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ESCRIBIR DE EDUCACIÓN EN ESTOS DÍAS

En estos días es difícil escribir una columna periodística sobre temas educativos y no pronunciarse sobre alguna o algunas aristas del abominable caso de los estudiantes normalistas de Ayotzinapa.

Es difícil encarar el trabajo pedagógico con el sentido político que intrínsecamente tiene la educación sin expresar, por lo menos, indignación. A partir de ese primer nivel de conciencia cada uno asciende los otros en función de sus convicciones.

Es doloroso no compadecerse, es decir, no sentir con los otros, los familiares, el profundo abismo que les carcome, las rabia que les sacude, la impotencia que puede conducir a comportamientos todavía impredecibles, o medianamente predecibles.

Es imposible (para mí) no conmoverse hondamente con las múltiples manifestaciones que se pronuncian enérgicas en todo el mundo reclamando al gobierno mexicano; denunciando la inocultable ineptitud policial y política, con visos de frivolidad y mucha insensibilidad.

Por las expresiones populares y las movilizaciones sociales, dentro del dolor, la pena, la conmoción, es alentador no sentir un viento fresco soplando en la cara por la esperanza en que este capítulo, ya escrito en páginas dolorosas, sea el último en una historia sangrienta, pero el primero de una nueva era más venturosa de conciencia política y ciudadanía plena.

El dolor, la impotencia, la desesperanza ya están clavados, pero tal vez sirvan, así lo deseo, para generar un sentido al mismo tiempo de conciencia y de fragilidad. Fragilidad y conciencia que nos induzcan a comprender que la sociedad se fortalece en la medida en que la habitan ciudadanos educados y comprometidos que, a su vez, consolidan la sociedad que formará mejores ciudadanos, en una vuelta incesante. Ojalá.

 Ciudad Universitaria, UNAM

FALSEDADES Y PREGUNTAS (EN CLAVE DE TWITTER)

Nunca me tomé en serio el discurso de la sociedad del conocimiento. No en contextos como el nuestro, repletos de subdesarrollo e injustos.

¿Cómo se puede hablar de sociedad del conocimiento en un Estado donde cerca de la mitad de sus habitantes vive en rezago educativo?

¿Cómo se puede sostener ese discurso en una sociedad donde más de la mitad de su población vive, sobrevive en la pobreza?

“Sociedad del conocimiento” con la programación de la televisión mexicana es un monumento a la demagogia nacional.

¿Se puede construir una sociedad del conocimiento sobre los frágiles condiciones en que persisten miles de pobres escuelas mexicanas?

Sí, es posible educar a los hijos de los pobres, pero en escuelas ricas en condiciones y con otra pedagogía, con buenos maestros.

¡Qué paradoja! En la sociedad del conocimiento (sic) desconocemos el paradero de 43 estudiantes un mes después.

Si antes pensaba que la condición estudiantil podría describirse como una actitud vital y un privilegio, hoy sumo la fragilidad.

Ser un estudiante pensante y valiente es peligroso en este país. La crítica es válida, de dientes a labios. El estudiante dócil, sumiso, disciplinado, silenciado, castrado cabe en cualquier sistema autoritario. Pero en ese mismo sistema no cabe el estudiante curioso, inquieto, inquisitivo, rebelde, preguntón. Ese estudiante está prohibido en escuelas que prefieren el silencio, la obediencia, la reverencia a la autoridad y la ausencia de crítica.

Las escuelas castrantes ensalzan a Mandela, por citar un nombre, pero ahogan al estudiante que quiere ser como aquel: autónomo de pensamiento.

La escuela autoritaria defiende su condición de templo, y al profesor como pontífice del saber.

¿Desaparecerán estas escuelas? Tal vez la negrura del túnel anticipa la lucecita al final. Tal vez.

Tal vez asistimos al alumbramiento de la ciudadanía planetaria en este región del mundo. Tal vez.

ENSEÑAR MENOS, APRENDER MÁS: LECCIONES DE CORDURA

slide_8En las últimas semanas dediqué una parte de los días a estudiar el libro que probablemente mejor resume la luminosa experiencia de la educación finlandesa. Voy despacio, con cautela, bien equipado con marcador fluorescente, bloc y pluma en mano, tomando apuntes, señalando, escribiendo notas a partir de ideas que sugiere el texto. He tardado más de lo debido en un material de su tamaño, pero no tengo prisa.

Para quienes están familiarizados con temas educativos, ejercen de maestros o leen la prensa o noticias internacionales, sobra decir el lugar que ocupa Finlandia en la educación mundial. A quienes ignoran detalles mayores y menores solo diré que Finlandia es uno de los mejores sistemas educativos del orbe, de acuerdo con los resultados de sus estudiantes en las pruebas internacionales como la llamada prueba PISA. Tan ilustrativo como ese dato, es que su transformación a partir de la década de los setenta se hizo con base en un proyecto alternativo a las directrices que rigen hoy las reformas educativas. Cierro el paréntesis.

El fin de semana revisé las paradojas que sugiere el autor del libro, Pasi Sahlberg, a partir de su conocimiento y compromiso con la educación de su país. Con la primera paradoja fue obligado detenerme: “enseña menos, aprende más”. Cuatro palabras, dos verbos, dos procesos, dos cuantificaciones, un cambio paradigmático. Parece tan simple como imposible en el contexto mexicano y sus obsesiones para-dogmáticas.

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ELOGIO DEL BACHE

Baches más locos del mundoPor la bipolaridad esparcida en nuestra sociedad, estamos acostumbrados a verlo todo negro o todo blanco, y a cambiar radicalmente de preferencias: los que antes preferían negro, ahora optan por blanco, y viceversa. Un ejemplo viene al caso, tan nítido como doloroso para los bolsillos: los coloquialmente llamados “gasolinazos”, que el sexenio anterior militantes y dirigentes del PRI fustigaron hasta el cansancio con declaraciones, burlas, enojos, mentadas y pega de calcas; sin embargo, al llegar a la presidencia y prolongar la infausta saga, hicieron mutis y apenas balbucean las justificaciones que nunca admitieron en los panistas iracundos o mesurados que ahora se los recuerdan y les reviran las declaraciones, burlas, enojos, mentadas (y falta la pega de calcas, ¿o ya?).

Para ser parejos, con el PAN sucedió lo mismo: en su momento no tocaron los salarios mínimos y ahora se muestran defensores de su aumento, tanto, que hasta propusieron una consulta nacional, ya aprobada. Son ejemplos claros de amnesias selectivas. El PRD se ataca solo, así que no diré nada. En fin. El rosario podría ser largo y aburrido.

Esta reflexión me la provoca una mirada al otro lado de la luna, o dicho con precisión urbana: al otro lado de los baches. El visible es por todos conocido, y sufrido, excepto que se viaje en Hummer, Suburban y ese tipo de vehículos de alta gama. El resto sí lo conocemos de sobra cuando hacemos de tripas corazón y emprendemos el slalom en ciertas avenidas de Colima y Villa de Álvarez.

Con los primeros rayos del sol naranja entrando por mi ventana se iluminó la idea que quiero contar a continuación y pomposamente llamo “elogio del bache”. Y es que los baches no son tan malos, lo supe hoy. ¿O sí? Está bien, son terribles, pero tienen un lado bondadoso. Es verdad, rompen llantas (soy testigo con dos gomas nuevas en mi auto), amortiguadores, salpicaderas, las pelotas (en buen español de los argentinos), etcétera, pero son un inestimable vector de la movilidad económica.

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EDUCACIÓN, PRENSA Y CIUDADANÍA

Caroline Gipps en un discurso ante la Asociación Británica de Investigación Educativa escribió en 1993: “La investigación y la evaluación siguen basándose en agencias centrales, pero el trabajo se ralentiza a la hora de informar –si es que se informa-; la prensa local lo expresa de forma equívoca y en general lo ridiculizan; esto ha conseguido, me temo que con demasiada eficiencia, afirmar la primacía del conocimiento propio del sentido común sobre el conocimiento especializado, experto, que se ha visto desplazado (¿para siempre?) a un segundo plano”.

En México, advierto, sucede lo mismo con la intervención de la prensa en el tema de la evaluación y los resultados de la prueba PISA y, en su momento, con ENLACE. Pero la calidad o profesionalidad de la prensa va más allá de esos actos focalizados en que se coloca a la escuela pública, a los maestros y estudiantes en la picota y se les expone al escarnio con calificativos superficiales y sin mediaciones reflexivas, producto de análisis mal enterados o sin la consulta de expertos, fuentes de primera mano o la deliberación en sus redacciones.

Aunque se expresan allí las liviandades de la prensa, digo que van más allá, porque son comunes esos juicios planos, más propios de despachos destartalados de comunicación que redactados desde un periodismo fundado en la razón o la persecución de las verdades en juego.

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