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ALZO LA VOZ POR ELLOS… Y POR NOSOTROS

imageAlzo la voz desde un costal vacío de adjetivos para nombrar los sucesos de Ayotzinapa. Un capítulo, entre otros, que nos habíamos prometido no permitir desde el 68.

Alzo la voz desde la renuncia a la desmemoria. Con la indignación de sentir lo que sucede al otro que no soy yo, pero me da sentido.

Alzo la voz lejos de donde habitan la cobardía, la complacencia cínica o la indiferencia cómplice.

Alzo la voz por el presente indignante para que tengamos, de una buena vez, un futuro digno. Digno para nosotros, y porque nosotros hayamos sido capaces de cumplir la tarea de no frustrar el porvenir.

Alzo la voz para que en esta pirotécnica sociedad del conocimiento, conozcamos el paradero de los 43 que sacuden a México y al mundo.

Alzo la voz por ellos… y por nosotros.

 

PD. Texto leído en un minuto para la serie radiofónica “43 voces” de Universo FM, la estación de la Universidad de Colima.

LOS TUTORES: ¿CABALLEROS ANDANTES EN LA ERA DE LAS COMPETENCIAS?

Prólogo. En el principio fue el verbo

En el principio fue el verbo. Un verbo en imperativo: ¡háganse! Y se hicieron. Nacieron, crecieron y se reprodujeron por doquier. De la noche a la mañana amanecimos convertidos en tutores y, con más o menos fortuna, instruidos para ese oficio. Los estudiantes, de la mañana a la noche, o de la noche a la mañana, que para efectos prácticos es lo mismo, amanecieron con un tutor y dudas sobre si eran tutorados o asesorados, o nada más conejillos de indias en un nuevo experimento, u ocurrencia, o como se le haya llamado.

Y como si la implantación forzada de los programas institucionales de tutorías no hubiera dejado secuelas congénitas, la Torre de Babel fue levantándose de a poco, fruto de la improvisación en el origen, desaciertos en la gestión, y mal tino en la distribución de los estudiantes, eligiendo, por ejemplo, a los estudiantes con peores notas.

Esa marca nos condiciona casi fatalmente, o por lo menos nos ha discapacitado para cumplir lo prometido, o lo que esperaban aquellas declaraciones más o menos grandilocuentes sobre el valor de las tutorías para nuestras autoridades y docentes. El pecado original fue agravándose con pecados veniales y, me temo, con larga penitencia.

Así se podría escribir una parte de la historia de la creación de las tutorías en la educación superior mexicana.

(Fragmento de la conferencia con el mismo título presentada en el Sexto Encuentro Nacional de Tutoría organizado por la ANUIES en la UNAM. Noviembre 13 de 2014. En breve podrá descargarse la versión completa en la sección Publicaciones)

ESCRIBIR DE EDUCACIÓN EN ESTOS DÍAS

En estos días es difícil escribir una columna periodística sobre temas educativos y no pronunciarse sobre alguna o algunas aristas del abominable caso de los estudiantes normalistas de Ayotzinapa.

Es difícil encarar el trabajo pedagógico con el sentido político que intrínsecamente tiene la educación sin expresar, por lo menos, indignación. A partir de ese primer nivel de conciencia cada uno asciende los otros en función de sus convicciones.

Es doloroso no compadecerse, es decir, no sentir con los otros, los familiares, el profundo abismo que les carcome, las rabia que les sacude, la impotencia que puede conducir a comportamientos todavía impredecibles, o medianamente predecibles.

Es imposible (para mí) no conmoverse hondamente con las múltiples manifestaciones que se pronuncian enérgicas en todo el mundo reclamando al gobierno mexicano; denunciando la inocultable ineptitud policial y política, con visos de frivolidad y mucha insensibilidad.

Por las expresiones populares y las movilizaciones sociales, dentro del dolor, la pena, la conmoción, es alentador no sentir un viento fresco soplando en la cara por la esperanza en que este capítulo, ya escrito en páginas dolorosas, sea el último en una historia sangrienta, pero el primero de una nueva era más venturosa de conciencia política y ciudadanía plena.

El dolor, la impotencia, la desesperanza ya están clavados, pero tal vez sirvan, así lo deseo, para generar un sentido al mismo tiempo de conciencia y de fragilidad. Fragilidad y conciencia que nos induzcan a comprender que la sociedad se fortalece en la medida en que la habitan ciudadanos educados y comprometidos que, a su vez, consolidan la sociedad que formará mejores ciudadanos, en una vuelta incesante. Ojalá.

 Ciudad Universitaria, UNAM

FALSEDADES Y PREGUNTAS (EN CLAVE DE TWITTER)

Nunca me tomé en serio el discurso de la sociedad del conocimiento. No en contextos como el nuestro, repletos de subdesarrollo e injustos.

¿Cómo se puede hablar de sociedad del conocimiento en un Estado donde cerca de la mitad de sus habitantes vive en rezago educativo?

¿Cómo se puede sostener ese discurso en una sociedad donde más de la mitad de su población vive, sobrevive en la pobreza?

“Sociedad del conocimiento” con la programación de la televisión mexicana es un monumento a la demagogia nacional.

¿Se puede construir una sociedad del conocimiento sobre los frágiles condiciones en que persisten miles de pobres escuelas mexicanas?

Sí, es posible educar a los hijos de los pobres, pero en escuelas ricas en condiciones y con otra pedagogía, con buenos maestros.

¡Qué paradoja! En la sociedad del conocimiento (sic) desconocemos el paradero de 43 estudiantes un mes después.

Si antes pensaba que la condición estudiantil podría describirse como una actitud vital y un privilegio, hoy sumo la fragilidad.

Ser un estudiante pensante y valiente es peligroso en este país. La crítica es válida, de dientes a labios. El estudiante dócil, sumiso, disciplinado, silenciado, castrado cabe en cualquier sistema autoritario. Pero en ese mismo sistema no cabe el estudiante curioso, inquieto, inquisitivo, rebelde, preguntón. Ese estudiante está prohibido en escuelas que prefieren el silencio, la obediencia, la reverencia a la autoridad y la ausencia de crítica.

Las escuelas castrantes ensalzan a Mandela, por citar un nombre, pero ahogan al estudiante que quiere ser como aquel: autónomo de pensamiento.

La escuela autoritaria defiende su condición de templo, y al profesor como pontífice del saber.

¿Desaparecerán estas escuelas? Tal vez la negrura del túnel anticipa la lucecita al final. Tal vez.

Tal vez asistimos al alumbramiento de la ciudadanía planetaria en este región del mundo. Tal vez.

ENSEÑAR MENOS, APRENDER MÁS: LECCIONES DE CORDURA

slide_8En las últimas semanas dediqué una parte de los días a estudiar el libro que probablemente mejor resume la luminosa experiencia de la educación finlandesa. Voy despacio, con cautela, bien equipado con marcador fluorescente, bloc y pluma en mano, tomando apuntes, señalando, escribiendo notas a partir de ideas que sugiere el texto. He tardado más de lo debido en un material de su tamaño, pero no tengo prisa.

Para quienes están familiarizados con temas educativos, ejercen de maestros o leen la prensa o noticias internacionales, sobra decir el lugar que ocupa Finlandia en la educación mundial. A quienes ignoran detalles mayores y menores solo diré que Finlandia es uno de los mejores sistemas educativos del orbe, de acuerdo con los resultados de sus estudiantes en las pruebas internacionales como la llamada prueba PISA. Tan ilustrativo como ese dato, es que su transformación a partir de la década de los setenta se hizo con base en un proyecto alternativo a las directrices que rigen hoy las reformas educativas. Cierro el paréntesis.

El fin de semana revisé las paradojas que sugiere el autor del libro, Pasi Sahlberg, a partir de su conocimiento y compromiso con la educación de su país. Con la primera paradoja fue obligado detenerme: «enseña menos, aprende más». Cuatro palabras, dos verbos, dos procesos, dos cuantificaciones, un cambio paradigmático. Parece tan simple como imposible en el contexto mexicano y sus obsesiones para-dogmáticas.

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