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Educación en tiempos de barbarie

La pandemia encontró un país políticamente fracturado: los partidarios del presidente, defensores a ultranza hasta de lo indefendible, y los adversarios coléricos, críticos hasta de lo bien hecho.

En el medio, muchos observamos el triste espectáculo de categoría esperpéntica.

Con cierto candor supuse que la enorme amenaza pandémica firmaría una tregua entre partidarios de ambas formaciones ideológicas. Fallé. Así transcurrieron los meses y, pese a temores, muerte y dolor, la fisura nos hunde.

En esos momentos de turbación, cuando las amenazas externas obligaban a la reconciliación, la cosa sólo se agravó. Unos y otros aprovechan pretextos nimios para denostar.

La diferencia política se volvió causa de odio y alentó deseos de aniquilación del rival. Las redes sociales exacerban linchamientos.

De uno y otro lado afloran poca racionalidad, escasa civilidad y tolerancia. En año electoral las campañas serán gasolina en el fuego de mezquindades. No nos espera un año más civilizado en este 2021.

La historia de la humanidad, dicen, es el conflicto permanente entre civilización y barbarie. La imposibilidad de escuchar con paciencia al otro y desmontar sus argumentos con otros superiores no tiene cabida en muchos de los soldados de esas batallas feroces. El objetivo es la descalificación de las personas, la burla, el insulto.

Justamente por eso, porque no se construye ciudadanía desde el deseo de aniquilación del diferente, se vuelve más importante la tarea educadora, el papel de la escuela como institución de igualación social, de los maestros como artífices de una cultura del respeto a la dignidad, integridad y libertades del otro.

En tiempos negros, como los que corren, es cuando más tenemos que apostarle a la buena educación, porque sin ella, la democracia languidece.

La escuela es la única posibilidad de construir la ciudadanía que la democracia necesita. Es la vacuna contra la barbarie y la violencia.

 

Colima: ¿potencia educadora?

Este fin de semana encontré en redes sociales una campaña del gobierno estatal ensalzando sus logros en distintos ámbitos. Me importan todos, pero en el educativo pongo atención por razones profesionales.

Debo confesarme para comenzar: he dicho y escrito, en distintos espacios, que Colima puede ser un punto de referencia nacional. En la visita de la maestra Sylvia Schmelkes a Colima, en enero de 2017, cuando conversamos con el gobernador Peralta se lo dijimos: hay condiciones para que el estado sea un modelo de buenas prácticas. Estuvo de acuerdo. ¿Lo somos? ¿Colima es una potencia educadora?

Veamos algunos hechos y formulemos preguntas. En la campaña estatal del gobierno dicen, por ejemplo, que nunca se invirtió en infraestructura y mejora de las escuelas tanto como ahora. Que los uniformes escolares gratuitos son una política que favorece la equidad. Que son un gobierno educador. No tengo por qué dudarlo, pero hacen falta datos para sustentarlo. Las palabras sirven, pero los números convencen cuando se trata de evaluar gobiernos.

Podríamos saber, por ejemplo, ¿cuántos pesos se invierten por cada estudiante de primaria, secundaria, bachillerato y universidad? Y, si no es mucha molestia, ¿cuánto se invirtió en otros sexenios? ¿La comparación favorece a este gobierno?

Tengo algunos datos sobre la inversión por estudiante, obtenidos del presupuesto de egresos aprobado por el Congreso estatal y de los informes gubernamentales. No son de los últimos dos años, pero tampoco para hacer fuegos pirotécnicos.

El Censo de Población y Vivienda 2020, presentado hace poco por el INEGI, ofrece otros ángulos. Son pocos indicadores, pero algo revelan. La población de 6 a 14 años que asistía a la escuela (el Censo es de marzo del 2020, recuérdese) era de 93.8% en el país; en Colima, el INEGI lo ubicaba entre 93.4 y 94%. En otras palabras: en Colima, como en el país, en promedio estaban fuera de primaria y secundaria 6 de cada 100 niños. No es edificante.

En analfabetismo, el país estaba en 4.7% de la población mayor de 15 años. Colima es una de las tres entidades con menos población analfabeta, junto a Baja California Sur y Aguascalientes. Punto a favor.

El grado promedio de escolaridad en el país en el 2020 era de 9.7; en Colima, 10 años. Ciudad de México: 11 años. Cada uno sus juicios.

Las afirmaciones jubilososas de la campaña gubernamental se sostienen sí y sólo sí con datos transparentes; lo demás, demagogia. Una comparación entre sexenios ayudaría a que los aplausos tengan más fuerza y veracidad. Ojalá, reitero, Colima fuera un ejemplo contundente. Por ahora, todavía deben disiparnos dudas.

 

Otro libro en puerta

Entre miércoles y viernes dediqué más de la jornada habitual de trabajo a la lectura y revisión de un nuevo libro que coordino con un dilecto amigo y colega. Por ahora, me reservo nombres del colega, colaboradores y del propio libro, hasta que hayamos avanzado un poco más y sea el momento de contarlo en esta página.

Lo que puedo decir ahora es el tema: la pandemia en las escuelas y sus implicaciones teóricas y prácticas.

Mi tarea es de lectura y revisión. La experiencia es siempre un desafío, más cuando los revisados son autores de solvencia sobrada. Así lo estoy disfrutando, aunque es extenuante.

Mientras ese proyecto avanza, en el horizonte tenemos el inicio del nuevo semestre en la Universidad y debemos preparar el curso, distinto a lo realizado hasta ahora.

Tiempos de trabajo intenso. Luego vendrán las cosechas, y si no, quedará el trabajo y las satisfacciones. Incluso las frustraciones, que también son un gajo del balón.

Volver a las escuelas en Colima

¿Es tiempo de pensar en la vuelta a clases en Colima? Sí, si queremos un retorno seguro, escalonado, sensato, sin costos altos.

Si queremos un retorno así debemos comenzar o acelerar su planeación e instrumentación.

Claro, no está cerca. Estacionamos en el semáforo rojo, pero una decisión responsable que termine el confinamiento escolar no puede improvisarse.

No alcanzan las buenas intenciones, ni las presiones de escuelas particulares o la voluntad gubernamental. Frente a la elevada contagiosidad del virus se precisa una acción informada, inteligente, alimentada por la ciencia y discutida con expertos. Planes basados en evidencias y bien comunicados.

Las comparaciones son indeseables, dicen, pero necesarias en educación. Hay que contrastarnos para valorar presente y posibilidades, para diagnosticar. Uruguay es el primer país del continente que retornó a las clases y uno de los primeros en el mundo, con una experiencia documentada por la Unesco.

Cuando uno contrasta lo que ellos hicieron y nuestra ruta, las diferencias sonrojan. No hay tiempo para detalles.

Allá no hay decisiones unipersonales, ni ocurrencias. Se lo tomaron en serio desde el principio, y para junio ya habían regresado.

Los políticos toman decisiones aquí y allá. La diferencia son los criterios y personas que las nutren.

El “protocolo” para el retorno a clases que anunció Esteban Moctezuma en octubre es un listado de lugares comunes. No es suficiente. Las escuelas son distintas en contextos y condiciones.

El regreso uruguayo, definido como voluntario, por etapas y gradual, no se organizó por niveles educativos; priorizó densidad territorial, vulnerabilidad de los estudiantes y finalización de ciclos escolares, así como las condiciones sanitarias de poblaciones y escuelas.

Lo ideal sería hacerlo para todo el país, pero con más de 250 mil escuelas la tarea es descomunal. Hecha desde un estado como Colima, es factible. Se requiere, por ejemplo, el censo de las escuelas y sus condiciones sanitarias; el personal que labora en cada una para apoyar la desinfección permanente de instalaciones y definir cuántas personas y dinero faltan.

La movilización de familias, estudiantes y maestros es clave. Hoy, con escuelas cerradas en Colima, más de 200 mil personas no circulamos diariamente a pie, auto propio o transporte público. Lanzar a las calles de nuevo a 100 o 150 mil personas cada día tiene riesgos. Hay que planearlo con cuidado, y eso sólo se logra con información. El semáforo epidemiológico no sirve para este propósito.

No está cerca el regreso a las aulas en Colima. Pero si no hemos empezado a diseñar planes confiables de retorno, perderemos oportunidades y desaprovecharemos lecciones de la experiencia.

El retorno a las escuelas en Colima

¿Cuándo debemos volver a las aulas en Colima? ¿Es tiempo de pensar en eso? ¿Ya tendrían que estar trabajando en la vuelta a clases las autoridades del estado y de las instituciones educativas y sanitarias? ¿Qué opinamos papás y mamás? ¿Qué opinan los maestros?

La petición del presidente de la República a los estados que se encontraban en semáforo verde para volver a las escuelas ya tiene dos consecuencias. Una, la vacunación de los maestros campechanos, decisión que sembró otra polémica ante la prioridad que representa el magisterio frente al personal de salud, en este momento todavía escaso de vacunas. La otra consecuencia es que resurgieron las exigencias de las escuelas particulares para abrir, amenazando con hacerlo sin autorización. Veremos qué sucede.

En ese contexto, me parecen pertinentes aquellas y otras preguntas sobre el retorno a las clases en Colima. Es evidente que no será en el muy corto plazo, si hoy volvimos al rojo en el semáforo del gobierno federal, y faltarán varias semanas para recuperarse de esta nueva ola de contagios y muertes provocadas por claras incompetencia gubernamental e irresponsabilidad ciudadana.

Creo que preguntarnos y preguntarle a la Secretaría de Educación en Colima y a las autoridades de las instituciones educativas tiene mucho sentido para evitar que se repitan las decisiones improvisadas, sin fundamentos y tardías, como nos acostumbraron en estos meses desde la SEP.

Las comparaciones son indeseables, dicen, pero en educación son necesarias. Hay que mirarnos contra un estándar, contra una referencia o un modelo, para valorar la condición presente y posibilidades, para diagnosticar. Uruguay es el primer país del continente que retornó a las clases y uno de los primeros en el mundo, con una experiencia muy interesante que la Unesco recogió y puede leerse fácilmente en el mundo internet.

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