde distintos ángulos: como padre de dos hijos, una en secundaria, otro en primaria, en escuelas con gestión escolar diferente; como profesor en la Universidad de Colima, responsable de un curso que ahora será en línea; como estudiante del idioma francés en la misma Universidad, y como profesional de la educación.

Nada de lo que sucede me es ajeno en uno o más de esos ámbitos. El cruce de perspectivas, siendo limitado, me ayuda a no perderme en un solo hilo. Procuro divisarlos todos, y revisar lo que sucede en otros países ante la pandemia.

Las dos semanas de vuelta a las actividades de esto que llamaríamos “aprender en casa y enseñar desde casa”, ya ofrecen un conjunto de lecciones interesantes para los análisis, pero caóticas para las realidades en muchas familias. Enseguida, un brevísimo repaso desde el mirador personal.

Es inevitable la improvisación ante lo inesperado. Difícilmente cabía esperar algo sustancialmente superior. Planear la educación no es cosa sencilla, requiere ingredientes que se complican con la distancia, entre otros: la comunicación (whatsapp es insuficiente), la discusión o deliberación como base para la toma de decisiones (las plataformas de moda también tienen limitaciones) y  la propia complejidad de las tareas de rediseño curricular, como debemos afrontar en la Universidad, por ejemplo. Pero las reacciones de las autoridades, en principio, tienen desempeños desiguales; las crisis son oportunidad pero también peligros, templan y desbaratan.

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CRISIS: OPORTUNIDAD Y CARENCIAS

Es lugar común que las crisis y las circunstancias inesperadas, como las que vivimos, nos colocan frente a oportunidades imprevistas. Las oportunidades tienen dos caras, por supuesto: aprovecharlas o no; salir avantes o fracasar. Los momentos de crisis templan a las personas, las fortalecen o exhiben en sus debilidades.

Todo eso se puso en juego con la pandemia también en el sistema educativo, con nuestros distintos roles, como padres y madres, maestros, directores y autoridades, incluso como estudiantes. Descubrió fortalezas y desnudó flaquezas.

Incesante, registro lo que capta mi radar. El discurso imperturbable del secretario de Educación Pública cuando presentó la estrategia nacional de educación a distancia, montada sobre Google y YouTube. Sus palabras sobre la educación de calidad y excelencia o la indiferencia ante la realidad de las distintas brechas digitales resultan ominosas. No pude evitar, mientras lo escuchaba, traer a la memoria las escuelas de Quesería donde desarrollo mi investigación. La escuela multigrado y multinivel de El Zedillo, por ejemplo, sin edificio, sin piso, sin agua, sin luz, sin internet, sin barda perimetral, sin baños, sin canchas, solo con dos aulas móviles y maestras comprometidas.

Me parecen fundadas las quejas en redes sociales de madres y padres, unas con más argumentos, acerca de la naturaleza de las tareas a los hijos o la cantidad de esfuerzo que les exige a quienes tienen dos o tres críos y deben apoyarles a todos, muchas veces, con carencias de escolarización que no salva YouTube, menos Classroom.

Observo la despreocupación frente a las condiciones de maestras y maestros que trabajan desde casa con recursos personales, con sus propios gastos, y me pregunto si los Sindicatos, por ejemplo, gestionarán o canalizarán parte de las cuotas como apoyo para cubrir el pago de internet o las recargas de teléfono. Probablemente ya lo hicieron y no estoy enterado.

Me incordian los discursos falaces que exaltan al aire la actitud de compromiso y entrega de “todos”, cuando todos sabemos, eso sí, que no todos dan su mejor esfuerzo. Ese discurso, políticamente correcto pero verídicamente estulto, no reconoce el compromiso de quienes sí lo hacen con absoluta responsabilidad. Reconozcámoslo: los momentos de crisis exigen y comprometen.

Para no extenderme: repudio la ceguera de autoridades o maestros que no se dieron cuenta que la realidad cambió y que la casa no es la escuela; que no se puede trasladar la dinámica del aula a la sala de estar o la mesa del comedor. No se dieron cuenta, no quisieron darse cuenta o no les importó.

Además de apreciar genuinas expresiones de generosidad en organizaciones sociales y la proliferación de espacios de información o debate, bienvenidas siempre, quedan al descubierto muchas de nuestras falencias, evidentes en la pobreza de ideas que sustentan proyectos educativos.

Termino con una imagen que me va quedando más clara con los días de contingencia pedagógica. Después del terremoto los expertos y, a veces cualquier persona, advierten las deficiencias en las construcciones. Ahora, con el confinamiento y la educación a distancia, ya podemos también apreciar deficiencias que permanecían ocultas en escuelas y sistemas educativos. De paso, el talante de las autoridades.

MANIFIESTO POR OTRA EDUCACIÓN EN TIEMPOS DE CRISIS

El Diario de la Educación, espacio periodístico español donde colaboro desde hace tres años, difundió el Manifiesto por otra educación en tiempos de crisis. 25 propuestas, obra del Foro de Sevilla. Lo firman José Gimeno Sacristán, Jaume Carbonell, Jaume Martínez Bonafé y Julio Rogero.

El Manifiesto comienza advirtiendo un riesgo; dice: Se pide al alumnado confinado que siga actuando como si estuviera en la escuela… al mismo ritmo y con mayor exigencia si cabe, como si nada pasase, cuando en realidad todo es diferente y más si tenemos en cuenta los desiguales contextos sociales y familiares.

Enseguida alienta: Todo lo que sucede nos exige una reflexión profunda y un posicionamiento claro… Nos parece urgente promover un espacio y un tiempo donde cuestionarnos, dialogar, reflexionar colectivamente y hacer un acercamiento racional a la pregunta por la educación que queremos hoy y en el futuro.

Por su trascendencia y espíritu reflexivo, comparto algunas de las propuestas, especialmente las que juzgo más cercanas a nuestra realidad y a los colectivos docentes mexicanos. Se dividen en dos tiempos: qué hacer en la situación actual y cómo construir el futuro.

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EFECTOS DEL CORONAVIRUS EN EDUCACIÓN

La Organización de Estados Iberoamericanos [OEI] publicó hace algunas semanas un informe muy breve que tituló “Efectos de la crisis del coronavirus en la educación”, realizado por Ismael Sanz, Jorge Sainz y Ana Capilla.

Se trata de una revisión documental de artículos muy actuales publicados en distintas revistas especializadas, para responder a las preguntas sobre los efectos de la pandemia en el aprendizaje de los alumnos, los salarios futuros de los estudiantes y en la tasa de abandono escolar.

Cada uno de los apartados muestra hallazgos de otros estudios acercándolos a las variables de la circunstancia que atravesamos. Valiosos para advertir que los efectos de la COVID-19 trascenderán el ciclo escolar y precisan acciones estratégicas en el presente y en los próximos meses.

Respecto a los aprendizajes de los estudiantes, la conclusión es que “si las actividades formativas online están bien ajustadas, la metodología y los contenidos son adecuados y el profesorado cuenta con la formación adecuada, los resultados no tienen por qué diferir de la educación presencial. Si no es el caso, la curva anterior puede ampliarse y aumentar la brecha de conocimientos”, por las ventajas que tienen los hogares con mayores posibilidades materiales y económicas, por las plataformas digitales usadas y familias con más alto nivel de escolarización.

En la segunda parte analiza cómo podría repercutir el parón de clases en los salarios promedio de los estudiantes afectados, cuando tengan entre 30 y 40 años; asunto ya investigado en Argentina por la huelga de docentes, a partir de lo cual estiman cuánto podría reducirse el salario anual en los estudiantes españoles, según los niveles de afectación.

El último apartado constituye una de las preocupaciones más extendidas, también con efectos diferenciales por condición socioeconómica: “hay que lograr, afirman, que los jóvenes, especialmente los de grupos de más riesgo, regresen a la escuela y permanezcan en el sistema cuando los centros escolares vuelvan a abrir”. Si el problema ya es crítico en el bachillerato mexicano, un desplome podría ser funesto en la concreción del derecho a la educación.

El informe de la OEI es inquietante. Invita a observar más allá de la punta del iceberg y comprender que en la escuela se jugarán ahora y en el futuro buena parte de la suerte de sectores sociales precarios. Recuerda que se demandarán apoyos decididos de las familias, pero también, acciones estratégicas de las distintas esferas gubernamentales.

La pandemia podría constituir la oportunidad no buscada pero formidable para potenciar las fortalezas del sistema educativo y resarcir rezagos añejos, como el peligro siempre latente de sumir en el atraso pedagógico a los más pobres.