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DIRECTORES: SOLUCIÓN DEL PROBLEMA O PARTE DEL MAL

Guillem Balagué cuenta en su libro sobre Pep Guardiola (“Pep Guardiola. Otra manera de ganar. La biografía”, Barcelona, Roca Editorial de Libros, 2013), que el entrenador catalán explicó alguna vez que existen dos tipos de entrenadores: aquellos que creen que los problemas se resuelven solos y los decididos a resolverlos.

Con la alta probabilidad de que tal división esconda, uniforme o desconozca una más amplia gama, es útil para ilustrar dos de los grandes bandos que habitan en la escuela o toman decisiones que la afectan o benefician, y así reaccionan ante las abrumadoras complicaciones que enfrenta el aparato escolar.

Que haya una marcada heterogeneidad no debe sorprender a nadie. En general no existen cursos especializados para ser director de una escuela, ni preocupa demasiado que haya preparación previa. Por lo común prevalecen el empirismo, la improvisación y una cierta incomprensión frente a las tareas de gestión. Los efectos son desastrosos. Normalmente los directores suelen asumirse como representantes de la autoridad, no trabajan para convertirse en líderes de sus comunidades; suponen, y decirlo es una bobada, que con su nombramiento vienen incluidas sapiencia y liderazgo.

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MÁS UNIVERSIDADES PARA COLIMA

He leído las noticias sobre la construcción o ampliación del Instituto Tecnológico de Colima en otro municipio. Celebro la posibilidad de que pueda concretarse, aunque tarde todavía dos, tres años. Varias son las razones para recibir con optimismo el anuncio.

En primer lugar, México tiene un rezago histórico con respecto a los países de América Latina en el indicador llamado «cobertura educativa» que, desnudo de su ropaje formal y aséptico, significa el derecho a la educación de los ciudadanos. Nuestro país ofrece muy pobres cuentas y el primer ingreso a las licenciaturas o carreras cortas sigue estando reservado para menos de un tercio de la población en la edad de cursarlas, muy distantes de los países de Sudamérica y apenas comparable a los centroamericanos. Ni siquiera los pronósticos del gobierno de Enrique Peña Nieto, de cumplirse, nos acercarían a los más avanzados en el continente, como Argentina; ya no digamos a Canadá, Estados Unidos o países europeos. Y si al tercio de la población que logran un primer ingreso le restamos las expulsiones y deserciones, entonces el panorama se vuelve todavía más crítico en el país. Esta vez, para no abusar, me abstengo de las estadísticas.

En segundo término, Colima no muestra números para lanzar cohetes en ese indicador, es decir, en la concreción del derecho a la educación superior. Lejos del Distrito Federal, el mejor en ese rubro, y con la misma problemática de los desempeños que excluyen a la mitad o más de los que inician una carrera superior. Y conviene no olvidar que la Declaración Universal de los Derechos Humanos en su artículo 26 consagra a la educación superior como derecho humano.

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LA EVALUACIÓN A LAS UNIVERSIDADES TORCIÓ EL CAMINO

En el documento que la Asociación Nacional de Universidades e Instituciones de Educación Superior (ANUIES) entregó a los candidatos presidenciales en 2012, advertía problemas severos en la estructura de la enseñanza superior y de las instituciones de ese tipo educativo. Con cautela, denunciaba el agotamiento de políticas y estrategias que la habían orientada.

La semana pasada Enrique Fernández Fassnacht, secretario general de la ANUIES, en la reunión del Consejo de Universidades Particulares e Instituciones Afines criticó las fórmulas usadas para la evaluación a las universidades. Según la nota publicada en “El Universal” (30 de junio), expuso que esa evaluación tiene un “perfil burocrático” que asegura ciertas condiciones pero no la calidad, y pervirtió el sentido de la función evaluativa. Literalmente habría dicho: “se ha visto como un medio para obtener recursos y no como un medio para mejorar”. Los riesgos de un sistema “obsoleto” (como lo calificó frente al propio subsecretario de Educación Superior) son la simulación y la reproducción de las inequidades.

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LA PEDAGOGÍA DE DISNEY

Leportada-universidad-disneyo con interés el libro “Universidad Disney”, de Doug Lipp, participante en la creación de la primera versión internacional de la universidad fundada por la compañía más global en el mundo del entretenimiento. El subtítulo promete explicaciones y afirma con presunción la filosofía de Disney en la materia: “Cómo la estrategia laboral y empresarial de Disney forma a los empleados más leales y competentes del mundo”.

Con discrepancias filosóficas e ideológicas, comparto algunas de la ideas que revela Lipp sobre los “secretos” del éxito de los parques y la Universidad Disney. Por ejemplo, la convicción de que una clave es ligar la ciencia y el arte: un buen producto (la ciencia) con un buen servicio y una actitud impecable (arte) basada en la capacitación del personal y un óptimo ambiente laboral. Eso aplica sin duda para maestros en un salón de clases y para directivos en la gestión de su escuela.

Pienso también que algunos de los hábitos o estrategias que seguían Disney y sus principales colaboradores son indispensables en las escuelas, como las caminatas que cotidianamente daba Walt Disney por su parque, deambulando entre el gentío, escuchándolos y, en algunos momentos, sentándose a conversar con sus empleados.s para pedirles sugerencias de mejora. Uno de sus principales colaboradores, Van France, introdujo una variante: salía a pasear por el parque con una cámara fotográfica y pasaba su ronda tomando fotos a los asistentes y al personal, para analizarlos después cuando escribía sus anotaciones en la oficina. No se trataba de vigilar, explican, sino del respeto y el compromiso que tenían para satisfacer a la gente que viajaba horas por avión o en auto, con sus hijos ilusionados por conocer a Blanca Nieves, Mickey Mouse o cualesquiera de los personajes.

Cuánto ganaría un centro escolar si sus directores, en lugar de encerrarse en sus más o menos cómodas oficinas, pasaran el tiempo más vital (cuando los estudiantes y profesores aprenden y enseñan) entre aulas y pasillas, observando y conversando; o durante los recesos en los jardines, acudiendo a los baños, o usando los mismos comedores que los estudiantes. Mucho, no tengo duda, mucho ganarían las escuelas con la necesaria comprensión de la naturaleza y complejidad de la vida escolar, reconociendo lo bien hecho y buscando lo que deba cambiarse, poniéndose en el lugar de los otros y alejándose a la vez, para comprender cabalmente y tomar buenas decisiones.

ECOS DEL MUNDIAL

brasil2014El fútbol es más que un deporte. Desde hace tiempo su dimensión económica y el alcance que representa superó la imaginación de los organizadores de la primera copa mundial en 1930. Los escándalos que rodean a la FIFA, el organismo supranacional que dicta sus leyes a veces por encima de las legislaciones de cada país, no dejan lugar a dudas sobre el poder y el alcance de sus tentáculos. Dichos escándalos, nada nuevos, confirman las acusaciones que en su momento hicieran algunos de los más importantes protagonistas, como Diego Armando Maradona.

El mundial de Brasil, que llega al fin de su primera etapa, admite muchas lecturas. La más estrictamente balompédica deja varias notas curiosas y otras cuantas edificantes. Entre las primeras, por ejemplo, dos hermanos jugando en dos países distintos, uno para Ghana, otro para Alemania; una expresión del nivel de globalización que invade el fútbol, con unos 70 jugadores vistiendo playeras de naciones adoptivas. Más curiosidades: Colombia aporta tres entrenadores para equipos latinos (Ecuador, Costa Rica y Honduras), pero importó para su selección uno de los tres argentinos que dirigen en el torneo.

Entre las segundas, las noticias que inspiran sentimientos y exaltan esfuerzos colectivos, la más impactante es Costa Rica, ubicada en su grupo con tres campeones mundiales, ganando a dos y empatando con el tercero, para la más histórica de sus pocas actuaciones y la alegría del país. Otros casos son aislados y no tienen la misma consistencia heroica, como Irán sosteniendo durante 90 minutos un empate contra la millonaria delantera argentina, sólo roto por un error arbitral que no marcó un penalti a favor de los iraníes, y una genialidad de Lionel Messi cuando se jugaba el excesivo tiempo complementario.

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