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Minutos de silencio

A cada muerte le corresponde su dolor. Hay muertes, también, que lo trascienden, que conmocionan a toda la sociedad o una parte de ella, por su crudeza, por la perversidad que las produjo, por la edad de las víctimas, por el clima social. Son muertes que duelen más allá del entorno familiar, que se cuelan en los sentimientos y dejan una estela de pesar e indignación en otros hogares. No hay fallecimientos útiles, pero sus dolores, los de esas pérdidas, abren paso a una nueva comprensión de la realidad, al descubrimiento de facetas ignoradas, a la constatación de algo que se negaba, como el automovilista sube los vidrios para no escuchar el ruido que augura problemas automotores, o el gobernante la prensa, excepto la que canta palabras dulces en su oído.

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El movimiento estudiantil chileno y sus enseñanzas

Chile, el laboratorio más avanzado de las políticas neoliberales, orgullo del Fondo Monetario Internacional, parece hoy el laboratorio más perfecto para experimentar en campo ajeno. Las lecciones que de allí se desprenden son una hipótesis sobre el futuro posible o indeseable. En el centro de los cuestionamientos del movimiento estudiantil está la enseñanza superior, presa de tendencias a las que se suma nuestro país desde hace algunos años.

En México se analizan en estos días, en diversos espacios, temas álgidos, como el derecho a la educación y el presupuesto para la enseñanza, especialmente para las universidades públicas. Ambos tienen su especificidad, pero también lazos imposibles de disolver: de los recursos depende, en buena medida, una educación de calidad para todos.

Los jóvenes chilenos protestan porque el progreso económico en sus grandes indicadores no se tradujo en una sociedad equitativa. ¿Qué quieren los estudiantes y una porción considerable de la sociedad chilenas? Exigen derecho a una buena educación, mayor inyección de recursos públicos al sistema escolar, ayudas a estudiantes, más acceso a las universidades, no promover una educación elitista y excluyente, y sí otra que sea una plataforma de movilidad social.

Los rectores de las universidades públicas mexicanas están demandando, como el movimiento social chileno, presupuesto y una comprensión distinta de la educación pública. Aquí, como allá, el fondo no es de dinero, es de proyectos; no es de economía, es de ética. Lo que está en juego es la contestación a preguntas como qué tipo de nación queremos, qué tipo de mexicanas y mexicanos vamos a formar. De las respuestas dependerá el país del presente pero, sobre todo, el que seremos en 20 años.

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Lecciones en campo ajeno

Exhibida como modelo de desarrollo económico por algunas décadas, la democracia chilena parece agotada. Un año después de haberse puesto traje de héroe con el rescate de los mineros, el presidente del país andino no encuentra la madeja. El fin de semana el movimiento estudiantil chileno, que sacude los cimientos de la estructura política, asestó un golpe contundente. Si ya se advertía que no eran un puñado y no estaban solos, lo confirmó la convocatoria a un acto público que habría reunido, según los organizadores, cerca de un millón de personas. Siete horas duró la convivencia de familias, niños, estudiantes, profesionales y figuras de la música y el arte. La cita, llamada “Domingo familiar por la educación”, cumplió su cometido.  El diario “La tercera” publicó: “El objetivo era una fiesta ciudadana. Y así fue”.

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En la opinión… Los procesos de admisión, el derecho a la educación

El tema de hoy, para mí, no puede ser otro que el proceso de admisión: las listas de aceptados, los rechazados, el derecho a la educación. Es un momento de contrastes inocultables, de alegría para miles y amargura para cientos. Horas difíciles para las familias que enfrentan la desazón de una hijo, un hijo que no fue aceptado donde quería.

En Colima el problema existe desde hace tiempo, cuando los aspirantes a una carrera fueron más que los espacios disponibles en ella, entonces hubo que desarrollar un procedimiento para elegir; hoy, la Universidad usa sólo dos criterios, el promedio del nivel anterior y el resultado del examen de conocimientos elaborado y aplicado por un Centro Nacional de Evaluación.

Aun cuando sean los criterios anteriores los que definen a quienes estudiarán una carrera, lo cierto es que el primero de los estudiantes que no tienen espacio suele estar inconforme. Es previsible. Se juegan presente y futuro, no es una decisión intrascendente.

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El tema de hoy

Los datos publicados por la Universidad de Colima en estos días muestran una rama del frondoso problema de la falta de acceso a la educación superior. Me refiero al cuadro con información sobre el ingreso de nuevos estudiantes en un grupo de universidades públicas mexicanas, de distintos tamaños y contextos. La recopilación hecha por la Coordinación General de Comunicación Social -esfuerzo nada sencillo por falta de una fuente única- expone la incapacidad de las universidades por atender a más estudiantes de los que tocan sus puertas y el esfuerzo de la Universidad de Colima por absorber a la mayor cantidad. Luces y sombras en el paisaje. Hay que decirlo también: la reducida capacidad de atención de las universidades públicas es comprensible; a la UNAM, por ejemplo, ingresan más estudiantes cada año, que la población total de varias universidades públicas estatales.

Pero además, expone la incapacidad y, en no pocos momentos, la falta de voluntad en las cumbres políticas del país para satisfacer a quienes demandan oportunidades educativas. Los responsables tienen nombres y dependencias concretas, ayer y hoy. La historia no miente. No es preciso abundar en detalles.

En la conjunción de problemas estructurales e instituciones el escenario es poco halagüeño. La ineficiencia de nuestro sistema educativo es vergonzosa. El país no educa a millones de sus jóvenes y el indicador llamado cobertura lo refleja. Cobertura es, como se sabe, la proporción resultante del total de los inscritos en un nivel escolar contra el número global de habitantes con edades de cursar dicho nivel. La cobertura mide realidades, es contundente y, a veces, desnuda discursos.

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