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2 DE OCTUBRE NO SE OLVIDA. ¿Y LUEGO?

2-octubre2 de octubre no se olvida. 2 de octubre no se olvida. 2 de octubre no se olvida.

Nos hemos acostumbrado a escucharlo, leerlo, escribirlo, gritarlo, cantarlo. ¿Ha servido de algo? ¿Además de usarlo en manifestaciones, en artículos, en pancartas, tuvo un sentido? ¿Tiene alguna repercusión, más allá de conservar la memoria?

Me parece que ya no es suficiente. Que no basta solo recordarlo.

A diferencia de otros países, como Argentina, donde los responsables de la dictadura de Videla, es decir, de la muerte y desaparición de miles de personas han sido y son juzgados, condenados en juicios públicos ejemplares, en México los responsables, los culpables de crímenes atroces, como el del 2 de octubre de 1968, pasan de largo y siguen su vida sin demasiadas tribulaciones públicas, hasta que llega la hora de su muerte, sin juicios, sin castigos.

2 de octubre no se olvida es también un mea culpa que el país no puede seguir cantando sin dar un paso más en la dirección de la justicia y el nunca más.

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MUNDOS PARALELOS

Este mediodía, camino a casa, con mi hijo al lado, escuchaba el mensaje del gobernador. Fueron pocos minutos. Cosas maravillosas para el estado (y con repercusiones para México). Entre escuchar a mi hijo en su feliz historia del día y al gobernador, llegamos al crucero del tercer anillo para tomar la avenida Ayuntamiento. Un par de vendedores entre los autos y el camellón me distrajeron. En una cartulina rosa, pegada a la caja de sus mercancías se leía: “Zarzamoras 10 pesos. Para pagar mis estudios”. Quise tomarle una foto. Mala idea. Guardé mi teléfono. Pensé que faltaba al respeto. Saqué una moneda y llamé al que estaba más cerca. Joven de 20 años, vestido distinto a los vendedores habituales en las esquinas. Le pedí una cajita de zarzamoras y crucé unas palabras con él. Estudia arquitectura en el Tec de Colima, me respondió. Maldije mi suerte: encontré a uno de esos poquitos que no tuvieron la fortuna de vivir en el otro Colima, el de la bonanza, los progresos, las buenas cuentas. Apagué el radio.

¿CABECITAS LOCAS O CABECITAS CONFUNDIDAS?

¿Qué sucede con nosotros a fuerza de hacer del “Me gusta” en Facebook una herramienta tan cotidiana como lo fue en otros tiempos un cuaderno, un lápiz, la calculadora, una máquina de escribir?

¿Es inevitable el automatismo a que nos conduce la repetición incesante?

Ayer por la tarde, poco antes de subir la página de mi Diario, recibí un mensaje que me transcribía la nota de un medio que se autoproclama informativo y de análisis político. Con cierta prolijidad describía un hecho acaecido en Tecomán (Colima) poco menos de dos horas antes, con una abundancia inusual en estos casos, en tan corto lapso.

La noticia era la muerte de un estudiante golpeado salvajemente por sus compañeros preparatorianos, mismos que, según la nota, ya habían sido detenidos. Lo creí y me conmocionó. Escribí sobre ello y poco antes de publicarlo, una advertencia me detuvo: ¿y si es falso?

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MAFALDA

Mafalda cumple hoy 51 años de haber aparecido por primera vez en una revista con motivos comerciales, lejos de imaginar su creador, Quino, la vitalidad que les aguardaba.

De su historia se ha dicho y escrito suficiente. No agregaré una línea desconocida, ni una palabra siquiera.

Me detuve en la emblemática fecha para compartir la alegría del aniversario, de tener la suerte de seguirla leyendo porque a los viejos y jóvenes de entonces, a los viejos y menos viejos de hoy, a los más jóvenes, y hasta niños, nos sigue sorprendiendo y divirtiendo con su agudo ingenio y su ingenuidad curiosa.

Mafalda es nombre propio, privilegiado en la historia no solo de la caricatura. Es parte del museo más entrañable de un país que no tiene fronteras ni banderas.

CARICATURA DE INFORME

Recibo con bastante escepticismo los números grandilocuentes de los informes gubernamentales. A veces los cuestiono, a veces me río de las mentiras que se dicen (y muchos, muchísimos aplauden).

Aunque no son lo más divertido, mucho menos excitante, por obligaciones académicas he leído informes gubernamentales las dos décadas recientes. No todos, ni completos, confieso, sólo las partes referidas a educación, mi materia de interés.

Los informes, por principio, no creo que resulten emocionantes más allá de la familia del gobernante, algunos miembros muy cercanos al círculo familiar y el séquito bien probado de lamezuelas; de los últimos tengo dudas. Fuera de ello, la gente, el pueblo, no creo que sienta demasiado entusiasmo, menos cuando los males sociales agobian: ¿por qué habrían de sentirlo, cuando los bolsillos siguen míseros, los empleos escasos y pululantes los kioscos y oxxos como modelos del éxito empresarial?

A mí, personalmente, me gustarían otro tipo de informes, más austeros, más cortos, menos demagógicos, menos mentirosos, más cargados de realidad. Como para que, con tres dedos de frente, cualquiera pueda desinteresadamente aplaudirlos o por lo menos creer que allí no hay pura política ficción.

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