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A los maestros: palabras de estudiantes

Seis estudiantes de la licenciatura en pedagogía de la Universidad de Colima, del sexto semestre grupo A, accedieron a compartir una reflexión, algunas palabras sobre la docencia y los buenos maestros, los avatares del ejercicio pedagógico, la incomprensión que a veces lo rodea y los perennes resultados que produce. Le cedo la palabra a Paty Calvillo, Martín Moya, Cristi Márquez, Monserrath López, Neltzy Rosas y Karolina Ávila. Suscribo con ellos el ánimo festivo por el Día del Maestro, sin olvidar jamás que cualquiera puede dar clases, pero no cualquiera es una buena educadora, un buen maestro.

No sé porque en un día se felicita o agradece a aquellas personas que acompañan a nuestros hijos, hermanos, sobrinos o primos en su proceso de enseñanza. Creo que siempre debemos ser agradecidos todos los días, pienso que también es una buena forma de dar las gracias cada día a los maestros apoyando a nuestros hijos en su formación académica. Algunas personas califican a esta profesión como muy mala porque se basan en el aspecto económico y el tiempo dedicado; sin embargo, es una profesión excepcional, porque la recompensa emocional es incomparable.

Los maestros nos hacen mejores personas y nos ayudan a ver el mundo de manera diferente. No encuentro una profesión que tenga mayor deseo de ayudar a crecer a los demás que el maestro, por eso debemos agradecerles siempre, porque todos nos han ayudado en cada etapa de nuestra vida a ir avanzando y siendo cada día menos imperfectos. Un buen maestro no se limita a enseñar los contenidos de su clase, se preocupa porque sus alumnos lleguen a ser cada día personas íntegras.

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La universidad en casa

Durante el curso que imparto en la Facultad de Pedagogía, Universidad de Colima, ensayo una propuesta que rebasa a la materia y desborda las actividades que habitualmente sostenemos maestros y alumnos en los espacios escolares. La llamé “La universidad en casa”. La idea es sencilla: al principio del semestre invité a las estudiantes [son mayoritariamente mujeres], a buscar un momento con su familia para analizar una noticia, observar un video, realizar una lectura, comentar un suceso o tema, al estilo de lo que solemos hacer en la universidad. Concluida la actividad, deben relatar lo sucedido y leerla en clase, frente al grupo. Luego, quienes escuchamos, comentamos.

La invitación fue acogida, en general, con agrado, si mis sentidos pedagógicos no me engañan. Nunca lo habían hecho antes, y si alguno sintió temor, prefiero pensar que vencerá el desafío de realizar algo distinto en casa, convertida por unos minutos en extensión de su facultad.

Después de algunas semanas empezamos a conocer los resultados. La experiencia, hasta donde vamos, es emocionante. La timidez de las estudiantes cuando se paran frente a sus compañeros y leen, nerviosos, ya es significativa para el profesor. ¿Cuántas actividades que hacemos en los salones de clase despiertan emociones de ese tipo? ¿Cuántas de nuestras planeaciones procuran desafíos personales? ¿Cuántas de nuestras actividades implican el entorno de los estudiantes? ¿Cuántas despiertan el nervio de las actividades más esencialmente humanas?

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Universidad y Reforma Educativa

La reforma a la reforma educativa del sexenio anterior caminó de forma vertiginosa en la Semana de Pascua. Cuando se había anunciado su deliberación para el siguiente periodo de sesiones, las maniobras del equipo presidencial destrabaron la aprobación en Cámara de Diputados y auguran una consumación inmediata primero en el Senado, luego en los congresos estatales. El 15 de mayo podría anunciarse en la conferencia mañanera que la “mal llamada reforma educativa” fue enterrada legalmente, mientras los aplausos, entre otros, de quienes cocinaron, promovieron y firmaron la de Enrique Peña Nieto se escuchan jubilosos.

La reforma a la reforma no goza de la complacencia universal de quienes la impulsaron, principalmente la Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación (CNTE); sus tambores de batalla resuenan llamando a manifestaciones y paro indefinido el 1 de mayo (manifiesto de la Sección VII de la CNTE/SNTE). La historia no está escrita.

Carlos Ornelas, uno de los expertos principales en el sistema educativo mexicano, recuerda que la CNTE tiene largo pasado y advierte que sobrevivirá a AMLO. Algunos capítulos, por lo menos, habremos de descubrir en estos años.

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Niños diputados por un día

La idea de los cabildos o congresos integrados por niños un día me parece demagógica en extremo casi insoportable. Una suerte de mea culpa, de falsa corrección política, de inclusión fácil, de mercadotecnia política agotada.

Sucede cada año por estas fechas, ante la llegada del 30 de abril. En un síntoma de anemia mental, no hay nada nuevo cada año, a nadie se le ocurre imaginarse (y actuar) algo distinto, creíble, formativo, trascendente más allá de la nota efímera. No digo que no resulte (o pueda serlo) una experiencia inolvidable para los niños elegidos, pero no produce impacto alguno en la sociedad.

En el mundo se han ensayado ideas para atreverse a resonancias o apuestas mayores; por ejemplo, un cabildo infantil permanente, que sesione un día cada mes, una mañana o una tarde, integrado por representantes de las escuelas del municipio, con un encargado de coordinar, tomar notas, llevar seguimiento, ayudar en las gestiones. Ese cabildo llevaría a las sesiones el sentir de sus compañeros de los centros escolares, plantearía problemas, propondría soluciones, en suma, ejercería el derecho de los niños a opinar sobre los temas de interés colectivo.

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Alianza estratégica por la educación colimense

Cuando se publicó en 2018 la convocatoria para el Fondo INEE/Conacyt, la Dirección del Instituto Nacional para la Evaluación de la Educación en Colima invitó a las instituciones públicas dedicadas al campo educativo, a reunirnos para analizar la posibilidad de presentar proyectos interinstitucionales. Durante varias sesiones, entre agosto y septiembre, tuvimos la asistencia de representantes del Instituto Superior de Educación Normal de Colima (Isenco), la Unidad 61 de la Universidad Pedagógica Nacional y varias áreas de la Universidad de Colima, así como de la Secretaría de Educación del Gobierno del Estado.

El ánimo en todos los participantes era propositivo, de compromiso con las instituciones y la educación estatal. No fue posible concretar los proyectos colectivos para competir en la convocatoria, pero esbozamos distintas posibilidades de colaboración. El primer producto ya se concretó: la Red de Evaluación Educativa de Colima, anunciada el 11 de febrero en la Universidad de Colima.

El segundo reto parecía más ambicioso, porque implicaba un compromiso formal, pero fue posible por la voluntad del rector de la Universidad, ante quien expuse las bondades del acuerdo; el secretario de Educación, por su parte, expresó también la decisión de sumarse en el acompañamiento y a través del Isenco. Con los directores del Isenco y de la UPN, colegas y amigos, la gestión fue fácil porque había convencimiento de las posibilidades.

El jueves pasado se firmó el documento en la Sala de Juntas de Rectoría, y en los discursos se palpó la decisión de que sea un hecho histórico para la educación colimense. Gracias al compromiso de las partes, serán factibles, entre otras acciones, la movilidad de estudiantes, un ejercicio cada vez más indispensable para completar la formación profesional; así, por ejemplo, los alumnos que estudian pedagogía en la UdeC podrán cursar un semestre o materias en las otras instituciones, para profundizar su preparación en el campo docente, ámbito esencial de la UPN y el Isenco. Y viceversa, por supuesto.

Los profesores podrán realizar movilidad académica, desarrollar investigaciones conjuntas, asesorar tesis, publicar artículo o libros, y de forma muy necesaria, emprender programas para la formación y actualización de los maestros en ejercicio, a través de cursos, talleres, especialidades, diplomados o maestrías.

El territorio para la cooperación no tiene fronteras; la voluntad de sumar enriquece. Estoy seguro: la firma del convenio no será solo una imagen para la foto o la nota periodística; es punto y aparte en la historia reciente de la educación en Colima. Las autoridades hicieron su parte; toca a los actores centrales la suya.