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Lo que me enseñaron los niños 2

La semana pasada se publicó en este espacio la primera parte de un ejercicio colectivo con estudiantes del sexto semestre grupo A de la Facultad de Pedagogía en la Universidad de Colima. Cada uno escribió un párrafo a partir del enunciado que titula esta colaboración. Esta es la segunda mitad.

Los que nos enseñaron los niños

Los niños transmiten la alegría que a veces nos falta a para ver el mundo de colores. Siempre pueden enseñar tres cosas a un adulto: a ponerse contento sin motivo, a estar ocupado en algo y a exigir con todas sus fuerzas aquello que desea.

Los niños son el motivo para continuar luchando por el futuro; inspiran para trasmitir una sonrisa frente a situaciones adversas.Son la alegría de un salón de clases y se aprende de ellos, como ellos de nosotros.

Un niño es increíble; te pueden sacar mil sonrisas con el simple hecho de verlos, escucharlos, convivir, jugar, entenderlos. Cuando me preparo para trabajar con niños, en ocasiones entra mi desesperación por no saber qué actividades elegir, con la preocupación de que no les gusten. Mi hermana dice: «acuérdate de lo que te gustaba hacer cuando eras niña»; y aparecen ellos, porque tienen el poder de hacerte retroceder el tiempo, de hacerme pensar como cuando era niña para lograr comprenderlos; no es fácil, porque he trabajado tanto en ser adulto que me olvido que en algún momento fui niña, pero ellos lo consiguen.

Los niños me enseñan a vivir el presente; no les importa lo que pasará mañana o después. Disfrutan el momento y mientras vamos creciendo nos va importando más el futuro, tenemos más preocupaciones de qué sucederá y no disfrutamos el día a día.

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Lo que me enseñaron los niños

Propuse a los estudiantes del curso “Gestión y administración de la educación superior”, sexto semestre (grupo A) en la Facultad de Pedagogía de la Universidad de Colima, que escribiéramos un artículo colectivo. No dudaron y pronto hicieron su aporte. La idea surgió luego de observar el fragmento de una charla estupenda de José Antonio Fernández Bravo; es simple: uno de ellos, cualquiera, escribe el primer párrafo, luego los otros se suman, escribiendo del párrafo previo o agregando nuevas ideas. Así nació este artículo que, por su extensión, felizmente, dividiré en dos semanas. Al final aparecerán los nombres de los participantes en la grata experiencia.

Lo que nos enseñaron los niños

Los niños me enseñan a ser valiente, a querer y hacer las cosas sin miedo de qué dirán, a imaginar aventuras que sacan de la rutina, a conocer lo hermosa que es la vida, a dar amor y cariño sin esperar nada a cambio, a no juzgar, a comprender la causa de los comportamientos, y que formar parte de un equipo, como la familia, es lo más valioso que tenemos.

La familia es un elemento significativo para el desarrollo de cada uno de nuestros pequeños; ahí aprenden de nuestros buenos y malos ejemplos, es por ello que debemos actuar con acciones edificantes para que no se les dificulte asimilar el obrar con el bien, cuidando la pureza y bondad del infante.

Los niños no tienen prejuicios. Cualquiera puede ser su mejor compañero de juegos, no importa el color, el origen o si la persona tiene alguna discapacidad.  Con el tiempo pueden ser crueles, pero eso lo van aprendiendo de los adultos y el medio.

La escuela es su segundo hogar, donde pueden expresarse libremente y desarrollar sus habilidades; en ella el docente se transforma en una figura paternal y guía, va más allá de solo cumplir su trabajo, tiene vocación, que implica paciencia, creatividad, actitud, imaginación y, sobre todo, amor.

Los niños son la base primorial que generan ganas de seguir explorando conocimientos; transmiten paz, alegría y generosidad mediante sus actitudes.

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Educación indígena: mirada desde Colima

Desde el viernes he dedicado algunas horas del fin de semana a la tesis elaborada por Diana León y Carlos Miramontes, jóvenes recién egresados de la licenciatura en pedagogía en la Universidad de Colima. Tengo presente el momento en que nació en su cabeza la idea de emprenderla en un tema inédito entre los proyectos de los pedagogos colimenses. Fue hace dos años, al terminar una conferencia que impartí en nuestra Facultad, durante la cual dediqué unos minutos a comentar el informe entonces muy reciente del Instituto Nacional para la Evaluación de la Educación (INEE) sobre la educación indígena.

Las cifras que expuso aquel reporte documentaban lo que ya podía suponerse, se sabía de manera aislada o se ignoraba de esa descuidada parcela del sistema educativa nacional. Los datos contundentes revelaban la magnitud del muro que el país había levantado para aislar a la considerable población indígena.

Conmovidos probablemente por aquella información, Diana y Carlos me esperaron y en el camino a la salida me preguntaron si podríamos trabajar en ese tema, para su proyecto del seminario de investigación. Acepté sorprendido por su interés. La experiencia fue positiva: ambos fueron estupendos estudiantes y muy responsables en su tarea investigativa.

La tesis tiene como título “Análisis de políticas educativas indígenas”, y analiza la respuesta que cuatro estados del país, Guerrero, Chiapas, Oaxaca y Yucatán dieron a las directrices o recomendaciones de política educativa emitidas por el INEE, especialmente a la quinta de seis, a saber: Garantizar centros escolares con infraestructura y equipamiento que respondan a las necesidades de las comunidades indígenas.

Las respuestas estatales podrían intuirse, y su precariedad explica el abandono de la educación indígena y su previsible persistencia; pero del contenido, el proyecto o las conclusiones no me corresponde hablar por ahora, mientras se presenta en el examen profesional.

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Red de Evaluación Educativa en Colima

El 11 de febrero, en el Paraninfo de la Universidad de Colima, anunciamos la creación de la Red de Evaluación Educativa de Colima, con las adhesiones, a la fecha, de las instituciones más relevantes del panorama educativo local, entre ellas, por supuesto, la Universidad de Colima y la Secretaría de Educación del Gobierno estatal.

Las expectativas que teníamos cuando concebimos la Red se fortalecen con el entusiasmo y participación de un cada vez más amplio grupo de instituciones y personas interesadas en constituir un espacio plural, propositivo y convergente en el deseo de que la evaluación sea insumo valioso para la comprensión, el diálogo y la toma de decisiones que permitan la mejora en el sistema educativo colimense.

A continuación, expongo algunas partes del documento fundacional, preparado inicialmente por el profesor universitario Antonio Gómez Nashiki, con base en los acuerdos suscritos por las instituciones.

Durante el proceso nacional de difusión de la tercera convocatoria del Fondo INEE/Conacyt (agosto-septiembre de 2018), la Dirección General Adjunta en Colima del Instituto Nacional para la Evaluación de la Educación invitó a las instituciones de educación superior públicas dedicadas a la formación de maestros a conocerla y explorar posibilidades de desarrollar un proyecto conjunto, semilla de un esfuerzo interinstitucional inédito de colaboración académica en distintos planos.

La disposición de las instituciones participantes en las reuniones, el Instituto Superior de Educación Normal de Colima, la Universidad Pedagógica Nacional unidad 061, la Secretaría de Educación del Gobierno del Estado y la Universidad de Colima, alimentaron distintas ideas sobre las actividades factibles, entre ellas, la creación de una red académica dedicada a investigar, estudiar y difundir la importancia de la evaluación como ingrediente vital para la comprensión y transformación de los sistemas educativos.

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La nueva educación: ¿de calidad o excelencia?

La iniciativa enviada por el presidente de la República para la reforma constitucional de los artículos 3º, 31 y 73 introdujo conceptos o elementos novedosos, omitió aspectos torales y abrió un proceso inusitado de debate convocado por el Congreso de la Unión en forma de audiencias públicas con participación plural de distintos actores, así como en otras instancias, entre ellas, la Asociación Nacional de Universidades e Instituciones de Educación Superior.

Novedosa es la propuesta anticipada por el senador Martí Batres para establecer la obligatoriedad y gratuidad de la enseñanza superior, cuya puesta en marcha requeriría un monto que Imanol Ordorika estima en 14 mil millones de pesos, que las instituciones públicas dejarían de percibir por las cuotas que pagan los estudiantes. Nueva, y grave, es la omisión de la educación inicial como parte del sistema educativo.

La supresión más delicada y potencialmente peligrosa es la de la autonomía universitaria, suprimida inexplicablemente del texto constitucional, que ni los gobiernos más represores en el país se atrevieron a tocar.

En afán de desmarcarse y trazar un punto y aparte con la reforma alentada por el Pacto por México, decidieron trocar los conceptos para adjetivar la educación: de la calidad, a la excelencia. Así está presente en la exposición de motivos, y en la redacción propuesta para el artículo 3º, desde el primer párrafo, como uno de los principios que deben caracterizar la educación, junto con los de universal, gratuita, laica, obligatoria, democrática, integral y equitativa.

Si bien el término calidad, con sus ambigüedades, resulta controvertido, ha sido paulatinamente aceptado en el contexto internacional como un concepto amplio que puede explicarse a partir de algunas dimensiones, como relevancia, eficacia, pertinencia y equidad. El término “excelencia”, por su parte, es menos aceptado y ampliamente refutado.

Pablo Latapí Sarre, en ocasión de la memorable conferencia que presentó cuando recibió el doctorado honoris causa en la Universidad de Colima, en febrero de 2006, disertó sobre el tema. Su discurso, publicado en libro de colección, se titula: Una buena educación: reflexiones sobre la calidad.

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