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Momentos imborrables

Después de muchos años decidí construir otro camino en mi vida profesional. El más reciente sábado me senté frente a Mariana Belén para explicarle los nuevos horizontes que atisbaremos. No preparé nada especial, solo decírselo con palabras claras y sinceras.

Con sus siete años escuchó atenta que no estaremos más en esa oficina a donde acudían felices, ocasionalmente, ella y su hermano Juan Carlos. Le dije que había tomado una decisión y mientras emprendo el viaje a Argentina me mudaré provisionalmente al cubículo en la facultad, la “oficina chiquita”, le llaman ellos cuando la visitan con no menos alegría.

No precisaba demasiadas explicaciones, no lo son para los niños, más inteligentes y perceptivos de lo que a veces suponemos los adultos. Mariana oyó con su borrego en el regazo, miró a la ventana  y lanzó dos preguntas para saber lo que hacía falta contarle.

Al término de la breve explicación no dijo una palabra, me abrazo el cuello, me dio un beso en la frente y yo pude mirarla con ojos emocionados y más tranquilo que nunca: por la decisión que nos conduce hacia nuevos senderos, pero sobre todo, por su solidaria y amorosa madurez.

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El agradecimiento

Con auspicio de las Universidades Nacional Autónoma de México, Autónoma de la Ciudad de México, Pedagógica Nacional y Colima, en mayo de 2007 conmemoramos diez años de la ausencia de Paulo Freire, ícono del pensamiento pedagógico.

Allí tuve la fortuna de convivir con educadores excepcionales, como Juan Miguel Batalloso, humanista sevillano, una de esas personas que marca e inspira. Él escribió recientemente un bello texto sobre el agradecimiento, del que resumo algunos párrafos e invito a su reflexión.

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Perspectivas para la educación en 2013

GUERRERO08Con prudente optimismo observo los cambios que se vislumbran en el sistema educativo mexicano, como producto de las modificaciones al artículo tercero constitucional.

La nota positiva es el sitio estelar que ocupa la educación en los medios y en ciertos espacios de debate, aunque no muy profundos ni informados. Pero eso, que podría saludarse con entusiasmo, es una buena razón para aguardar cautelosos.

Dos señales me inquietan. Una es la imposibilidad de alguna garantía para suponer que una reforma legal como la emprendida penetrará hasta donde se necesita, en las escuelas, en las aulas, en el trabajo de maestros y directores, es decir, en la educación de niños y jóvenes.

La historia es una vieja maestra que deja lecciones contundentes: también son constitucionales los derechos a la educación básica o la obligación de invertir el 8% del Producto Interno Bruto en educación y en ambos, el saldo es desastroso. La única certeza que nos deja esta reforma, hasta aquí, es que modificará el artículo. Parece broma, pero fuera de esa, no hay más.

La otra señal inquietante es la ausencia de la sociedad civil. Exceptuando organizaciones ligadas claramente a poderosos grupos de interés político-económico, y un reducido núcleo crítico de investigadores educativos, la reforma tocó pocas fibras y su debate público es incipiente.

Ambas señales, juntas, son la fórmula perfecta para que un cambio como el que se requiere en la escuela mexicana siga esperando tiempos mejores. Ojalá me equivoque y atrás de las nubes grises aparezca un cielo más despejado que nunca.

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El camino es el destino

El camino es el destino, suele decirse desde una particular perspectiva de la vida. Así lo creo.

Es el mensaje de una pequeña narración de Eduardo Galeano en su más reciente libro, “Los hijos de los días”, que comparto ahora.

Había sido copiosa la bebedera, diciendo adiós al año que pronto se iría, y andaba yo perdido en las calles de Cádiz.

Pregunté por dónde se iba al mercado. Un viejo desprendió su espalda de la pared y muy desganadamente me respondió, señalando la nada:

-Tú haz lo que la calle te diga.

La calle me dijo, y yo llegué.

Algunos miles de años antes, Noé había navegado sin brújula, ni velas, ni timón.

El arca se dejó ir, por donde el viento le dijo, y se salvó del diluvio.

Es también el mensaje del poeta griego Constantino Kavafis que Lluís Llach musicalizara e interpretara magistralmente en “Viaja a Ítaca”. Dice ese bellísimo poema:

Conserva siempre en tu alma la idea de Ítaca:

llegar allí, he aquí tu destino.

Mas no hagas con prisas tu camino;

mejor será que dure muchos años,

y que llegues, ya viejo, a la pequeña isla,

rico de cuanto habrás ganado en el camino.

No has de esperar que Ítaca te enriquezca:

Ítaca te ha concedido ya un hermoso viaje.

Sin ella, jamás habrías partido.

Ahora que termina un año este es el mismo deseo. Que 2013 sea el más pletórico; que cada una y cada uno de ustedes anden el más largo y mejor de los caminos, porque la vida es el camino, no el destino.

Sobre la vida y la muerte

La mejor definición que encontré sobre la muerte es la más corta y parece muy simple: así es. Su autor es un pensador rumano heterodoxo, corrosivo y provocador: Emil Michel Cioran. Tiene razón. La muerte es así. Nada hay contra la muerte, y la única condición para que aparezca, el único requisito es estar vivo. Solo lo inanimado escapa a ese destino.

Frente a la inevitabilidad de la muerte hay distintas opciones. Una es cuidarse en extremo hasta la huida, que Joaquín Sabina caricaturiza magistralmente en “Pastillas para no soñar”.

Otra es la actitud de los niños pequeños que no tienen clara consciencia del riesgo y de la propia muerte; que juegan y su vida toda parece un juego. Bueno, me refiero a los niños que tienen papá y mamá, casa y comida caliente, no a los que viven en las calles pegados a la espalda de la madre o durmiendo en los camellones mientras ellas ganan unos pesos, por ejemplo.

Una tercera actitud es la de asumir, como el filósofo francés André Comte-Sponville, que la vida es riesgo y, por tanto, oportunidad, que debemos vivir sin dejarnos paralizar por el miedo, sin correr hacia el precipicio pero tampoco acostarnos a esperar la muerte.

Vivir así es una aventura cotidiana, una experiencia vital, y se vive igual el lunes o el miércoles que el sábado o domingo. La muerte nos encontrará siempre, más tarde o más temprano, y cuando llegue mejor haber vivido que haber huido; creo.

Pasen felices fiestas decembrinas: disfrútenlas y cuídense lo necesario.

¡Hasta pronto!

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