Blog

PEQUEÑOS OFICIOS, GRANDES PERSONAS

 A mi Mariana Belén, por sus ocho años

 

Entre los oficios y profesiones unas gozan de máxima estima y honores en nuestra sociedad. Las razones son históricas, culturales, académicas. Si son justas o no, es tema aparte. Existen aunque no pocas veces sus oficiantes contradicen la dignidad social que disfrutan. En esa taxonomía de las profesiones los médicos, los arquitectos, los abogados son la primera categoría. Luego vienen otras. De todas las demás no hablaré para no herir susceptibilidades y porque su jerarquía es menos clara. Fuera de ese escalón aparecen los pequeños oficios, los que probablemente nadie querría desempeñar, salvo vocaciones precoces o un padre en la actividad.

La jerarquía no es ficticia. Normalmente se asocia al dinero, a las consideraciones sociales, al prestigio que ostentan los títulos. Conociendo con el paso de los años a gente que desempeña unas y otras ocupaciones, tengo claros los criterios de mi amistad. Me honran estupendos amigos médicos, arquitectos, abogados. Algunos de tres o más décadas y a prueba de casi todo.

Leer más…

PEDAGOGÍA Y SUS EGRESADOS

Por medio de su correo electrónico me enteré que Angélica Rubí Gómez Aro, Rubí, como la conocemos, fue designada directora del Vasco de Quiroga, una antigua, pujante y renovada escuela de formación de trabajadoras sociales, cuya historia, aporte y trascendencia en Colima se sabe menos de lo que sería justo, pero ese es otro tema. El nombramiento de Rubí me llena de alegría personal y profesionalmente. Siempre es magnífica noticia que las designaciones de ese tipo recaigan en buenas manos, en manos honestas, trabajadoras, decentes, transparentes, sin las cuales no se puede dirigir una institución educativa. Lo he escrito en otros momentos: no se puede educar desde la impostura. Y Rubí, no tengo duda, será una estupenda directora al lado de muchos profesores comprometidos a quienes tengo el gusto de conocer y me honran con su amistad.

El nombramiento me recordó que ya son varios estudiantes, primero, y colaboradores después, quienes se ganaron la oportunidad de conducir comunidades escolares, todos ellos, me atrevo a decirlo, con resultados sobresalientes. Me referiré solo a los egresados de licenciatura, porque la maestría es capítulo aparte, pródigo también. A riesgo de olvidar alguno, tengo en la memoria varios actuales directores en la Universidad de Colima: Marcial Aviña en el Bachillerato 1, después de una exitosa incursión en el 13. Armando Hernández en el Bachillerato 18. Candelaria Gaspar en el 26. Omar Bravo en la Facultad de Lenguas Extranjeras. Juan Carlos Meza en Pedagogía, donde antes estuvieron también Jonás Larios y Carmen Silvia Peña. Fuera de la Universidad tengo presente a Roberto Carlos Peña, dirigiendo una institución privada de educación superior.

Con egresados así uno puede sentirse honrado de haber pertenecido, de seguir perteneciendo a su cuna de formación profesional, de todos nosotros, la Facultad de Pedagogía, próxima a sus 29 años en febrero de 2014.

Cada uno de ellos, y cada uno de los otros que ocupan espacios como coordinadores, subdirectores, en asesoría académica, y luego ocuparán direcciones y puestos clave, me recuerdan, por supuesto, el inevitable e inolvidable transcurrir de los años en la docencia, así como la fortuna de haber tenido el privilegio de conocerles y hoy, mirarles a la distancia con orgullo en su vigoroso transitar por instituciones educativas que, como dije al principio, necesitan mujeres y hombres que contribuyan a la formación de otros buenos hombres y mujeres, de los cuales también han de sentirse orgullosos en el indispensable ciclo vital de las instituciones.

PERIODISMO BASURA EN CLARÍN

photo-2En Córdoba comprendí temprano las orientaciones de la prensa argentina y sus visiones de la política, la economía y la presidenta Cristina Fernández, amada y odiada casi por igual. Como pasará en todos los países, las opiniones se dividen, aunque en Argentina parece extrema la fragmentación social y política. Los bandos delimitados sin medias tintas: los enemigos acérrimos de la presidente, sus defensores y benévolos críticos; poco en el centro. El espectro periodístico es claro, inocultables sus posturas. Vivo en este país, y aunque me interese su política y su futuro, su presente, solo puedo ser un observador a veces preocupado, siempre admirado por sus logros después de la terrible crisis de principios del siglo.

Desde entonces percibí que “Clarín”, el diario insignia de un poderoso y omnipresente corporativo, tan nocivo como Televisa en México, era un medio singular para entender la realidad argentina, con un ángulo torcido de lo que bien hace la presidencia, o para magnificar su defectos, incluso los estrictamente personales. En los varios meses que viví ya en estas tierras había dejado de comprarlo y por una circunstancia fortuita lo tuve el 17 de octubre.

Basura es lo que me parece el enfoque del diario para ciertos temas de los que tengo información y puedo constatarlo. No soy el único. Tengo una muestra reciente. El domingo 13 de octubre en “Página 12” leí una contundente carta a “Clarín” de Mempo Giardinelli, escritor, intelectual, periodista y antiguo colaborador del periódico de marras, donde denuncia su estilo y le exhorta a recuperar la mejor tradición de sus fundadores.

Pues en la edición que cito, del 17 de octubre, “Clarín”, en vísperas de las elecciones argentinas no pierde oportunidad de denostar a la presidente, de encontrar el peor ángulo para exhibir al partido gobernante en la nación. Pero eso es asunto de los argentinos y allá ellos lo resolverán, comprarán el diario y lo leerán, o no. A mí me indignó leer en la página 12 una nota con el siguiente encabezado: “Destrozos y tensión política en el cortejo fúnebre de un barra brava”. En el texto se lee: “La postal parecía sacada del entierro de un jefe de algún cartel de Colombia o México, con la mafia enardecida despidiendo a su jefe”. Y en negritas lo resaltaron para estigmatizar aun más.

Ignoro si en Colombia los entierros de jefes de los cárteles son peregrinaciones de sicarios que pasean los cadáveres por el centro de las ciudades, pero en México nunca vi nada como lo que afirma la nota. No es descabellado que pudo haber ocurrido u ocurra en algún pueblo de esos que controla el narco con la complacencia de las autoridades, pero de eso a convertirlo en una imagen icónica del país es un exceso inaceptable. Igual que si un periódico mexicano ante el ataque a una patrulla en cualquier parte de nuestro país etiquetara, por ejemplo: “la escena parecía tomada de una postal argentina donde los ciudadanos se toman la justicia por mano propia quemando patrullas y apaleando policías”.

Esta estúpida estigmatización del periodismo basura es denigrante de la imagen de un país donde habrá narcos (aquí también: hace días balearon la casa del gobernador de Santa Fe y una línea apunta a ellos); sicarios (como acá), policías corruptos (como acá), gobiernos infiltrados por el narco (como acá), gobiernos mediocres (como acá), campañas fallidas contra la violencia (algunos acusan ya de eso acá), pero donde se conserva un nivel de decencia (como acá) que tal vez los periodistas argentinos, esos que señalo, no conocen o menosprecian. Un país donde todavía hay un sector periodístico digno (como acá), que ejerce el oficio incluso a costa de su vida cuando cubren la fuente del narco.

Basura y mierda, en síntesis eso es lo que pienso de la nota firmada por Mariano Roa a quien escribí el 18 de octubre un correo electrónico solicitándole una de esas postales mexicanas a que aludió. Como era previsible, no recibí respuesta.

POR CALLES DE ATENAS CON MÁRKARIS

PETROS-MARKARIS-2No es la reencarnación de Sócrates o Platón, ni se acerca, pero es griego y tiene su peculiar filosofía expresada en destellos como “Menos da una piedra”, elogio resignado de las nuevas costumbres a que están obligados los griegos para no hundirse en la desesperación y encontrarle algún optimismo a la vida, devastada por los topes mortales del capitalismo en su terrorífica montaña rusa que ora se despeña aquí, ora allá o acullá. Se llama Kostas Jaritos, comisario de la policía ateniense que nos conduce (o pierde, para un desorientado) por las calles griegas, mientras busca la madeja que descubra los móviles y responsables de la materia de trabajo de su departamento de homicidios.

El comisario Jaritos es el personaje creado por el escritor Petros Márkaris, autor de una saga policiaca que ya suma ocho novelas disponibles en librería electrónica y un libro de ensayos sobre la actual crisis en su país. Griego desde 1974, nacido en Estambul de origen armenio, se autodefine de formación y cultura alemana. A sus más de 70 años tiene una consistente biografía, como guionista, dramaturgo, traductor y novelista.

Mi encuentro con Márkaris fue fortuito. Me sorprendió encontrar en las mesas de librerías santafesinas varios títulos suyos publicados en Tusquets. Un libro levanté para leer la contratapa: “Pan, educación, libertad”. En internet encontré toda la información que necesitaba. Lo compré, leí y cerré con una sonrisa, a pesar de las tribulaciones que debe pasar su mujer, Adrianí, para llenar con delicias (austeras, lo que concede máxima gracia) los platos cada noche, debido a los recortes asfixiantes del salario de Jaritos. ¡Las penas con Pan, educación, libertad son menos, qué duda cabe!

Ahora en fila de lecturas tengo uno más, para completar la trilogía sobre la crisis griega. Después no sé si me seguiré con el resto. Empecé con el más reciente, ya citado, y mientras escribo estas líneas hago una pausa en la lectura del segundo, “Liquidación final”; terminaré con el primero (“Con el agua en el cuello”) cualquier día próximo.

El comisario Jaritos, es decir, Márkaris, me gusta; y como esto no es una reseña literaria no estoy obligado a explicarlo ni describir porqués: me gusta y como leo por gusto, ya está. Además del disfrute, me ayuda, debo agregar, porque entre los textos académicos muy sesudos (y densos, a veces) que debo leer para mi oficio, necesito salir a la ventana de un departamento en el quinto piso para tomar el viento fresco, así sea a través de un libro en las calles de un país lejano y ajeno, que de a poco, se vuelven literariamente entrañables.

LOS LIBROS EN LA CALLE

kioskoCamino a Córdoba, mientras esperaba en el aeroparque bonaerense Jorge Newbery, me entretuve en los quioscos de revistas y periódicos: había algo extraño a lo que mi memoria registraba de esos lugares en México. Pronto me cayó el veinte. Eran los libros, de distintos autores: Sigmund Freud, Eduardo Galeano, Ernesto Sábato, Fontanarrosa, Jorge Luis Borges; junto a ellos, otros menos populares, argentinos contemporáneos o del pasado. Eso sucedió hace varios años. Desde entonces, cuando regresé y a lo largo de este 2013, me acostumbré a ver libros en los quioscos de periódicos y revistas en las calles argentinas.

En el más reciente viaje de Buenos Aires a Santa Fe, preparándome para una ruta de seis horas, en la estación de ómnibus “Retiro” encontré un par de libros que no buscaba (los encontré o me encontraron): “El pensamiento pedagógico del Che”, de Lidia Turner Martí, y la primera edición en Siglo XXI Editores de un libro que había comprado 20 años atrás en la UNAM: “Por una pedagogía de la pregunta. Crítica a una educación basada en preguntas a respuestas inexistentes”, de Paulo Freire y Antonio Faundez, prologado esta vez por un colega y amigo valenciano, Pep Aparicio Guadas. Pero había más libros en apenas tres metros cuadrados, de Freire y de otros autores.

Leer más…

Página 30 de 67« Primera...1020...2829303132...405060...Última »