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Minutos de silencio

A cada muerte le corresponde su dolor. Hay muertes, también, que lo trascienden, que conmocionan a toda la sociedad o una parte de ella, por su crudeza, por la perversidad que las produjo, por la edad de las víctimas, por el clima social. Son muertes que duelen más allá del entorno familiar, que se cuelan en los sentimientos y dejan una estela de pesar e indignación en otros hogares. No hay fallecimientos útiles, pero sus dolores, los de esas pérdidas, abren paso a una nueva comprensión de la realidad, al descubrimiento de facetas ignoradas, a la constatación de algo que se negaba, como el automovilista sube los vidrios para no escuchar el ruido que augura problemas automotores, o el gobernante la prensa, excepto la que canta palabras dulces en su oído.

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Lecciones en campo ajeno

Exhibida como modelo de desarrollo económico por algunas décadas, la democracia chilena parece agotada. Un año después de haberse puesto traje de héroe con el rescate de los mineros, el presidente del país andino no encuentra la madeja. El fin de semana el movimiento estudiantil chileno, que sacude los cimientos de la estructura política, asestó un golpe contundente. Si ya se advertía que no eran un puñado y no estaban solos, lo confirmó la convocatoria a un acto público que habría reunido, según los organizadores, cerca de un millón de personas. Siete horas duró la convivencia de familias, niños, estudiantes, profesionales y figuras de la música y el arte. La cita, llamada “Domingo familiar por la educación”, cumplió su cometido.  El diario “La tercera” publicó: “El objetivo era una fiesta ciudadana. Y así fue”.

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El tema de hoy

Los datos publicados por la Universidad de Colima en estos días muestran una rama del frondoso problema de la falta de acceso a la educación superior. Me refiero al cuadro con información sobre el ingreso de nuevos estudiantes en un grupo de universidades públicas mexicanas, de distintos tamaños y contextos. La recopilación hecha por la Coordinación General de Comunicación Social -esfuerzo nada sencillo por falta de una fuente única- expone la incapacidad de las universidades por atender a más estudiantes de los que tocan sus puertas y el esfuerzo de la Universidad de Colima por absorber a la mayor cantidad. Luces y sombras en el paisaje. Hay que decirlo también: la reducida capacidad de atención de las universidades públicas es comprensible; a la UNAM, por ejemplo, ingresan más estudiantes cada año, que la población total de varias universidades públicas estatales.

Pero además, expone la incapacidad y, en no pocos momentos, la falta de voluntad en las cumbres políticas del país para satisfacer a quienes demandan oportunidades educativas. Los responsables tienen nombres y dependencias concretas, ayer y hoy. La historia no miente. No es preciso abundar en detalles.

En la conjunción de problemas estructurales e instituciones el escenario es poco halagüeño. La ineficiencia de nuestro sistema educativo es vergonzosa. El país no educa a millones de sus jóvenes y el indicador llamado cobertura lo refleja. Cobertura es, como se sabe, la proporción resultante del total de los inscritos en un nivel escolar contra el número global de habitantes con edades de cursar dicho nivel. La cobertura mide realidades, es contundente y, a veces, desnuda discursos.

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La calidad de nuestros profesores

La nota sobre los cientos de miles de estudiantes que abandonan el bachillerato, los rechazados de las instituciones de educación superior y la publicación de los resultados del cuarto concurso nacional para el otorgamiento de plazas docentes en educación básica pusieron de nuevo al sistema escolar en la picota. Cada uno de los problemas tiene una complejidad particular, pero en lo profundo un origen común, ligado al funcionamiento del sistema político y a la prioridad que ha representado ayer y hoy la educación en el país.

En el tema de los docentes era previsible el escenario y los juicios. Esa es una primera constatación que, vista desde fuera de nuestra realidad, es desconcertante: ya conocemos los problemas y buena parte de lo que ignoramos, pero hemos avanzado poco en resolverlos. ¿Qué significa tal confirmación?

-Como en las ediciones previas del concurso nacional los resultados no exhiben excelencia, aunque la SEP ha cambiado la clasificación de los resultados (aprobados-reprobados, aceptable-requiere nivelación-no aceptable y la actual) Los titulares periodísticos de esos días fueron lapidarios y no preciso abundar. Leer más…

Los rechazados y la obligatoriedad del bachillerato

Las cifras sobre los rechazados de las instituciones educativas acarrean un alud de cuestionamientos sobre los presuntos responsables, y las medidas que debieron tomarse para evitar la exclusión. Regresa entonces, cíclicamente, un debate que siendo urgente, así colocado en la agenda, poco aporta en la construcción de políticas públicas y estrategias efectivas.

Este año es inevitable recordar la iniciativa que se presentó para establecer la obligatoriedad del llamado bachillerato y que parece acercarse a un esperable e indeseable final. Las observaciones sobre insuficiencias técnicas son un argumento menor, frente a las condiciones financieras y de infraestructura que requeriría su aprobación, de una cuantía que sólo podría solventarse con una determinación histórica que no hemos conocido en décadas recientes.

Desaprobar la medida es una decisión inminente. Como dicen que reconoce el Senado, no se discute la pertinencia de una reforma de ese tamaño, pero las condiciones, a juzgar por las tendencias, no son los más amigables para emprender una cruzada a favor de hacer vigente el derecho a la educación media superior y superior. La iniciativa era, es positiva, sin duda. Un paso adelante en el camino hacia la incorporación constitucional de un derecho humano universal es el comienzo de la reparación de un rezago, pero de la iniciativa a su factibilidad hay una distancia con tintes de insalvable.

La idea de hacer obligatorio el bachillerato no es nueva. En el año 2000 el Estado de Jalisco la contempló como tal en su constitución; allí se dicta que la educación media superior es obligatoria y gratuita. Después, una iniciativa con ese propósito fue presentada, discutida y desechada en el Congreso de la Unión. Leer más…