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Lecciones en campo ajeno

Exhibida como modelo de desarrollo económico por algunas décadas, la democracia chilena parece agotada. Un año después de haberse puesto traje de héroe con el rescate de los mineros, el presidente del país andino no encuentra la madeja. El fin de semana el movimiento estudiantil chileno, que sacude los cimientos de la estructura política, asestó un golpe contundente. Si ya se advertía que no eran un puñado y no estaban solos, lo confirmó la convocatoria a un acto público que habría reunido, según los organizadores, cerca de un millón de personas. Siete horas duró la convivencia de familias, niños, estudiantes, profesionales y figuras de la música y el arte. La cita, llamada “Domingo familiar por la educación”, cumplió su cometido.  El diario “La tercera” publicó: “El objetivo era una fiesta ciudadana. Y así fue”.

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En la opinión… Los procesos de admisión, el derecho a la educación

El tema de hoy, para mí, no puede ser otro que el proceso de admisión: las listas de aceptados, los rechazados, el derecho a la educación. Es un momento de contrastes inocultables, de alegría para miles y amargura para cientos. Horas difíciles para las familias que enfrentan la desazón de una hijo, un hijo que no fue aceptado donde quería.

En Colima el problema existe desde hace tiempo, cuando los aspirantes a una carrera fueron más que los espacios disponibles en ella, entonces hubo que desarrollar un procedimiento para elegir; hoy, la Universidad usa sólo dos criterios, el promedio del nivel anterior y el resultado del examen de conocimientos elaborado y aplicado por un Centro Nacional de Evaluación.

Aun cuando sean los criterios anteriores los que definen a quienes estudiarán una carrera, lo cierto es que el primero de los estudiantes que no tienen espacio suele estar inconforme. Es previsible. Se juegan presente y futuro, no es una decisión intrascendente.

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El tema de hoy

Los datos publicados por la Universidad de Colima en estos días muestran una rama del frondoso problema de la falta de acceso a la educación superior. Me refiero al cuadro con información sobre el ingreso de nuevos estudiantes en un grupo de universidades públicas mexicanas, de distintos tamaños y contextos. La recopilación hecha por la Coordinación General de Comunicación Social -esfuerzo nada sencillo por falta de una fuente única- expone la incapacidad de las universidades por atender a más estudiantes de los que tocan sus puertas y el esfuerzo de la Universidad de Colima por absorber a la mayor cantidad. Luces y sombras en el paisaje. Hay que decirlo también: la reducida capacidad de atención de las universidades públicas es comprensible; a la UNAM, por ejemplo, ingresan más estudiantes cada año, que la población total de varias universidades públicas estatales.

Pero además, expone la incapacidad y, en no pocos momentos, la falta de voluntad en las cumbres políticas del país para satisfacer a quienes demandan oportunidades educativas. Los responsables tienen nombres y dependencias concretas, ayer y hoy. La historia no miente. No es preciso abundar en detalles.

En la conjunción de problemas estructurales e instituciones el escenario es poco halagüeño. La ineficiencia de nuestro sistema educativo es vergonzosa. El país no educa a millones de sus jóvenes y el indicador llamado cobertura lo refleja. Cobertura es, como se sabe, la proporción resultante del total de los inscritos en un nivel escolar contra el número global de habitantes con edades de cursar dicho nivel. La cobertura mide realidades, es contundente y, a veces, desnuda discursos.

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La calidad de nuestros profesores

La nota sobre los cientos de miles de estudiantes que abandonan el bachillerato, los rechazados de las instituciones de educación superior y la publicación de los resultados del cuarto concurso nacional para el otorgamiento de plazas docentes en educación básica pusieron de nuevo al sistema escolar en la picota. Cada uno de los problemas tiene una complejidad particular, pero en lo profundo un origen común, ligado al funcionamiento del sistema político y a la prioridad que ha representado ayer y hoy la educación en el país.

En el tema de los docentes era previsible el escenario y los juicios. Esa es una primera constatación que, vista desde fuera de nuestra realidad, es desconcertante: ya conocemos los problemas y buena parte de lo que ignoramos, pero hemos avanzado poco en resolverlos. ¿Qué significa tal confirmación?

-Como en las ediciones previas del concurso nacional los resultados no exhiben excelencia, aunque la SEP ha cambiado la clasificación de los resultados (aprobados-reprobados, aceptable-requiere nivelación-no aceptable y la actual) Los titulares periodísticos de esos días fueron lapidarios y no preciso abundar. Leer más…

Tristes paradojas

En 1997 se publicó un examen realizado a la educación superior mexicana por la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE). En el libro los cuatro examinadores confiesan su perplejidad por un hecho que sigue resultando paradójico: que en México una persona, luego de doce años de estudio y terminar su bachillerato, no tiene ninguna posibilidad de insertarse en un empleo gracias al contenido de su escolaridad, cuando el país tenía un promedio apenas superior a la primaria.

Parece que a nuestro sistema educativo lo acompañan múltiples paradojas. Ahora una más: mientras cada año miles de jóvenes buscan un lugar en las instituciones de educación media superior, y muchos de esos miles no logran ingresar a la escuela deseada, otros miles son expulsados.

La semana anterior el secretario de Educación, Alonso Lujambio, informó que cada año 600 mil estudiantes de bachillerato abandonan el sistema educativo y, probablemente, nunca regresarán a la escuela e ingresarán a circuitos formales e informales de trabajo, cuando no al desempleo. Leer más…