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LA INSOPORTABLE RELATIVIDAD DEL TIEMPO

Introito

Esta historia es ficticia en sus detalles. Tal como se narra no ocurrió, pero pudo suceder. Sus generalidades son comunes, desgraciadamente reales y evidencia de nuestra funesta cultura burocrática.

Nadie debe ponerse el saco. No está pintada con un rostro particular, además, en Colima y en esta época del año (bueno, en todas), el saco es tan extraño como la nieve en Tecomán o el huracán Carlos en Manzanillo.

 

Historia mínima

Dispuesto a resolver mi problema, hago una pausa en la jornada. Tomo el teléfono y llamo de nuevo. Es mediodía. Al otro lado una voz agradable responde. Ya me resulta familiar, después de tres o cuatro intentos.

-¿El licenciado Fermín ya está por ahí? Le pregunto, para dejarle en claro que sé que no estaba.

-No, fíjese que no llega todavía.

Instintivamente miro de nuevo el reloj en mi mano derecha.

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DERECHO AL ABURRIMIENTO

Mi jornada semanal será intensa, preludio de otra más complicado. Así comenzó el lunes, así continuará. Desafiante. Preparo ahora un curso y en ello me concentro la mayor parte del día, con breves pausas para otras actividades y despejar la papelera mental. En una de esas, hoy leí un artículo de El País, a propósito de los beneficios del aburrimiento, entre otros, no hacer nada, lo que da paso a la reflexión, al silencio, al diálogo con uno mismo, tan necesario como atemorizante en sociedades habituadas al escándalo.

La lectura sobre el aburrimiento y sus beneficios me remitió a aquel extraordinario texto de siete minutos que leyó Eduardo Galeano en un canal de televisión española, sobre el derecho al delirio. No hay comparaciones, quede claro; pero la reminiscencia fue automática.

El aburrimiento podría ser elevado a la condición de derecho, especialmente para hacerse efectivo, obligatorio, por qué no, entre los más pequeños de ciertas condiciones, que fuera de los videojuegos, la televisión, la computadora o un nuevo juguete poco encuentran divertido; y entre los adolescentes, cambian algunas distracciones, para sumar otras, como las drogas, el alcohol o la violencia. Y todos, o casi todos, sólo encuentran diversión en la fugacidad, la espectacularidad, la velocidad.

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NOMÁS POR CURIOSIDAD

Mediodía en Colima. A esta hora se difunde la información del conteo de votos de Jorge Luis Preciado e Ignacio Peralta. 506 votos más dan el triunfo al priista. Se cierra una etapa y vendrán otras, supongo, pues los panistas con su marcha desde Manzanillo demuestran que no terminará el litigio legal y político.

Con el resto de las posiciones en disputa ya definidas, me surgen preguntas cuyas respuestas tendrían que ser parte de nuestra cultura democrática: transparencia en serio, justicia sin colores de por medio, responsabilidad de los partidos y candidatos y, sobre todo, determinación en la ciudadanía. Del arbitraje, esta vez, vino la sombra más funesta. Lamentable que se confunda ciudadanización con improvisación o liviandad.

A esta hora, con capítulos por escribirse, ya se obtuvieron muchas lecciones, especialmente de los candidatos (y candidatas) derrotados. Juzgar a los votantes a la ligera, como hizo un político de la cúpula priista, solo desprestigia más a los jueces. Decir que perdieron los inteligentes y ganaron los tontos, en caricaturizada fórmula, no ayuda a entender el mensaje de la ciudadanía. Una ciudadanía que, también hay que decirlo, confunde por las veleidades, pues vota de forma inexplicable a candidatos de probada ineficacia, vocación demagógica y desprecio a la opinión ciudadana, mientras bota opciones frescas y alentadoras.

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DESMONTAR EL SENTIDO COMÚN

En diez días estaré en Sonora para impartir un curso a profesores de la Universidad de ese estado. Del curso y detalles no abundaré; no es mi intención. Solo diré que es un desafío y así lo estoy planeado, así me estoy preparando, para promover un ejercicio reflexivo dirigido a preguntarnos por la relevancia de lo que estamos haciendo, y la posibilidad de mejorarlo más allá de las reformas, las grandes decisiones y las buenas o malas administraciones.

Las lecturas que realizo para preparar materiales y ejercicios grupales me proporcionan múltiples motivos para reflexionar. Ahora dos ideas rondan desde muy temprano. La primera, en síntesis: en su nacimiento, se pretendía que las tutorías fueran un instrumento para combatir el gravísimo problema de la “deserción” escolar en las instituciones de educación superior. Entre paréntesis: deserción es un término que no admito sin discusiones urgentes y precisiones desmitificadoras; prefiero otros términos, como abandono o fracaso escolar. El punto es que las tutorías no cumplieron esa expectativa por muchas razones, entre ellas, la que quiero debatir, porque para los profesores universitarios el fracaso escolar o el abandono de la escuela son tan naturales como la hora del receso, los exámenes o las calificaciones.

La segunda idea es que los profesores, pero sobre todo, las instituciones, quienes elaboran y deciden las políticas que regulan el trabajo académico, parten de un falso supuesto en la elaboración de los proyectos curriculares: que los estudiantes entrarán corriendo a las aulas, deseosos de aprender lo que unos profesores muy capaces van a enseñarles. La realidad, lamentablemente, corren en otros circuitos.

Estas, y más ideas, alimentarán las sesiones que propondré a los colegas de la Unison. Sigo en ello, con paréntesis para sentarme frente a la tele a ver el partido de Argentina en la Copa América.

CRÓNICA DE UN INFELIZ DESLIZ (EN CLAVE DE TWITTER)

Esta es la personal historia, entrecortada y en menos de 140 caracteres, de un infeliz desliz. Ocurrió en mi tierra, Colima.

Fue el día más infeliz de una mujer que se llama, curioso, Felícitas.

Dice el viejo refrán que los peces mueren por la boca. También los políticos. Y las autoridades electorales.

La presidenta, cuyo nombre ya no voy a mencionar, quiso ganar la gloria: obtuvo participación en «las mangas del chaleco».

Más vale un voto en acta, que cientos en boca de presidenta.

Con la filosofía de la Chimoltrufia, como dice una cosa, dice otra.

La conducta de la presidenta del órgano electoral en Colima es todo, menos feliz.

El comunicado desfacedor de entuertos sería destrozado en una carrera de lingüística por su incalificable calidad.

Lo que dicen los memes en redes sociales: Confirma el IMSS que bajó el azúcar a medio Colima.

El comportamiento de la susodicha es absolutamente congruente con su conducta incoherente, desorientada.

Hace tiempo lo escribí: no, pobrecita la presidenta Valladares no; pobres de nosotros, en sus manos. He aquí los resultados.

Lamento no haber estado equivocado.

Pero hay que reconocer una cosa: la presidenta pudo decir que luego de contar bien, ganaba Locho, o el general.

La presidenta Valladares no se equivocó: erraron quienes le dieron tremenda responsabilidad.