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El nuevo gobernador(a) y la educación

Hace algunas semanas, en este mismo espacio, escribí sobre los candidatos al gobierno del estado de Colima y la relevancia que podría tener para ellos la educación. Entonces, sólo sabíamos quiénes tenían interés por ocupar una candidatura. Hoy, con las cartas sobre la mesa, es posible reflexionar con algunos elementos adicionales.

En la baraja muchos aspiran y algunos serán ungidos por sus partidos; pero con posibilidades de contender seriamente por la gubernatura, las opciones se reducen a los dedos de una mano, según creo.

En el orden que vienen a mi cabeza: Indira Vizcaíno, Mely Romero, Joel Padilla, Leoncio Morán y Virgilio Mendoza. Como sabemos, uno será descartado entre Joel y Virgilio; también, que Mely debe jugarse la nominación con Martha Sosa.

Sus trayectorias no se fraguaron cerca de la educación, con excepción de Joel Padilla, por el trabajo desarrollado en los Cendis, las prepas Tierra y Libertad y ahora la Universidad José Martí. Conoce el medio educativo local y de otros contextos, a través de las redes del Partido del Trabajo y su participación actual en la Comisión de Educación del Senado.

Indira, desde su cargo en la delegación de programas sociales, estuvo cerca de la apertura en Armería de la Universidad Benito Juárez, pero poco sabemos de lo que ahí sucede. Hace un año prometió que estaría listo el edificio en tres meses. No sucedió. Luego anunció que estaría en octubre, pero no hay registros en prensa al respecto.

En los otros candidatos no encuentro algún hecho relevante. De Virgilio y Locho Morán, como alcaldes, no hay algo digno de contar en sus gestiones. En general, los municipios se abstienen de participar en la función educativa, aunque el artículo tercero de la Constitución Política los hace corresponsables. La mira de Mely ha estado en otros terrenos, próximos a su origen partidario.

Por supuesto, a Joel su cercanía con la educación no le concede ventajas con el sector magisterial, ni a los otros los castiga en el mismo sentido. Sí tengo claro, en cambio, que la educación ha sido el trampolín desde el cual se ha proyectado el actual senador Padilla, y que difícilmente veríamos un menosprecio al gremio y a la educación.

Es temprano todavía para más juicios; primero, veremos el arranque de las campañas y los pronunciamientos. Ojalá ahí los candidatos (y candidatas) ofrezcan propuestas frescas e innovadoras, capaces de transformar al sector, porque Colima puede ser un estado modelo en educación. Y ella puede ser detonante del desarrollo en distintos ámbitos. Veremos si se aprovecha o perderemos una década crucial después de la pandemia.

Balance de la educación en el 2020

El inédito año que termina nos deja una estela de lecciones y retos. Lo ocurrido formará uno de los capítulos más complejos para estudiar la historia de la educación y la gestión gubernamental.

En mi balance hay logros y desaciertos, partiendo de reconocer la dificultad de detener un sistema educativo tan grande como el mexicano, diseñar una estrategia frente al escenario convulso e impredecible y luego reactivar los servicios educativos en modalidades remotas de inciertos resultados.

La tarea gana en complejidad si faltan claridad y sentido de proyecto. Es el caso del gobierno federal, aunque los estatales deben asumir responsabilidades. Debemos admitir que México no ostenta el monopolio del desatino. Para Alejandro Morduchowicz los ministerios de educación en la región, en general, fueron superados por las circunstancias de la pandemia.

La prueba definitiva de este recuento gris de la Secretaría de Educación Pública es el anuncio de que Esteban Moctezuma, todavía secretario, tiene pasaporte a la embajada de Estados Unidos. No es un premio, ni una medalla por servicios prestados a la excelencia educativa.

En el año pandémico los desaciertos tienen un peso abultado: deficiencias constantes en la comunicación social, en la relación con el magisterio y los padres de familia; respuestas tardías, como se hizo evidente en la presentación de los lineamientos para la evaluación apenas unos días antes de realizarse la del primer trimestre.

Aprende en casa 1 y Aprende en casa 2 todavía deben ser evaluados de forma más consistente, pero es evidente la brecha entre los juicios autoelogiosos del secretario Moctezuma y lo que obtuvimos en otro tipo de estudios, sondeos e investigaciones.

Tengo por grave la ausencia de consultas a maestros, padres y madres de familia y estudiantes, para el diseño de las estrategias, con el resultado de ofrecer un planteamiento uniformizante que sólo podía dejar como consecuencia la reproducción legitimada de las desigualdades.
También hay aspectos positivos, por supuesto: el esfuerzo responsable de miles de maestros y maestras, acompañado de la voluntad de las familias, en especial, de las madres, que soportaron en gran medida la tarea.

Frente a la adversidad, el magisterio debió encarar las dificultades con los recursos a la mano, destinando de su dinero, porque tampoco el gobierno federal acompañó como era debido. En ese sentido, es un año de aprendizajes que merecerían reconocerse y convertirse en parte de la prometida Nueva Escuela Mexicana, que sólo podrá construirse con la adhesión crítica de las maestras y maestros, y observarse en los salones de clases, no en los discursos oficiales para los cuales, México ya avanzó en este año de pandemia.

Un poco de menos grandilocuencia y mucho más coherencia, un poco de menos incomprensión y más imaginación ayudarían a salvar el 2020 sin un déficit impagable para millones de estudiantes y miles de maestros.

Cambio en la SEP

¿Cómo interpretar la salida de Esteban Moctezuma de la Secretaría de Educación Pública?

No soy analista político, así que me alejo de esa cancha. Pero es inevitable referirse al cambio en una columna dedicada a temas educativos.

Esteban Moctezuma nunca me pareció el más preparado para dirigir la oficina que hace 99 años creo José Vasconcelos. Además de comunicador mediano, sus luces en materia pedagógica no iluminan un radio amplio. Más bien, lo contrario.

En sus discursos nunca encontré una idea brillante, un juicio sólido, un razonamiento que revelara conocimiento profundo de la materia. Alguna vez escribí, con evidente mala leche, que no aprobaría un examen de historia de la educación mexicana.

Soso, de repeticiones y formas edulcoradas, hoy paga una factura alta. Una embajada, así sea la de Estados Unidos, puede ser un premio de consolación para su salida del círculo más cercano del presidente.

¿Algo hizo mal Esteban Moctezuma? No lo sé. Su salida contradice el discurso de que vamos muy bien, de que la pandemia nos empujó a otra etapa de la educación nacional y nos brincamos a la educación digital. Que no hay problemas con el sindicato magisterial, ni huelgas. Que todo mundo trabaja satisfecho.

No sé si su cabeza fuera de la SEP es un pago a favores y alianzas, o un cobro por errores, sé, sin dudarlo, que su capítulo no será recordado por la brillantez de proyectos.

Los discursos principales de Moctezuma se caen a pedazos. No hay revalorización del magisterio, a menos que signifique aplausos virtuales y discursos amables. No hay más presupuesto para las escuelas que en los gobiernos neoliberales; por ejemplo, los presupuestos para escuelas normales y formación de maestros en servicio sufrieron reducciones notorias.

La red de universidades es una entelequia. Los programas de becas, salvo que se corrija la historia, serán ineficientes para producir resultados socialmente relevantes. El próximo año entrará en marcha el proyecto de la Nueva Escuela Mexicana, con un conjunto de ideas que no son originales ni en el nombre.

A pesar de todo esto, de mis reservas con Moctezuma, no me alegra la sustitución. ¿Quién vendrá? ¿Quién y qué hará? ¿Cuáles serán las prioridades del nuevo secretario?

Este es un momento trascendente. Quizá la mejor de todas las oportunidades para emprender la más profunda transformación del sistema educativo.

Pronto tendremos una prueba: con la designación sabremos si al presidente le importa la educación; si quiere restaurar lo que teníamos antes de la pandemia o una transformación como la prometida.

A manera de presentación

En estos días publicaremos el libro Lecciones y reflexiones. Mi vida en el Instituto, editado por Puertabierta. Para compartir un poco del contenido, les dejo las primeras páginas. Ojalá les interese la lectura de este cuaderno de apuntes del tránsito por el Instituto Nacional para la Evaluación de la Educación.

Esto no es un diario
Zygmunt Bauman comienza su libro Esto no es un diario explicando las razones de escribirlo. En la primera entrada, fechada el 3 de septiembre de 2010, recoge un fragmento de José Saramago [Ensayo sobre la ceguera] a quien, confiesa, estaba descubriendo como fuente de inspiración: “Creo que todas las palabras que vamos pronunciando, todos los movimientos y gestos […] que hacemos, cada uno y todos juntos, pueden ser entendidos como piezas sueltas de una autobiografía no intencional que, aunque involuntaria, o por eso mismo, no es menos sincera y veraz que el más minucioso de los relatos de una vida pasada a la escritura y el papel”.

Un diario se escribe en principio para sí, asegura Silvia Adela Kohan. Esa idea nunca se hospedó más de una noche en mi cabeza. Siempre pensé que debía compartir el resultado de este ejercicio de la memoria. Por eso, tuvo más lectores y críticos que ninguno de mis anteriores proyectos, porque siendo personalísimo, no quería que fuera un diario íntimo, ese artefacto donde, dice Kohan: “escribes tus pensamientos, tus lamentos, recuentas una situación del día y lo haces como registro, sin ir más allá del registro, sabiendo que tu acompañante es el que te inventas y te representa”.

Esto no es un diario. Según la Real Academia Española, diario es el “relato de lo que ha sucedido día por día”. Los diarios cuentan el acontecer cotidiano, cazando minucias y grandes acontecimientos, registrando la cotidianidad, aquello que el autor quiere mostrar, lo que quiere compartir para sí o para otros. Se escribe cada mañana o cada noche, cuando el autor tiene tiempo y ganas, los días que le apetece, sin distingos entre jueves o domingos, sin descanso lunes o sábados, en Navidad o Semana Santa, en vacaciones. Queda en el autor la decisión de abrirlo cada mañana o cada noche, los días que decide, a condición de que las cosas contadas estén frescas. Eso supone quien escribe estas páginas.

Este no es un diario, queda dicho. Si hay que colocarle una etiqueta, entonces podría ser una memoria, o un cuaderno de recuerdos, o un ensayo alejado de cánones académicos, sin pies de página, sin citas ni entrecomillados de revistas científicas y libros doctos. Abreva en la memoria, el recuerdo personal, falible, porque se construye de las formas en que cada uno percibe, recoge, procesa y luego recuerda con amargura o alegría. Me seducen, por ello, las palabras de Luis Buñuel, contadas por su guionista, Jean-Claude Carrière: “El pasado son hechos que realmente han sucedido, pero la memoria es un acto de hoy que siempre transforma ese pasado”.

Eventualmente consulté algunos documentos cuando obligaba la precisión, pero es registro personal, testimonio y asidero, hipótesis, hasta terapia para aquilitar tres años de mi vida y los avatares de una institución muerta precozmente. Así viví la historia, desde adentro y en un punto de la geografía.

Esta memoria o cuaderno de recuerdos nació la mañana de un diciembre inusitadamente frío, el día 21, para ser exacto, mientras limpiaba y ordenaba libros. Pudo ser sábado o jueves, pero fue viernes, porque en esos días brotan algunas ideas que saben, no sé cómo, que por la tarde o noche, al día siguiente o el domingo, tendré algunas horas para sentarme frente a la computadora y deslizarme sobre sus teclas cuando el párrafo inicial tiene punto final en la imaginación. Cuando la paciencia gana la partida, cojo un papel en blanco, una pluma y me siento, parsimonioso o exaltado, a escribir, mientras las letras o rayas que tachan una palabra distraída aceleran los impulsos y las ideas fluyen como las esbozaba, o se rearman.

Aquella noche, luego de compartir la cena con mi hijo y ver una película juntos, lo dejé acostado en el sillón, me despedí y abrí la computadora. Lo primero fue elegir un tipo de letra novedoso. El título, que luego se convirtió en subtítulo, estaba decidido. Las palabras fueron apareciendo en la pantalla y conforme se engarzaban, salían y salían y salían sin parar, un manantial que sólo detuvo el recuerdo del pequeño Juan Carlos sentado frente a la televisión, feliz, sin percatarse, como yo, del tiempo transcurrido.

Regreso a clases en enero. Sí, pero no así

El martes el secretario de Educación Pública, Esteban Moctezuma, fue de nuevo noticia. Anunció que en enero los estados en el verde del semáforo epidemiológico regresarán a clases con protocolos sanitarios y de manera voluntaria.

Para los estados en amarillo podrían abrirse Centros Comunitarios de Aprendizaje, donde se impartirían asesorías pedagógicas, psicológicas y sociales a estudiantes e, incluso, a docentes.

Por supuesto, causa controversia. Entre algunos expertos hay urgencia en el retorno a las aulas, apelando a argumentos basados en las evidencias de otros países, pero no serán ellos quienes vayan a las escuelas o a centros comunitarios. Son las maestras, los niños y, por supuesto, las mamás, quienes opinan distinto.

En su discurso y en el boletín de prensa, el secretario privilegió el retorno gradual y seguro de los estudiantes a las escuelas. De los dichos de Moctezuma a las condiciones para cumplirse, hay brechas y dudas.

Para los Centros Comunitarios de Aprendizaje se informaron medidas concretas, acordadas con la Secretaría de Salud, por ejemplo: filtros escolares, sana distancia, uso de cubrebocas, asistencia escalonada y limitada, priorizar espacios abiertos y limpiar mobiliario y equipo después de cada clase.

El secretario sigue pensando en un modelo de escuela que no es la realidad generalizada: la de organización completa y con personal de apoyo. Pero los datos del Instituto Nacional para la Evaluación de la Educación reflejaban que el 40 por ciento de las escuelas primarias del país son multigrado, con sus variantes, y no cuentan con más personal que uno, dos, tres maestros.

¿Está pensando el secretario de Educación Pública que los maestros operarán los filtros escolares, darán las asesorías, revisarán actividades, luego tomarán los utensilios para la limpieza y desinfección de los espacios y mobiliario?

¿Cuándo recibirán las escuelas termómetros y los materiales indispensables? ¿Enviarán computadoras e internet a donde no existen?

¿Cuánto dinero destinará el gobierno federal (y los estatales) para acondicionar las miles de escuelas donde no existen servicios sanitarios y agua? ¿Cuándo comenzarán?

¿Cuánto personal contratará la Secretaría de Educación Pública para realizar las tareas de apoyo psicológico y emocional para estudiantes y docentes?

¿Otra vez será con pura buena voluntad?

Lo dije la semana pasada y lo repito: cuando a estos anuncios no los acompañan pesos y centavos, tenemos razones (y obligación) para la sospecha.