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JORNADA NEGRA EN #COLIMA (EN CLAVE DE TWITTER)

Celebro la recuperación anunciada de #FernandoMorenoPeña después del atentado que sufrió esta mañana.

Violencia convoca violencia o cordura. La democracia y sus ciudadanos no tienen opción. La convivencia con el diferente tampoco se discute.

La violencia es demencial, y dementes los que festinan la violencia en #Colima.

En una sociedad democrática nadie puede o debe festejar que una persona sea violentada, ni por el Estado, ni por otros ciudadanos.

Una ciudadanía democrática no se construye deseando la aniquilación física o simbólica de los adversarios.

 Y las burlas u ofensas después de un hecho como el de esta mañana en #Colima, también me parecen un acto demencial.

Un ciudadano democrático no puede reclamar derechos para unas personas y la negación a otras, menos la aniquilación de quienes difieren.

La tolerancia solo se pone a prueba contra los diferentes. Hoy, afloraron vetas de intolerancia y rabia.

También, el atentado desnudó a periodistas y medios irresponsables amparados en lo «Extraoficial», el «Se dice» o «Varias fuentes».

Acusar en medio del desconcierto tampoco exhibe valentía o civilidad. Lo contrario.

La jornada es negra: por el atentado a una persona, por los medios irresponsables, por la intolerancia, por el aplauso a la violencia.

TUCA FERRETI EN DOS TIEMPOS

TucaMayo de 1991. Como había soñado, dos años después de terminar la licenciatura empecé los estudios de posgrado en la UNAM. La Facultad de Filosofía y Letras me acogió para cursar la maestría y el doctorado en pedagogía. La experiencia académica y personal fue definitiva en mi vida. Pero no es el tema, hoy es el fútbol.

Apenas llegar al DF se jugaba la final del campeonato entre dos de los más encarnizados rivales: Pumas y América. El primer partido fue en el Azteca y el segundo, definitivo, en el Estadio Olímpico Universitario. Apenas ponerse a la venta hice la fila más larga que recuerdo, pero conseguí boleto para presenciar la gran final.

El domingo, temprano, me preparé para llegar con anticipación. Desde la Colonia Narvarte salí puntual por toda la avenida Universidad. CU era una romería.

El partido fue tensión permanente. Los dos equipos tenían en sus alineaciones jugadores de época. El sol del mediodía a plomo reventaba a la afición, como a los futbolistas. El marcador solo pudo romperlo un impresionante disparo que salió del botín de un ya veterano futbolista brasileño. La marca de sus goles era la potencia de la pierna derecha. El bombazo de Ricardo Tuca Ferreti fue una puñalada en el corazón de la nación americanista, que recibió inclemente Adrián Chávez, portero amarillo. Un domingo inolvidable para el equipo de la máxima casa de estudios mexicana. La temporada siguiente el Tuca dejó los botines y con su peculiar estilo malhumorado inició la carrera como director técnico.

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VERSOS DE COHEN PARA MI MADRE

El ocho de octubre de hace ocho años murió mi madre. La recordamos el jueves y nos encontramos por unos minutos con buena parte de la buena familia que no veo más durante mucho tiempo.

A las 40 años fue el golpe más despiadado que recibí; el más contundente e irreversible. La vida está llena de golpes, como de fortuna (disculpen ustedes, pero no pretendo hacer filosofía de libro de superación personal. Ni de otra). Pero unos no tienen otro round, una segunda vuelta. Ese es uno de ellos.

Esta mañana desperté temprano. Aproveché para leer en cama todavía en la oscuridad, escuchando los cantos de los pájaros. Decidí seguir con la biografía de Leonard Cohen. Y en las primeras páginas encontré “una de las canciones más autobiográficas que jamás haya escrito”: The night comes on. Los versos trajeron el recuerdo de mi madre:

Fui al lugar donde sabía que ella me esperaba

bajo el mármol y la nieve.

Le dije: “Madre, tengo miedo, hay truenos y rayos;

sé que no podré hacerlo solo”.

Ella me dijo: “Yo estaré contigo, mi chal te envolverá,

mi mano sobre tu cabeza cuando te vayas”.

Y la noche avanzaba; era una noche muy tranquila;

quise que no se acabara nunca,

pero ella me dijo: “Vuelve, vuelve al mundo”.

 […]

 Ahora ando buscándola siempre, perdido en esta vocación,

diciendo: “¿Cuándo me llamará?

¿Cuándo volverá?

¿Qué debo preparar?”.

Entonces ella se inclina ante mi anhelo,

Como un sauce, como una fuente,

permanece en el aire luminoso.

Y la noche avanza, es una noche muy tranquila

me acuesto en sus brazos y me dice:

“Cuando me haya ido, seré tuya para una canción”.

 

EL CINE Y YO

CineClubEn México vi algunas películas de los hermanos Coen, Ethan y Joel. Pero no me provocaron emociones espectaculares. En Córdoba, Argentina, viviendo a unos pasos del inolvidable Cineclub Municipal Hugo del Carril, con mi tarjeta de socio vi todas las películas que pude, incluso con repetición.

A las 12 del día, a las tres de la tarde, a las 18 horas, a las 11:30 de la noche, iba al cine. No tenía predilección, luego de cumplir mis compromisos laborales.

Además de las bondades profesionales que tuvo la feliz estancia, entre ellas un par de libros escritos, el reenamoramiento con el mejor cine fue de lo más agradable que experimenté. Un currículum nada despreciable para aficionados: ciclo con afamado director israelí, del alemán Werner Herzog (su imperdonable Fitzcarraldo), de Woody Allen (con un cartel imponente de Scarlett Johansson en la playa), de Clint Eastwood y de los hermanos Coen, y películas argentinas de festival.

Allí los hermanos Coen me deslumbraron. Vi casi todas sus películas (digo casi, por precaución y para no faltar a la verdad). Por eso, hoy que veo en las noticias que viene ya una nueva peli no pude menos que recordar aquellas sesiones y esperar con alegría que llegue el momento, en febrero, de disfrutarles con otra magistral obra. Si la veo en casa, altamente probable, no faltará un fernet con coca, para honrar la bebida nacional de los cordobeses. He dicho.

Ah, por si les interesa, la cinta se llama “¡Ave, César!”.

HOMO ACADEMICUS

Con el arribo de los meses finales del año se intensifican las reuniones académicas (con distintas denominaciones) en el campo educativo. Las hay de todos tipos, desde el masivo congreso nacional organizado por el Consejo Mexicano de Investigación Educativa, en sedes itinerantes, hasta otros más acotados en temáticas o ámbitos de influencia geográfica.

No soy tan habitual, así que no puedo calificar su calidad, pero sí llamo la atención sobre una variante, de los menos respetados, y que han sido alentados por las políticas que premian la productividad individual de los profesores con incrementos salariales selectivos.

Intentaré explicarlo breve. Una constancia como ponente tiene más valor según el estatus del congreso; ergo: los internacionales tiene valor superior a los nacionales, y estos a los estatales. Siendo tan clara la directiva, entonces, la tarea es organizar congresos internacionales, aunque nada más asista un ponente extranjero y tres de estados vecinos. No importa. Cuenta el nombre, y que así quedé consignado en papel.

¿Y los asistentes? Pues alumnos, ¡quién ha de ser! Son clientes cautivos de lo que sapientísimos profesores consideran relevante, porque es nuestra materia, nos gusta o está de moda.

Difícilmente estos congresos tienen la calidad suficiente como para repetirlos y llenarlos con inscripción libre. Difícilmente tienen la calidad como para recordarlos dos meses, tres semanas, tres días después. Difícilmente.

Estos múltiples congresos, muchos de ellos financiado con recursos públicos, son otra expresión de la despreciada calidad de la educación, de su falta de rigor o de la falta de prestigio ante otras profesiones o campos científicos. Pero qué se le va a hacer. Así ha sido, así es y nada indica que pueda cambiar.