Blog

BREVÍSIMO MANUAL PARA ALCALDES

El artículo tercero de la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos establece: “Todo individuo tiene derecho a recibir educación. El Estado –Federación, Estados, Distrito Federal y Municipios–, impartirá educación preescolar, primaria, secundaria y media superior. La educación preescolar, primaria y secundaria conforman la educación básica; esta y la media superior serán obligatorias”.

En el inciso A de la fracción II se lee: “Será democrática (la educación) considerando a la democracia no solamente como una estructura jurídica y un régimen político, sino como un sistema de vida fundado en el constante mejoramiento económico, social y cultural del pueblo”.

El inciso C de la misma fracción afirma: “Contribuirá a la mejor convivencia humana, a fin de fortalecer el aprecio y respeto por la diversidad cultural, la dignidad de las personas, la integridad de las familias, la convicción del interés general de la sociedad, los ideales de fraternidad e igualdad de derechos de todos, evitando los privilegios de raza, de religión, de grupos, de sexos o de individuos”.

Otros párrafos del máximo ordenamiento podrían citarse para sustentar la idea que pretendo, pero bastan los transcritos para ilustrar el vacío que abrieron históricamente las autoridades municipales con respecto a sus obligaciones.

Leer más…

¿PODER O AUTORIDAD EN EDUCACIÓN? LECCIÓN MAGISTRAL

Mis convicciones en el tema, derivadas de la práctica y lecturas, se afianzaron con un breve artículo escrito por Miguel Ángel Santos Guerra, educador español. Se llama “Jefes tóxicos en educación”. Cada línea invita a su reflexión.

La ligereza y desinformación, la improvisación e irresponsabilidad que abundan en el campo escolar confunden con frecuencia ambos términos: poder y autoridad. Las distinciones entre ambos son meridianas para Miguel Ángel Santos Guerra: “La autoridad, para ser tal, tiene que estar al servicio de la comunidad. Hablo de autoridad, no poder. La palabra autoridad proviene del verbo latino auctor, augere, que significa ‘hacer crecer’. De modo que tiene autoridad aquella persona que ayuda a que los demás se desarrollen, que ayuda a crecer.”

La autoridad escolar, es decir, quien ejerce la autoridad apropiadamente, tiene como tarea propiciar las condiciones para que en su institución, cada uno desempeñe los oficios con dedicación y entusiasmo; colabora siempre y encabeza la batalla contra las dificultades.

La definición es puntual: la autoridad sirve a la comunidad, no se sirve de ella para sus fines personales o grupales; menos para su egolatría. Quien ejerce la autoridad es el primer servidor, no el señor feudal de la escuela o institución, al cual deben rendir pleitesía los vasallos.

“Quien aplasta, humilla, silencia, castiga y, en definitiva, destruye, no tiene autoridad sino poder”, asegura Santos Guerra. Y esta condición tóxica no es privativa de los hombres. Aunque uno supondría que en las mujeres existe una sensibilidad distinta, un ejercicio diferente, no es norma que así sea, ni siquiera hay mediana garantía. Habría que extenderse, pero no hay tiempo. Dice el profesor jubilado de la Universidad de Málaga: “Lo más triste es que haya mujeres que asuman rápidamente los esquemas mentales del mando machista autoritario. Qué triste. Habría que esperar de ellas un estilo de dirección más sensible, más inteligente, más honesto”. ¡Habría que esperar, sí!

No es complicado ni requiere una metodología científica saber cuándo estamos ante un jefe tóxico, despótico y otro que ejerce la autoridad con sentido. Por supuesto, reconociendo que no es un asunto en blanco y negro, dice nuestro autor: “Existe para mí un criterio decisivo para valorar la actuación de un jefe: ¿a quién desea tener contentos, a los de arriba o a los de abajo?”. Abunda: “Mi pregunta es si la acción de los directores de las escuelas se dirige a finalidades educativas, o si se enmaraña en el ejercicio de la burocracia, el control, el autoritarismo y las intrigas”.

No hay recetas para ser buen o mal jefe. Ni es suficiente tener un doctorado en liderazgo o educación. Y debe quedar muy claro: la autoridad no es un don mágico que se transmite con un nombramiento rimbombante. En todos los casos, “La autoridad se gana con el trabajo, con el ejemplo, con la coherencia, con el diálogo, con la humildad”. Lo demás, no hay duda, se irá un día, como el polvo en la mesa después del trapo limpio.

 

EL PRESUPUESTO DE LA UDEC

Con una nota titulada “Desde la UdeC hasta el IEE, ¿cuánto le cuestan los órganos autónomos al Estado?”, Rosario Gutiérrez, reportera de Ángel Guardián, expuso el sábado 26 de septiembre el presupuesto que el gobierno colimense destinó en 2015 a siete instituciones autónomas. El tema es vital para valorar la coherencia entre discursos y hechos en un renglón sensible, para examinar la concreción de las prioridades. Colocarlo en la mira es un acierto de la cadena radiofónica.

De acuerdo con la información publicada, en total se invertirían (o gastarían, según la óptica) poco más de 349 millones de pesos en 2015. La principal destinataria de ese recurso es la Universidad de Colima, con 231 millones.

¿La cantidad es mucha o poca? ¿Es suficiente? ¿Es adecuada? Las respuestas variarán, como las perspectivas. Me interesa observar el asunto desde un ángulo: la evolución del presupuesto durante el sexenio que termina. Lo haré rápido. Según el primer informe de Mario Anguiano, en 2010, el gobierno subsidió a la Universidad de Colima con 218 millones de pesos; más de lo contemplado en el presupuesto de egresos de aquel año. Con esa medida ya podemos empezar a analizar.

Entre 2010 y 2015 el aporte del gobierno estatal a la UdeC creció 13 millones, a juzgar por los datos antedichos. ¿Hubo un incremento de las partidas aprobadas para este ejercicio fiscal? ¿En el informe próximo del gobernador se incluirán otras cifras?

Leer más…

LA UNIVERSIDAD ES UN DERECHO

rinesiConocí a Eduardo Francisco Rinesi en abril de 2013, en la Universidad Nacional de Córdoba (UNC). Asistió como uno de los ponentes principales del “1º Seminario Democratización de la Educación Superior. Una mirada desde el Mercosur”, organizado por el Ministerio argentino de Educación, el Mercosur y la UNC, como parte de los 400 eventos organizados durante 400 días, para celebrar el cuarto centenario de la primera universidad argentina.

Su presencia, como rector de la Universidad Nacional de General Sarmiento (ubicada en Los Polvorines, Gran Buenos Aires), al lado de otros académicos argentinos y conosureños, como Daniel Mato, Diego Tatián y la ex rectora cordobesa Carolina Scotto, fue una bocanada de viento inquietante para un recién llegado de las cómodas aguas colimotas.

En México, donde las agendas en las universidades estatales están más orientadas por otros temas, lo que se discutió allí me resultaba novedoso (además de urgente): sentidos de la universidad en la construcción de nuevas ciudadanías, políticas de inclusión en la educación superior o transformaciones institucionales para la inclusión en la educación superior. Rinesi fue uno de los mejores ponentes que escuché.

Leer más…

EDUCACIÓN: DERECHO INCONCLUSO EN COLIMA

¿Cuál es la calidad general del sistema educativo en Colima? ¿Estudian todos los que deberían? ¿Cuál es la eficacia del sistema en retener a todos los alumnos? ¿Cuál es la calidad de la formación ofrecida?¿Colima es un punto de referencia nacional? ¿Cuáles son los problemas de la educación en la entidad? ¿Dónde se ubican sus progresos y dónde están sus zonas oscuras? ¿Cómo está la entidad, respecto al país?

Estas son las preguntas centrales del proyecto de investigación que realizo en la Universidad de Colima con el tema: la educación en Colima, de los derechos a los hechos. Pero son, también, algunas de las interrogantes que los ciudadanos, los periodistas podrían plantearse para conocer el nivel de salud pedagógica de las escuelas del estado. Son preguntas clave para analizar la calidad, más allá de las declaraciones oficiales.

Comprender la calidad, estimarla, medirla, juzgarla, es complejo, en términos conceptuales y empíricos, porque las opiniones divergen y no hay consensos, por ejemplo, si una prueba escrita (llámese Enlace o Planea) es la mejor forma de conocer la relevancia de los aprendizajes de los estudiantes; o si un examen es la vía más adecuada para decidir que una persona es idónea para ocupar plaza como docente.

Leer más…