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El estado de nuestra educación

Informes recientes de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos, conocida por sus siglas como OCDE, aportan elementos para diagnosticar la situación de la educación mexicana. Con base en dichos reportes la conclusión es desastrosa.

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La batalla crucial

La noticia sobre la captura de los asesinos de Andrea Rodríguez es esperanzadora. Es una buena noticia dentro de una tragedia conmovedora. El anuncio de las autoridades nos deja, por lo menos a mí, la sensación de que la justicia sigue siendo posible. Quedan, sin embargo, lecciones por aprender, a las familias, a las escuelas, a los políticos y gobernantes, a los medios.

La violencia y la inseguridad que vivimos en el país no es un hecho fortuito o producto de la mala suerte. Es consecuencia de decisiones equivocadas, por omisión o ignorancia. Salir de este laberinto es responsabilidad de todos, aunque unos son más responsables por su cargo.

La gran tarea que tenemos por delante no se dirimirá con el ejército y las policías batiéndose frente a los delincuentes. Esa es la parte violenta; necesaria ahora, pero no puede ser permanente. La batalla por la construcción de una ciudadanía educada es la definitiva, esa sí, vitalicia. Ciudadanía educada que significaría no sólo acceso a la escuela sino a los derechos que a todas y a todos corresponden: empleo, salud, seguridad social.

La paz, dicen sus promotores más conspicuos, debe construirse en las mentes y en los corazones de cada ciudadano, de cada mujer y cada hombre, de todos los niños. Por eso la Unesco promovió hace años un informe llamado “La educación encierra un tesoro”. Allí se afirma que la educación del siglo 21 debe sustentarse en cuatro pilares: aprender a aprender, aprender a hacer, aprender a ser y aprender a convivir. Estos últimos, normalmente ausentes en las escuelas. Es urgente que hoy aprendamos a ser y a convivir con otros, con los diferentes.

Si ese desafío no lo encaramos y resolvemos en forma adecuada, no habrá arsenales ni dólares suficientes para pacificar al país y enderezarlo a un estado de prosperidad y justicia. Ese será nuestro legado. Ojalá el futuro nos juzgue con benevolencia porque actuamos a tiempo y acertamos.

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El movimiento estudiantil chileno y sus enseñanzas

Chile, el laboratorio más avanzado de las políticas neoliberales, orgullo del Fondo Monetario Internacional, parece hoy el laboratorio más perfecto para experimentar en campo ajeno. Las lecciones que de allí se desprenden son una hipótesis sobre el futuro posible o indeseable. En el centro de los cuestionamientos del movimiento estudiantil está la enseñanza superior, presa de tendencias a las que se suma nuestro país desde hace algunos años.

En México se analizan en estos días, en diversos espacios, temas álgidos, como el derecho a la educación y el presupuesto para la enseñanza, especialmente para las universidades públicas. Ambos tienen su especificidad, pero también lazos imposibles de disolver: de los recursos depende, en buena medida, una educación de calidad para todos.

Los jóvenes chilenos protestan porque el progreso económico en sus grandes indicadores no se tradujo en una sociedad equitativa. ¿Qué quieren los estudiantes y una porción considerable de la sociedad chilenas? Exigen derecho a una buena educación, mayor inyección de recursos públicos al sistema escolar, ayudas a estudiantes, más acceso a las universidades, no promover una educación elitista y excluyente, y sí otra que sea una plataforma de movilidad social.

Los rectores de las universidades públicas mexicanas están demandando, como el movimiento social chileno, presupuesto y una comprensión distinta de la educación pública. Aquí, como allá, el fondo no es de dinero, es de proyectos; no es de economía, es de ética. Lo que está en juego es la contestación a preguntas como qué tipo de nación queremos, qué tipo de mexicanas y mexicanos vamos a formar. De las respuestas dependerá el país del presente pero, sobre todo, el que seremos en 20 años.

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En la opinión… Los procesos de admisión, el derecho a la educación

El tema de hoy, para mí, no puede ser otro que el proceso de admisión: las listas de aceptados, los rechazados, el derecho a la educación. Es un momento de contrastes inocultables, de alegría para miles y amargura para cientos. Horas difíciles para las familias que enfrentan la desazón de una hijo, un hijo que no fue aceptado donde quería.

En Colima el problema existe desde hace tiempo, cuando los aspirantes a una carrera fueron más que los espacios disponibles en ella, entonces hubo que desarrollar un procedimiento para elegir; hoy, la Universidad usa sólo dos criterios, el promedio del nivel anterior y el resultado del examen de conocimientos elaborado y aplicado por un Centro Nacional de Evaluación.

Aun cuando sean los criterios anteriores los que definen a quienes estudiarán una carrera, lo cierto es que el primero de los estudiantes que no tienen espacio suele estar inconforme. Es previsible. Se juegan presente y futuro, no es una decisión intrascendente.

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Tristes paradojas

En 1997 se publicó un examen realizado a la educación superior mexicana por la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE). En el libro los cuatro examinadores confiesan su perplejidad por un hecho que sigue resultando paradójico: que en México una persona, luego de doce años de estudio y terminar su bachillerato, no tiene ninguna posibilidad de insertarse en un empleo gracias al contenido de su escolaridad, cuando el país tenía un promedio apenas superior a la primaria.

Parece que a nuestro sistema educativo lo acompañan múltiples paradojas. Ahora una más: mientras cada año miles de jóvenes buscan un lugar en las instituciones de educación media superior, y muchos de esos miles no logran ingresar a la escuela deseada, otros miles son expulsados.

La semana anterior el secretario de Educación, Alonso Lujambio, informó que cada año 600 mil estudiantes de bachillerato abandonan el sistema educativo y, probablemente, nunca regresarán a la escuela e ingresarán a circuitos formales e informales de trabajo, cuando no al desempleo. Leer más…